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¡Traición y negación!
(2026-03-31) Fundación Amén Comunicaciones
REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 13, 21-33, 36-38
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: del libro de Isaías 49, 1-6.
Escúchenme, islas; atiendan, pueblos lejanos: estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su bolsa y me dijo: Tú eres mi esclavo Israel, de quien estoy orgulloso. Mientras yo pensaba: En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas, en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajera a Jacob, para que le reuniera a Israel, tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza, es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 71(70), 1-2.3-4a.5-6ab.15ab y 17(R. 16b)
Mi boca contará tu auxilio.
A Ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre.
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído y sálvame.
Mi boca contará tu auxilio.
Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa.
Mi boca contará tu auxilio.
Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza,
Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno Tú me sostenías.
Mi boca contará tu auxilio.
Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas.
Mi boca contará tu auxilio.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 13, 21-33, 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: Les aseguro que uno de vosotros me va a entregar. Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecha. Simón Pedro le hizo señas para que averiguara por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó, Señor: ¿quién es?
Le contestó Jesús: Aquél a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: Lo que tienes que hacer hazlo en seguida. Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Simón Pedro le dijo: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde. Pedro replicó: Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti. Jesús le contestó: ¿Con qué darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
¡El diablo entra por el bolsillo!
(2026-03-30) Fundación Amén Comunicaciones
REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 12, 1-11
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Isaías 42, 1-7
Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas. Esto dice el Señor, Dios, que crea y despliega los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, da el respiro al pueblo que habita y el aliento a quienes caminan por ella: Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 27(26), 1.2.3.13-14
El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación.
Cuando me asalten los malvados para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
El Señor es mi luz y mi salvación.
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.
El Señor es mi luz y mi salvación.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
El Señor es mi luz y mi salvación.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 12, 1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres. Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando. Jesús dijo: Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tienen. Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
¡Domingo de Ramos!
(2026-03-29) Fundación Amén Comunicaciones
REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Mateo 26, 14-27, 66
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Isaías 50, 4-7
El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos. El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 22(21), 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 (R. 2a)
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere».
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.
Pero Tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que temen al Señor, alábenlo;
linaje de Jacob, glorifíquenlo; témanlo, linaje de Israel».
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Segunda Lectura: de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11
Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Evangelio de Hoy
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14-27, 66
C (Cronista): En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
S (Otros personajes): «¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?».
C: Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
C: El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».
C: Él contestó:
† (Jesús): «Vayan a la ciudad, a casa de quien ustedes saben, y díganle: “El Maestro dice: Mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
C: Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C: Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
†: «En verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar».
C: Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
S: «¿Soy yo acaso, Señor?».
C: Él respondió:
†: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de Él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
C: Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S: «¿Soy yo acaso, Maestro?».
C: Él respondió:
†: «Tú lo has dicho».
C: Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo:
†: «Tomen, coman: esto es mi Cuerpo».
C: Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:
†: «Beban todos; porque esta es mi Sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y les digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre».
C: Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.
C: Entonces Jesús les dijo:
†: «Esta noche se van a escandalizar todos por mi causa, porque está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de ustedes a Galilea».
C: Pedro replicó:
S: «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».
C: Jesús le dijo:
†: «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».
C: Pedro le replicó:
S: «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
C: Y lo mismo decían los demás discípulos.
C: Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:
†: «Siéntense aquí, mientras voy allá a orar».
C: Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:
†: «Mi alma está triste hasta la muerte; quédense aquí y velen conmigo».
C: Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
†: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres Tú».
C: Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
†: «¿No han podido velar una hora conmigo? Velen y oren para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
C: De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
†: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu Voluntad».
C: Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:
†: «Ya pueden dormir y descansar. Miren, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
C: Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:
S: «Al que yo bese, ese es: préndanlo».
C: Después se acercó a Jesús y le dijo:
S: «¡Salve, Maestro!».
C: Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
†: «Amigo, ¿a qué vienes?».
C: Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con Él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:
†: «Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? El me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?».
C: Entonces dijo Jesús a la gente:
†: «¿Han salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas».
C: En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
C: Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:
S: «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
C: El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
C: Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S: «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
C: Jesús le respondió:
†: «Tú lo has dicho. Más aún, yo les digo: desde ahora verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo».
C: Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
S: «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acaban de oír la blasfemia. ¿Qué deciden?».
C: Y ellos contestaron:
S: «Es reo de muerte».
C: Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:
S: «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».
C: Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:
S: «También tú estabas con Jesús el Galileo».
C: Él lo negó delante de todos diciendo:
S: «No sé qué quieres decir».
C: Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S: «Este estaba con Jesús el Nazareno».
C: Otra vez negó él con juramento:
S: «No conozco a ese hombre».
C: Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S: «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata».
C: Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
S: «No conozco a ese hombre».
C: Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y, saliendo, lloró amargamente.
C: Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
C: Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:
S: «He pecado entregando sangre inocente».
C: Pero ellos dijeron:
S: «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».
C: Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron:
S: «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre».
C: Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».
C: Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S: «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C: Jesús respondió:
†: «Tú lo dices».
C: Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S: «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».
C: Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:
S: «¿A quién quieren que les suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».
C: Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
S: «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».
C: Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:
S: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?».
C: Ellos dijeron:
S: «A Barrabás».
C: Pilato les preguntó:
S: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?».
C: Contestaron todos:
S: «Sea crucificado».
C: Pilato insistió:
S: «Pues, ¿qué mal ha hecho?».
C: Pero ellos gritaban más fuerte:
S: «¡Sea crucificado!».
C: Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:
S: «Soy inocente de esta sangre. ¡Haya ustedes!».
C: Todo el pueblo contestó:
S: «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».
C: Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
C: Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de Él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante Él la rodilla, se burlaban de Él diciendo:
S: «¡Salve, rey de los judíos!».
C: Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
C: Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; Él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con Él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
C: Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:
S: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».
C: Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:
S: «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”».
C: De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con Él lo insultaban.
C: Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente:
†: «¿Elí, Elí, lemá sabaqtaní?».
C: (Es decir:
†: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C: Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
S: «Está llamando a Elías».
C: Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían:
S: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo».
C: Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
C: Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S: «Verdaderamente este era Hijo de Dios».
C: Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
José puso en su sepulcro nuevo el Cuerpo de Jesús
C: Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el Cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el Cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
C: A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S: «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: “A los tres días resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».
C: Pilato contestó:
S: «Ahí tienen la guardia: vayan ustedes y aseguren la vigilancia como saben».
C: Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
¡El misterioso proyecto de Dios!
(2026-03-28) Fundación Amén Comunicaciones
REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 11, 45-57
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Ez 37,21-28:
Los haré un solo pueblo.
Así dice el Señor:
«Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar.
Los haré un solo pueblo en su país, en los montes de Israel, y un solo rey reinará sobre todos ellos.
No volverán a ser dos naciones ni a desmembrarse en dos monarquías.
No volverán a contaminarse con sus ídolos y fetiches y con todos sus crímenes
Los libraré de sus pecados y prevaricaciones, los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos.
Caminarán según mis mandatos y cumplirán mis preceptos, poniéndolos por obra.
Habitarán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, en la que habitaron vuestros padres; allí vivirán para siempre, ellos y sus hijos y sus nietos; y mi siervo David será su príncipe para siempre.
Haré con ellos una alianza de paz, alianza eterna pactaré con ellos.
Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
Y sabrán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté entre ellos mi santuario para siempre.»
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Jr 31, 10.11-12ab.13 (R. cf. Sal 133[132],1
El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño.»
El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor.
El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas.
El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 11, 45-57: Para reunir a los hijos de Dios dispersos.
En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
– «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.»
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
– «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.»
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
– «¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?»
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
¡Blasfemias de hoy!
(2026-03-27) Fundación Amén Comunicaciones
REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 10, 31-42
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Jr 20, 10-13:
El Señor está conmigo, como fuerte soldado.
Oía el cuchicheo de la gente:
«Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo.»
Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.»
Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo.
Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 18(17), 2-3a.3bc-4.5-6.7:
En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.
En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte.
En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó.
En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos.
En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Jn 10, 31-42:
Intentaron detenerlo, pero se les escabulló de las manos.
En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó:
– «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»
Los judíos le contestaron:
– «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.»
Jesús les replicó:
– «¿No está escrito en vuestra ley: «Yo os digo: Sois dioses»? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.»
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes habla bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían:
– «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.»
Y muchos creyeron en él allí.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.