Fundación Amén Comunicaciones2025-11-132025-11-132025-11-11https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1130https://drive.google.com/file/d/1moc8e-vclZGtUdJC-b6yI5i332NYZruN/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡La vida del justo está en las manos de Dios! Sin lugar a dudas, una de las más hermosas páginas de todo el Antiguo Testamento sobre el misterio de la muerte y lo que espera a los hombres justos más allá de ella, la trae este capítulo 2 del Libro de la Sabiduría. De alguna manera, anticipando lo que será el centro de la fe de todo creyente, la Resurrección de Cristo que nos garantiza y nos llena de esperanza y alegría. Porque la muerte, el mayor poder del mal sobre esta tierra, ha sido vencida en la Resurrección de Cristo y en Él la muerte no es el final de nada, sino el comienzo de todo, de la vida verdadera en Dios. Pero ¿qué nos dice este primer Libro de la Sabiduría? Lanza de manera tajante esta afirmación: “Dios ha creado al hombre para la eternidad, para la inmortalidad, para la incorruptibilidad. Y lo hizo a imagen de su propio ser”. Pero hará una aclaración “por envidia del diablo (y lo dice así de manera tajante) por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan todos los de su bando, los que se entregan al maligno”. Hoy reconoce esta verdad suprema, Dios, a ti y a mí, por amor, nos ha creado para la eternidad, no para que muramos, sino para la eternidad. Pero por envidia, por rabia, por celos de la desgracia de satanás y la gracia y la fortuna del hombre redimido en Cristo el pecado ha entrado en el mundo, y con el pecado la muerte. Y como dirá el apóstol Pablo: “El salario del pecado es la muerte”. Una muerte que experimentamos interiormente como ruptura con los demás, como tristeza y abatimiento interior, como crisis de sentido de vida, como una nostalgia de eternidad, sin saber ubicar exactamente qué hay en nosotros, como una silenciosa insatisfacción y desencanto de esta vida que el mundo y su propaganda nos ha querido mostrar como lo máximo que podemos alcanzar. Cuando el mundo es finito, engañoso y al final nos deja insatisfechos. Pero continuará la reflexión de la primera lectura del Libro de la Sabiduría, cuando afirmará “que la vida del hombre justo, del hombre recto, está en manos de Dios, y ningún tormento, ningún sufrimiento, lo alcanzará de manera definitiva. Aunque los hombres insensatos de manera equivocada pensaban que el hombre justo había muerto y con él sus buenas obras, y consideraban su muerte como una desgracia y una salida del mundo una ruina”. El Libro de la Sabiduría aclarará “que el hombre justo más allá de su muerte está en paz”. Y podría agregar, “está en la serena paz de Dios”. Pero avanza en su reflexión este texto precioso de Sabiduría, capítulo 2, versículos 23 y siguientes, cuando dice: “Aunque la gente, en su opinión común, pensaba que el justo cumplía una pena, la esperanza del justo está llena de inmortalidad y aunque en vida sufrió pequeños castigos, recibirá grandes bienes. Porque Dios en esta vida terrenal lo puso a prueba y lo halló digno de Él, de Dios. Lo probó y lo purificó como el oro se prueba y se purifica en el crisol del fuego, y los aceptó como sacrificio de holocausto”. ¿Acaso esta expresión que te acabo de leer no es la vida de los santos que sufrieron, batallaron, fueron perseguidos, señalados, calumniados, incomprendidos, pero al final triunfaron? ¿Y a veces hombres de Iglesia en su generación los persiguió? Será la misma Iglesia en el futuro quien los exalta, los reconoce, los reivindica y muestra la grandeza y la santidad de sus vidas. Prácticamente es el testimonio de todos los santos, pero también es el ejemplo y el testimonio de ancestros y antepasados nuestros, abuelos y padres rectos, justos y santos que vivieron mil pruebas. Pero por este texto y por la fe que suscita en nosotros y la promesa de inmortalidad que hay en él, sabemos que nuestros seres amados no han muerto para siempre, sino que aguardan la gloria definitiva con Dios. Concluirá finalmente el texto precioso de esta primera lectura “que, en el día del Juicio Final, los hombres y mujeres justos y buenos, rectos en el obrar, que vivieron con fe, esperanza y amor, resplandecerán y se propagarán como chispas en un cañaveral seco. Gobernarán naciones, someterán pueblos. El Señor Dios reinará sobre ellos eternamente, y sólo los que confían en Dios comprenderán la verdad, y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado. Porque la gracia y la misericordia de Dios son precisamente para sus elegidos”. Hoy tú y yo estamos a tiempo, o vivimos para la vanagloria del mundo, o vivimos para la verdadera gloria con Dios. Tú decides, la vana y falsa gloria del mundo, pasajera, efímera y aparente; o la verdadera, eterna y cierta gloria de los hijos de Dios. Con razón el salmo afirmará: “Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Mi alma se gloría en el Señor. Que los humildes lo escuchen y se acerquen a Él”. Pero pasemos al evangelio de san Lucas en el capítulo 17, cuando nos muestra la verdad suprema “de que el creyente se halla siempre en este mundo, de alguna manera tiene la condición de batallar en su corazón entre creer y no creer. Y cuando cree, entiende que la actitud fundamental en la vida es la del servicio a los demás. Un servicio humilde, constante, sin cansarse; un servicio atento, minucioso hasta el detalle. Un servicio cumplido con esmero que le da una conciencia tranquila del deber cumplido, sin esperar, ni menos exigir recompensa”, que era muy propio de la mentalidad de los fariseos. De hecho, al final concluirá el evangelio de hoy señalando “como cuándo hemos cumplido nuestra misión en la vida, cuando por la fe, la esperanza y el amor hemos servido a los demás podremos decir, somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Y esta expresión magnífica me recuerda una anécdota de san Juan Pablo II, el Grande, cuando llevaba 15 años de pontificado. Algún periodista lo entrevistó y le dijo “usted es el atleta de Dios. Ha visitado (para ese momento) más de 80 países. Es un hombre reconocido mundialmente. Ha reunido multitudes de 6 millones de personas en Manila, Filipinas, en Ciudad de México, lo que no haría un Rockstar de nuestro tiempo, pero usted lo ha hecho. Es un hombre visitado por todos los jefes de Estado del mundo entero en Ciudad del Vaticano. Ha cumplido su tarea. Es líder entre los jóvenes. Ha promovido Jornadas Mundiales de la Juventud. ¿Qué tiene que decir sobre esto?” Y Juan Pablo II, citando este texto de Lucas, capítulo 17, versículo 10, dirá: “Somos siervos inútiles de Dios, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Hoy te invito para que no estés buscando de alguna manera recompensa a tus buenas acciones. Entiende que el Señor te ha dado gratuitamente dones, carismas, talentos y que gratuitamente debes de ponerlos al servicio de la comunidad esponsal, matrimonial, de la comunidad familiar, de la comunidad eclesial, la comunidad cristiana. Tú y yo no podemos hacer las cosas esperando siempre recompensa. Dios nos dará en esta vida de la manera que Él quiera, de la manera que Él considere, cómo lo considere y en el tiempo que lo considere. Y nos dará la vida eterna. Recuerda la famosa expresión “quien relativiza padre, madre, esposa, esposo, hijos, hermanos; quien relativiza los bienes materiales. Quien se relativiza a sí mismo y toma su cruz. Recibirá 100 veces más en esta tierra con persecuciones; pero, además, la vida eterna con Dios”. Hoy no te equivoques, créeme que el Señor toda obra buena que tú hayas hecho, mientras más silenciosa, más preciosa a los ojos de Dios. No estemos publicitando, presumiendo, alardeando de las obras de caridad que hacemos, del bien que prodigamos a otros. Porque ya tendremos el aplauso y el reconocimiento humano y perderemos el reconocimiento y el premio de Dios. Haz todo con tal discreción, con tal prudencia, para que no te paguen los hombres en esta tierra; sino que te pague Dios en las moradas celestiales. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 17, 7-10 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Sabiduría 2, 23 – 3,9: La gente insensata pensaba que morían, pero ellos están en paz. Dios creó al hombre incorruptible, le hizo imagen de su misma naturaleza. Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen. En cambio, la vida de los justos está en manos de Dios y no los tocará el tormento. La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que eran castigados pero ellos esperaban seguros la inmortalidad. Sufrieron un poco; recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí: los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto. El día de la cuenta resplandecerán ellos como chispas que prenden por un cañaveral. Gobernarán naciones, someterán pueblos, y su Señor reinará eternamente. Los que en él confían conocerán la verdad y los fieles permanecerán con él en el amor, porque sus elegidos encontrarán gracia y misericordia. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal 34(33), 2-3.16-17.18-19 (R. 2a) Bendigo al Señor en todo momento. Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. Bendigo al Señor en todo momento. Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos pero el Señor se enfrenta con los malhechores para borrar de la tierra su memoria. Bendigo al Señor en todo momento. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Bendigo al Señor en todo momento. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 17, 7-10: Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer. En aquel tiempo, dijo el Señor: Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «Enseguida, ven y ponte a la mesa?» ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.» Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.Estar en pazJusticiaMuerteObrar con sensatezPazSan LucasSufrimientoBibliaEvangelio¡La vida del justo está en las manos de Dios!Hombre justo