Fundación Amén Comunicaciones2025-09-082025-09-082025-08-09http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/1023https://drive.google.com/file/d/1QTZtkRdzp6mPXSHCt1Mni61e_RzFGhtx/view?usp=drive_linkREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO ¡Creo en Dios pero dudo! La locución “escucha Israel”, que nos trae el capítulo 6 del Libro del Deuteronomio, es típica en el modo de hablar del predicador deuteronómico. Aquí nos introduce la fórmula y del nombre la principal oración judía en todas las edades, el famoso Shemá, integrada por este pasaje del Deuteronomio y también por Deuteronomio capítulo 11 y Números capítulo 15. Este pasaje que ahora leemos no es simplemente predicación, sino proclamación. Es una profesión de fe en el Dios único y una afirmación del precepto de amarlo. Un precepto que se debe de grabar profundamente en el presente y transmitirlo de manera verbal e incondicional en el futuro a las nuevas generaciones. En efecto, dirá el Libro del Deuteronomio, Moisés hablando a su pueblo: “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás pues al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón. Se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado. Las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal. Las escribirás en las jambas y dinteles de tu casa y en tus portales”. Y tal vez hemos visto en los judíos más ortodoxos, una pequeña cajita colocada en la frente o atada en su brazo. Y contiene precisamente esta proclamación de la fe monoteísta y el amor personal e inquebrantable a Dios, que sólo ha sido amor por nosotros. Con razón el bellísimo y expresivo salmo que hoy nos propone la liturgia de la Iglesia. Decimos: “Yo te amo, Señor, Tú eres mi fortaleza. Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, roca mía, refugio mío, escudo mío, fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. Viva el Señor, bendita sea mi roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Tu diste gran victoria a tu rey. Tuviste misericordia de tu ungido”. Precioso salmo del que podemos hacer proclamación de fe y de amor en momentos de oración personal. Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado del capítulo 17 de san Mateo. Cuando un hombre con humildad y confianza, postrado de rodillas ante Jesús, clama compasión para su hijo, que él define como lunático y sufre mucho. Y en medio de sus ataques, probablemente epilépticos, ha caído en el fuego o en el agua. Dirá el hombre a Jesús: “He traído a mi hijo enfermo a presencia de tus discípulos, pues no han sido capaces de curarlo”. Jesús le dirá al hombre y de paso a los discípulos: “Generación incrédula, ¿hasta cuándo estaré con ustedes?, tráiganme al enfermo”. Jesús, cuando le traen el muchacho lunático increpa al espíritu del mal, sale del joven y en ese momento nos dice: “Queda curado”. Los discípulos, sorprendidos, le preguntan, ¿por qué nosotros no pudimos liberar del mal de la enfermedad a este muchacho? Y Jesús les contesta: “Por su poca fe”. Y concluirá diciendo: “En verdad les digo que si tuvieran fe tan pequeña como un grano de mostaza (que era la semilla más pequeña conocida en tiempos de Jesús), le dirían a una montaña trasládate desde aquí hasta este otro lugar y se trasladaría”. Y concluirá Jesús: “Que cuando hay fe nada es imposible”. Hoy nos preguntamos, ¿por qué hay tan pocos milagros?, hoy nos preguntamos, ¿por qué hoy es tan difícil la conversión en un ser humano, una conversión profunda de una vida moralmente desordenada, de adicciones y vicios? Y yo te diré simplemente que nuestro tiempo está marcado por una debilidad, una crisis en la fe que se manifiesta porque hay dudas, no hay la confianza o la certeza absoluta en el amor de Dios. Se manifiesta esa crisis de fe, además de la duda por la ausencia de Dios en nuestro corazón, porque no hay diálogo, no hay oración, no se come la Eucaristía cada día, porque no entramos en comunión de vida, de fe y de amor con Jesús. Hay también debilidad o crisis en la fe por desesperanza o desánimo, porque vemos el avance del mal, las guerras, la violencia, olvidando que Dios conduce los destinos del mundo y de la humanidad, respetando plenamente nuestra libertad. Hay crisis de fe cuando sentimos que, ante los primeros esfuerzos por cambiar la realidad y nuestra impotencia de no poder hacerlo, nuestra fe se desanima y dejamos de orar con constancia, confianza y humildad al Señor que todo lo puede. A veces también pienso que hay crisis o debilidad en la fe por un malentendido, resentimiento frente a Dios del cual le decimos tú no me ayudaste en esta situación, permitiste la quiebra de la empresa, la muerte de un hijo, esta enfermedad, y nos resentimos inconsciente y absurdamente contra Dios. También te diré que hay crisis de fe o debilidad en ella, cuando hay confusión por otras doctrinas de moda que siempre han existido, doctrinas de espiritualidades orientales, doctrinas de la nueva era, doctrinas esotéricas, doctrinas de la masonería, doctrinas de moda, culturales donde damos importancia y endiosamos "La Pachamama", “la madre naturaleza” y nos volvemos tontos. El problema no es que la gente hoy no crea en Dios, el problema es que cuando no se cree en el Dios verdadero terminamos creyendo en cualquier tontería: herraduras, terrones de tierra, penca sábila, bebedizos, hierbas ancestrales indígenas como el yagé. Cuanta confusión hay hoy en los hombres por modas que van y vienen. Finalmente podría decir que hay crisis y debilidad en la fe por nuestra superficialidad, en la búsqueda de Dios, porque no somos capaces en la cultura del ruido, de buscar con hondura y profundidad al Señor, en la oración, en una Eucaristía bien vivida, en la Palabra de Dios, reflexionada y escrutada, en la oración y en la visita a Jesús Sacramentado. La duda, la ausencia de Dios en el corazón, el desánimo, la impotencia frente a realidades que no podemos cambiar. Resentimientos ocultos frente a Dios, confusiones doctrinales y superficialidad en la fe nos llevan a la debilidad y a la crisis en la búsqueda del rostro del verdadero Dios. Concluyamos diciendo cuáles serían los verdaderos caminos para fortalecer la fe y para que Jesús no diga, como lo dijo de sus discípulos y de su generación “generación incrédula y perversa, de poca fe”. ¿Cuáles serían los caminos para fortalecer la fe?, te diré, te señalaré algunos. El primero, silencia tu corazón para que escuches la voz de Dios. Mientras haya tanto ruido en tu vida, las redes sociales, aparatos electrónicos y tecnológicos, tanta imaginación loca, tantos pensamientos y prejuicios, tantas controversias emocionales en tu mente y en tu corazón. Serás incapaz de silenciarte verdaderamente y de escuchar la suave voz de Dios que habla como la dulce y serena brisa de la tarde. Le habló así al profeta Elías. Silénciate, el silencio te hará bien. Apaga el televisor, apaga tu teléfono celular, apaga tu computadora, apaga el videojuego. Aprende a escucharte interiormente y aprende a escuchar en lo profundo de tu corazón la voz de Dios. Pero un segundo camino para nosotros fortalecer la fe, de alguna manera es saber permanecer y perseverar en las pruebas, tormentas y adversidades de la vida. No saltes de la barca cuando entra el agua, no abandones un proyecto cuando aparecen las primeras dificultades. La fe no es una carrera de velocidad, 100 metros. La fe es como la maratón en Grecia, 42 kilómetros recorridos, una carrera de resistencia donde tienes que calibrar tu respiración, conocer tu corazón, no dejar que tus músculos se aprieten, que te den calambres. Permanece y persevera en medio de la tormenta, en medio de la dificultad y de la prueba. Un tercer camino para fortalecer tu fe es orar al Señor, orar la Eucaristía, orar la Palabra, orar frente a Jesús en el sagrario, orar con humildad, perseverancia y una profunda confianza. La oración lo alcanza todo y la única oración ineficaz es aquella que no se hace. Pero en un cuarto camino para fortalecer tu fe, vive con humildad, reconócete una pequeña criatura. Deja tanta soberbia que es el gran obstáculo para que Dios entre en tu vida. Con humildad agradece todo lo que vives en tu vida, el sol mañanero, la capacidad de ver, escuchar, oler, saborear alimentos, la posibilidad de caminar, respirar. El funcionamiento de todos los órganos de tu cuerpo. Agradece también las pruebas y sufrimientos de la vida y ofrécelos como purificación por tus errores y pecados de la vida pasada. Finalmente, en un quinto camino para fortalecer la fe, reconócete amado por Dios. Sólo los amados aman. Sólo los fascinados fascinan. Sólo los seducidos seducen. Sólo los conquistados por el amor de Dios, son capaces de conquistar a otros por su fe fortalecida, encendida en ese fuego del amor primero. Silénciate, uno. Permanece y persevera, dos. Ora con humildad, tres. Agradece, cuatro. Y siéntete amado por el Señor, cinco. Y descubre, descubre que la fe todo lo puede, la fe todo lo alcanza. ¿Quieres salud?, ¿quieres paz en tu corazón?, ¿quieres una vida nueva y mejor? Créele a Jesús, cree en sus promesas, confíate totalmente a Él y verás en tu vida auténticas bendiciones, verdaderos milagros. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 17, 14-20 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro del DT 6, 4-13: Moisés habló al pueblo, diciendo: – «Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales. Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que juró a tus padres a Abrahán, Isaac y Jacob que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, comerás hasta hartarte. Pero, cuidado: no olvides al Señor que te sacó de Egipto, de la esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás, a él sólo servirás, sólo en su nombre jurarás.» Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (18)17, 2-3a.3bc-4.47.51ab: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu Ungido. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 17, 14-20: En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: -Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo. Jesús contestó: ¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: – ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? Les contestó: -Por vuestra poca fe. Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AmorAumentar la feAusencia de DiosCreerCruzDesanimoDesesperanzaDudasFalta de DiosFeSan MateoBibliaEvangelio¡Creo en Dios pero dudo!Crisis de fe