Fundación Amén Comunicaciones2024-02-152024-02-152024-02-14http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/278https://drive.google.com/file/d/1f8TZ9CSZMdYNsMaKPTM5wvSRPRmNE3E6/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Iniciamos con este Miércoles de Ceniza, una nueva Cuaresma en nuestra vida, 40 días donde se nos invita a partir de la Palabra de Dios meditada, del ejercicio de la ofrenda, la generosidad en la limosna a los demás y finalmente, de la oración al Señor que todo lo puede; se nos invita a convertir nuestra vida, ayunar del pecado, arrepentirnos de los errores y equívocos que han acompañado nuestra historia y nos han hecho sufrir tremendamente. De la profecía de Joel en la primera lectura, se nos invita a rasgar los corazones, más que las vestiduras exteriores y a convertirnos al Señor Dios: “Que es compasivo y misericordioso, lento, muy lento, a la cólera frente a nuestro pecado y rico en misericordia para el hombre, para la mujer que se arrepiente con sincero corazón”. Pero detengámonos un poco en el evangelio de san Mateo en el capítulo 6, que siempre se lee en este Miércoles de Ceniza, donde se nos habla de las tres relaciones esenciales que hay en la vida: la relación esencial con nosotros mismos, que debe de controlarse, el autodominio mediante el ayuno, la relación esencial con los demás, que debe también controlarse y tenerse con autodominio mediante la limosna y la relación esencial con Dios, que debe canalizarse a través de la oración. Es que un judío piadoso en tiempos de Jesús, ayunaba, daba limosna y oraba. Pero Jesús pide que esto no se haga buscando el aplauso y el reconocimiento de los demás, en una pura actitud vanidosa, llena de orgullo y de hipocresía; sino que se haga con sincero corazón. El ayuno, para nosotros refrenar un demonio que todos tenemos adentro y es el dios del placer, que mueve a muchas personas como meta última de la vida. El ayuno corporal combinado con oración, refrena muchas pasiones egoístas, que han acabado con matrimonios, familias, con vidas enteras; porque en el placer de la lujuria, en el placer de la ambición, en el placer de los sentidos, en el placer de la vanidad del mundo, hemos perdido el rumbo de nuestra existencia. Pero en esa segunda relación esencial, hay otro demonio interior que nos acompaña universalmente y es el deseo de acumular, de poseer, de tener, pensando que allí hay una seguridad definitiva para la vida. Aparecía hace algunas semanas en la prensa, una investigación realizada en los Estados Unidos, a propósito de la juventud millennials, aquellos entre 18 y 28 años, que decían que para ser felices, necesitaban por lo menos en los Estados Unidos de Norteamérica, requerían de salarios superiores a 500 mil dólares anuales, (esto es el doble de las expectativas que tenían otras generaciones), y el 60% de los entrevistados, pensaban que la felicidad de la vida y el sentido último de la existencia, está en el tener cosas, comprar cosas y llenarnos de cosas que ciertamente dan seguridad, tranquilidad, un poco de bienestar, pero son incapaces de darle sentido y plenitud a la vida. Frente a este fantasma o este demonio del acumular y la ambición de pensar que el dinero nos dará, la felicidad de la vida y es el dios de esta tierra, Jesús nos propone la generosidad de la limosna, la caridad con los demás, que implica desprendimiento de nuestra parte. Finalmente, en una tercera relación esencial, aparece otro demonio en la vida y ya no es el placer que se domina con el ayuno personal, ayuno del pecado, que ya no es el tener que se domina con la generosidad de la caridad, la donación, y el compartir en limosna con otros, sino que es el demonio del poder, sentirnos pequeños dioses, desconocer nuestro carácter de simples criaturas, que nacemos un día como la hierba de la mañana y morimos cualquier día como la hierba del atardecer. Y para esto Jesús nos propone la oración, entrar en nuestra habitación interior y combatir ese fantasma, ese deseo de querer dominar, de querer controlar, de darnos importancia, de tener preeminencia, poder, dominio sobre los demás. Tres idolatrías eternas: el placer, el tener y el poder; y tres remedios sabios y eternos que propone Jesús, frente al placer, el ayuno de alimento y del pecado, frente al acumular y el tener obsesivo, la limosna, el compartir, la generosidad; y frente al demonio del poder y el dominar, la oración que nos permite, descubrirnos simples criaturas, frágiles y limitadas y reconocer que no somos pequeños dioses. ¡Que equivocados estamos! Terminemos pidiéndole al Señor la humildad, para sabernos pecadores y con el salmo que la liturgia en este día nos propone, hagamos oración diciendo: “Misericordia Señor, hemos pecado, porque hemos sido engañados por el mundo. Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado; pues yo reconozco mis equivocaciones, mi culpa, tengo presente siempre mi engaño, mi pecado, contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad en tu presencia”. Y terminemos diciendo: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme, no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu Santo Espíritu”. Que el Señor, en este inicio de la Cuaresma, tiempo de una conversión profunda, no deje endurecer tu corazón, y que escuches la voz de Dios y te bendigo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 6, 1-6. 16-18 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para ser honrados por la gente; en verdad les digo, que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad les digo, que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará». Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.AyunoCaridadCaer en pecadoFragilidadOraciónPlacerPoderReconocerTenerVencer la tentaciónBibliaEvangelio¡Miércoles de ceniza: cambia tu vida!Miércoles de ceniza - tentacion