Fundación Amén Comunicaciones2024-04-192024-04-192023-06-15http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/451https://drive.google.com/file/d/1Bm4rsdKuiXkH1j5rUiPtcDuivndri-cu/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Justo antes del gran viernes del Sagrado Corazón de Jesús, y unos días después de la gran solemnidad del Corpus Christi, Sanguínis Christi, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, se nos presenta hoy la fiesta litúrgica de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Es impresionante, la profecía que nos trae Isaías en la primera lectura de hoy, tomada del capítulo 52, cuando literalmente afirmará el profeta, miren hablando de Jesús y de su futura pasión: “Mi siervo, el siervo de Dios tendrá éxito, subirá y crecerá mucho, como muchos se espantaron de Él porque desfigurado no parecía hombre ni tenía aspecto humano; así asombrará a muchos pueblos, ante Él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y comprender algo inaudito”. Luego afirmará el profeta: “Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un varón de dolores, acostumbrado a sufrimientos ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado”. Y continuará el profeta Isaías afirmando: Él, Cristo, sin mencionar su nombre, soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores, nosotros lo tuvimos por leproso, herido de Dios y humillado, pero Él fue traspasado por nuestras rebeliones”, (recordando la lanza del soldado romano que le abre su corazón); y dirá el profeta: “Fue triturado por nuestros crímenes, nuestro castigo saludable cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido curados”. Toda esta lectura de Isaías que tiene que hacerse en clave mística, que leemos precisamente durante la Semana Santa y en un día como hoy, en la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos hace reconocer el poder de Cristo como sacerdote, altar y víctima, que se ofrenda al Padre Dios por los pecados de la humanidad entera y por eso la fuerza redentora, la fuerza salvadora de su misión. Pero concretemos esto de una manera práctica, existencial y entendible para todos nosotros en la vida que hoy tenemos. Cristo, por su entrega en la cruz al Padre Dios, es el único que ha hecho posible que del mal salga y emerja el bien; esa es la fuerza redentora de la Cruz, es la fuerza redentora que conmemoramos en cada Eucaristía. Y de ahí el texto del evangelio de hoy, que nos muestra el deseo de Jesús de celebrar la Cena de Pascua con sus discípulos antes de padecer, donde toma la copa de vino y donde parte el pan, lo comparte y lo reparte con los suyos, y nos muestra que eso no fue solamente la última comida de su vida, sino la primera Eucaristía cristiana. Pero volvamos a lo que nos ocupa, sólo por Cristo ofrecido al Padre Dios, y nosotros cuando seguimos este camino y esta dinámica salvadora, podemos hacer que el mal humano se transforme en bien, que la oscuridad se haga luz, cuando sabemos ofrendarnos por fe y amor, y ofrendamos el sufrimiento de nuestra vida al Padre de los Cielos. Pero habría una segunda enseñanza, sólo en Cristo crucificado y ofrendado en el Gólgota, el mayor fracaso humano, el mayor dolor humano, la mayor injusticia humana la ¡crucifixión de un inocente!, se transforma en triunfo para la humanidad, en perdón de los pecados para todos los hombres, en salvación para el mundo entero. Que contradicción, que ironía, que paradoja, pero así es la lógica de Dios. Uno, el mal lo transforma en bien, dos, lo que parece la mayor injusticia humana y el mayor fracaso humano, se transforma en el mayor triunfo para la humanidad por el perdón de nuestros pecados y abrirnos a la vida eterna; y tres, entendemos que todos por el bautismo tenemos el sacerdocio común de los fieles, más allá del sacerdocio ministerial de algunos hombres especialmente elegidos, y allí descubramos, que tanto el fiel por su bautismo que tiene el sacerdocio común, o bien el consagrado por su ordenación sacerdotal; estamos llamados todos como Jesús a imitarlo, entregando cada día nuestra vida, y sólo así encontraremos la vida verdadera. Lo explicaré de otra manera, mientras el hombre del mundo, mientras el no creyente, el pagano, vive de los deleites y disfrutes de esta vida para al final simplemente morir, el hombre creyente, el hombre que sigue a Jesús, en esa tarea sacerdotal y de ofrenda personal, se entrega cada día en su sacrificio, en su trabajo, en su sufrimiento personal, y la ofrenda a Dios para ser ofrenda agradable junto con Cristo, y por allí encuentra el camino de la verdadera vida, la vida eterna, la vida divina en nosotros, la vida que supera la misma muerte. En ti está, ser un no creyente, un pagano, vivir de cualquier manera para al final simplemente morir, o ser un verdadero creyente y morir cada día a ti mismo entregándote, para eternamente, eternamente vivir con Dios. Que el Señor, nos ayude a hacer siempre su voluntad como dice el salmo responsorial que hoy nos propone la liturgia de la Iglesia; y te bendigo en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 22, 14-20 Lectura del día de hoy Lectura del libro de Isaías 52,13–53,12: Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 40 R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío, cuántos planes en favor nuestro; nadie se te puede comparar. Intento proclamarlas, decirlas, pero superan todo número. R/. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. R/. Entonces yo digo: Aquí estoy, como está escrito en mi libro, para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. R/. No he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea. R/. Evangelio del día de hoy Lectura del santo evangelio según san Lucas 22, 14-20 Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo: Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.BautismoEl bienEl malEmergerEntrega en la cruzInjusticia humanaFracaso humanoFielesPadre DiosSacerdocio comúnTriunfo para la humanidadBibliaEvangelio¡Jesús Sumo y Eterno Sacerdote!Jesús Sumo y Eterno Sacerdote