Fundación Amén Cominicaciones2023-10-172023-10-172023-10-06http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/140https://drive.google.com/file/d/1eybKSOl8EJwDSefjWHbOSZVl8jcDepTY/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El evangelio de hoy nos muestra a Jesús dolido, con la dureza de corazón de las ciudades de Corosain y de Betsaida, porque no escucharon el mensaje de Jesús. Hoy nos preguntamos en nuestra vida ¿qué nos ha amargado, qué nos ha endurecido el corazón?, y yo mismo frente a esta pregunta me doy tres respuestas. La primera, el amor por el mundo, la fascinación por las cosas terrenales cuando al final no son capaces de llenar el corazón humano y el mundo paga mal, terminan por amargarnos la vida. Mira tu historia personal y descubre cuánto te dejaste fascinar, seducir, conquistar por los cantos de sirena de los honores humanos, los placeres terrenales, el vino, la mujer, el hombre, más allá de todas estas realidades descubre, que el mundo no es capaz de llenar el corazón del hombre y sobre todo, el mundo paga mal. Pasan los años y cuando la vida no se te da como tú la pensabas, te amargas, se endurece el corazón. Pero hay una segunda realidad que puede amargarnos en la vida, y es claramente el sufrimiento no asumido desde Dios, (esto es no asumido en fe): una enfermedad larga e incapacitante, una penuria económica, una situación de desempleo por largo tiempo, si no se asume en fe y desde Dios, termina por amargarnos contra la sociedad, contra la clase dirigente, contra un gobierno determinado, porque pensamos que la vida es injusta, que nos maltrata, nos sentimos adoloridos, amargados, endurecidos en nuestro corazón. Hoy reconocemos, ¿que hombre ha pisado esta tierra sin tener frustraciones, fracasos, sufrimientos?. Hoy tenemos una baja capacidad, un bajo nivel de tolerancia frente a la frustración, y estos sufrimientos repetimos, no asumidos desde Dios, amargan y endurecen el corazón, nos hacen incapaces para recibir el amor humano o el amor de Dios. Una tercera y última realidad sin ser las únicas que pueden amargar nuestro corazón, es la realidad del pecado. Cuando uno vive de espaldas a Dios, cuando es esclavo de sus ambiciones, de sus codicias, de su orgullo, de sus envidias, cuando uno es prisionero de su propia naturaleza humana desbordada, uno termina al final amargado y perdónenme esta expresión que suena dura, destruido por uno mismo. Hoy reconocemos que el pecado cuando ha morado por años en tu vida, te vuelve una persona dura de corazón, calculadora en las relaciones humanas, incapaz de confianzas profundas, menos de amor y de ternuras sinceras por otra persona. Tres realidades, la seducción o el amor por el mundo que al final paga mal, uno, dos, el sufrimiento no asumido en fe, y tres, el pecado, vivir de espaldas a Dios endurecen nuestro corazón, amargan la vida. Que el Señor no tenga que decir de nosotros: ¡Ay de ti Luz, Álvaro, Lucía, Carlos, Gloria!, cómo dijo de estas ciudades: ¡Ay de ti Corosain! ¡Ay de ti Betsaida!, porque en su dureza de corazón no se convirtieron, no renovaron sus vidas. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 10, 13-16 Lectura del día de hoy Del libro de Baruc 1, 15-22: Confesamos que el Señor, nuestro Dios, es justo, y a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los judíos y vecinos de Jerusalén, a nuestros reyes y gobernantes, a nuestros sacerdotes y profetas y a nuestros padres; porque pecamos contra el Señor no haciéndole caso, desobedecimos al Señor, nuestro Dios, no siguiendo los mandatos que el Señor nos había dado. Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto hasta hoy, no hemos hecho caso al Señor, nuestro Dios, hemos rehusado obedecerle. Por eso, nos persiguen ahora las desgracias y la maldición con que el Señor conminó a Moisés, su siervo, cuando sacó a nuestros padres de Egipto para darnos una tierra que mana leche y miel. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, que nos hablaba por medio de sus enviados, los profetas; todos seguimos nuestros malos deseos, sirviendo a dioses ajenos y haciendo lo que el Señor, nuestro Dios, reprueba. Palabra de dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (79)78, 1-2.3-5.8.9: Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre. Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas, echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre. Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba. Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Va a arder como fuego tu cólera? Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre. No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre. Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados, a causa de tu nombre. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre. Evangelio del día de hoy Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 13-16: En aquel tiempo, dijo Jesús: – ¡Ay de ti Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Corazón de carneCosas terrenalesDureza de corazónPecadoSufrimientoVivir de espaldas a DiosBibliaEvangelio¿Por qué se endureció tu corazón?Dureza de corazón