Fundación Amén Comunicaciones2025-03-212025-03-212025-03-22http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/880https://drive.google.com/file/d/1hu5iIePX7e9FCLdiyE5JCQuyyNDYmcct/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La profecía del profeta Miqueas nos muestra: “Qué Dios hay, como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad, no conservas para siempre tu cólera (nos dirá el profeta Miqueas), pues gustas de la misericordia. Volverás a compadecerte de nosotros, destrozarás nuestras culpas, arrojarás nuestros pecados a lo hondo del mar”. Es un cántico del profeta Miqueas, que nos pide humillarnos ante Dios cuando hemos vivido la realidad de la prueba y la dificultad, como la vivió el pueblo de Israel en su momento cuando en el exilio en Babilonia (por allá en el 617, antes de Cristo), sólo un pequeño puñado que permaneció fiel a Dios, a sus leyes, a su Palabra, regresa a su tierra, a Jerusalén, para reconstruir la ciudad y vivir de cara a Dios. Con razón también el salmo de hoy nos invita a reconocer: “Que sólo Dios es compasivo y misericordioso” y a alabarlo diciendo: “Bendice, alma mía, al Señor, bendice todo mi ser a tu santo nombre, nunca olvides tantos beneficios recibidos a lo largo de tu existencia”. Y el salmista afirmará: “Como Dios perdona todas nuestras culpas, cura nuestras enfermedades, rescata nuestra vida cuando estamos a la puerta del sepulcro, de la fosa y nos colma de gracia y de ternura. Como Dios no está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo, no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos pagas según las culpas que hemos tenido”. Y concluirá el salmo 102 que hoy nos presenta la liturgia diciendo: “Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta la bondad de Dios sobre aquellos que respetan y temen sus leyes, y así como hay una gran distancia entre el oriente y el occidente, el amanecer y el atardecer, así Dios aleja de nosotros, aleja su mirada de nuestros pecados y nuestros delitos”. Pero pasemos al impresionante evangelio de hoy, de todos conocido y nunca suficientemente interpretado, dada su riqueza en detalles, en acciones, en personajes. Hablamos de la famosísima parábola de Lucas, capítulo 15, conocida siempre como la parábola del hijo pródigo que arrepentido y contrito, después de malgastar su vida, vuelve al seno de su casa y su padre, imagen de Dios entre abrazos, besos, túnica nueva, anillo, sandalia, un ternero gordito cebado, fiesta, celebración, lo acoge y lo recibe. Por eso también se le llama la parábola, la parábola del padre que es solo compasión y misericordia. Descubrimos que en esta parábola hay un verdadero canto de amor, del amor de Dios, que no solo espera el retorno de su hijo loquito, su hijo calavera, en este caso el hijo menor, sino que persigue, busca al pecador, al equivocado, al extraviado, hasta recuperarle. Siente en este hijo menor la imagen, la figura de tu propia vida, cuando muchas veces has dicho en tu corazón, en un momento de reflexión ¿qué he hecho con mi vida?, ¿por qué se acabó esta empresa?, ¿por qué se terminó el matrimonio?, ¿por qué me abandonó la familia?, ¿por qué estoy tan solo, pobre y enfermo?, ¿en qué me he equivocado? En esos momentos de la vida, cuando sientes que tocas fondo, que los amigos porque no hay dinero ya no están, que las seguridades de salud no aparecen, que la juventud se ha esfumado, es cuando entras en ti mismo y reflexionas ¿qué he hecho con mi vida? Hoy el Señor te dice, no dejo de buscarte, quiero recuperarte, y así lo afirmará en un acápite puntual de la parábola, cuando dirá a su hijo mayor de su hijo menor de edad: “Estaba muerto y ha revivido, estaba perdido en el mundo y lo hemos recuperado”. Hoy descubre en esta parábola el propio yo desnudo, sin seguridades, que siente necesidad de penitencia, de retornar a Dios, en tu libertad y las libertades en el amor y en sentirnos amados por el Señor, volver al Padre que nos cubrirá con sus besos, caricias, afecto. No habrá reproches, no pondrá condiciones, no pregunta nada, porque el Corazón misericordioso del Padre Dios no tiene límite. Sin embargo, reconocemos que la alegría, el gozo, la satisfacción del Padre Dios, choca con el escándalo de su otro hijo, aquel que se siente justo y que representa al fariseo no solamente de tiempos de Jesús, sino al fariseo de todos los tiempos, que, justificándose en sus méritos personales, en sus obras externas, siente que él lo merece todo y que el Padre Dios ha sido injusto con él. (Esta parábola, este evangelio, volverá a salir en próximos días y detallaremos con más cuidado estas dos imágenes universales del hermano menor, el pecador que vuelve confiado a los brazos amorosos y paternales de su padre, y también la imagen humana y universal del hermano mayor que se siente bueno, justo y por tanto juez de su propio hermano y de las acciones del mismo). Esto no es el evangelio, esta no es la vida, hoy simplemente quedémonos con una reflexión que me parece de lo más importante, Jesús ha venido al enfermo, no al sano, ha venido al pecador, no al santo, y tú y yo hemos sido en algún momento de la vida ese hermano menor, enfermo, pecador y hoy con lazos de amor, con cuerdas de ternura, nos llama a que volvamos sobre nuestros pasos (esto es la conversión), a que recapacitemos sobre la vida loca, sin criterio, superficial que hemos vivido, entregados a los falsos amigos, a las falsas seguridades del mundo y cuando nos hemos quedado sin dinero, sin empleo, hemos tocado fondo como el personaje, cuidando cerdos y comiendo algarroba (que sabemos que tiene un mal sabor y un pésimo olor o aroma). Pidámosle al Señor, Señor ¿a quién buscaremos?, ¿en quién nos apoyaremos? Sólo en ti hay palabras, sólo en ti hay vida nueva, hay vida verdadera. Cuántos deambulan por el mundo como zombis entregados a las drogas, viviendo de depresión en depresión, muertos en vida, pensando que han conseguido algunos bienes, un poco de fama y que esa es la gran cosa, la gran realización en la vida y luego se descubren tan pobres, tan vacíos, tan sin sentido, tan frustrados, tan insatisfechos, que hacen una reflexión profunda y dicen ¡Dios mío! ¿qué he perdido en mi vida? Hoy no hagas como Esaú, hermano de Jacob, cambiar la bendición de Dios por un plato, una sopa de lentejas, hoy no dejes lo más grande, el amor de Dios y la vida nueva que Él te ofrece y que quizás nunca la has conocido, no la cambies por las lentejas baratas de un poco de fama, algunos placeres efímeros en la comida, en la rumba, en la fiesta, en la droga, el licor, los casinos, la vida loca. No cambies la vida de Dios por la vida del mundo que nuestro corazón fue creado por Dios y como decía san Agustín: “Andará inquieto, en busca y fatigado hasta que no encuentre, hasta que no descanse en Dios”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, si te sientes muerto te bendiga. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y te permita volver a revivir. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 15, 1-3. 11-32 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Mi 7,14-15.18-20: Arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaad, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios. ¿Qué Dios hay como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, compasivo con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Sal 102, 1-2.3-4.9-10.11-12: El Señor es compasivo y misericordioso. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. El Señor es compasivo y misericordioso. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. El Señor es compasivo y misericordioso. No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. El Señor es compasivo y misericordioso. Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. El Señor es compasivo y misericordioso. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 15, 1-3.11-32: Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido. En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publica-nos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: - «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: - «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud * " Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Palabra de Dios. Gloria a ti Señor JesúsAuxilio de DiosApartarse de DiosExtraviar el caminoEquivocacionesPecadoSan LucasBibliaEvangelio¡Estabas muerto y has revivido!La oveja perdida