Fundación Amén Comunicaciones2026-03-032026-03-032026-02-01https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1216https://drive.google.com/file/d/1wxg7zeNznNIbYJ9MkHYM-IkFvtprluf0/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡El evangelio más hermoso! Sin lugar a dudas, este domingo cuarto del tiempo litúrgico ordinario, nos presenta uno de los más hermosos evangelios de toda la Sagrada Escritura, y concretamente del Nuevo Testamento. Pero también es uno de los textos más contradictorios, más paradójicos, más exigentes y más difíciles de comprender. De entrada, podemos afirmar una primera enseñanza, el llamado Sermón del Monte en el evangelista Mateo, que comprende el capítulo 5, 6 y 7 y que inicia con estos primeros doce versículos. En el fondo, no fue dicho o enunciado permítanme la expresión “de un solo tirón”, sino que recoge distintas enseñanzas impartidas y vividas por Jesús a lo largo de la vida, de su vida pública. Y que el evangelista concretamente Mateo, fue coleccionando, sistematizando en este gran discurso que sin lugar a dudas es uno de los más hermosos y potentes textos escriturísticos. Aquí Mateo presenta a Jesús como el nuevo Moisés en el sentido del fundador de un nuevo pueblo, el pueblo de Dios, la Iglesia. Y de alguna manera también quiere mostrar las Bienaventuranzas como la ley del Sinaí dadas en plenitud, ya sin sesgo, sin mera literalidad, sino viviendo el espíritu pleno de la ley mosaica, del mensaje de los profetas, vivido de manera plena en este llamado Sermón del Monte o Sermón de las Beatitudes en el Monte de las Bienaventuranzas. Pero hay una segunda enseñanza, y es que Jesús en estas nueve Bienaventuranzas u ocho, si se toman las últimas dos en primera y segunda parte, ofrece una mirada radicalmente distinta de lo que entendemos por felicidad y del sendero, el camino para alcanzar esa felicidad que todo ser humano busca en lo profundo de su corazón. Y ya no se construirá la felicidad como lo considera la cultura secular o pagana, en el disfrute sibarita de los placeres del mundo, en la cultura del bienestar, la comodidad, el confort. Sino que nos habla de un nuevo y desconcertante camino de felicidad basado, construido sobre la confianza y, sobre todo, la obediencia a Dios. De hecho, la primera Bienaventuranza: “Los pobres de espíritu que alcanzarán el Reino de los cielos”. Simplemente se presenta esta última afirmación “el reinar de Dios, el reinar del Padre de los cielos, como una consecución de una recompensa divina, tanto en la vida futura como en esta vida presente”. Esto es tan importante de entender porque las Bienaventuranzas rompen radicalmente con toda la mentalidad engañosa en la que vivimos millones y millones y millones de hombres y mujeres pensando que felicidad es ausencia de problemas, es abundancia de alegrías, de bienestar, de gratificaciones, olvidando que ese puñado ínfimo de personas que viven en la abundancia de placeres y de bienes en el mundo, hasta ellos mismos dicen, experimentan cansancio, insatisfacción aún de la buena vida y como decía una bella canción romántica “hasta lo bueno y la belleza cansa”. Es que nuestro corazón, como decía en su momento san Agustín de Hipona: “Ha sido creado para Dios y no descansará, no reposará hasta que no encuentre su fuerza total en Dios”. Pero avancemos en una tercera enseñanza donde se nos habla de los pobres. “Ani” es la expresión pobre, “Anawim”, la expresión en plural, pobres y designa a aquellas personas que son los honrados, los justos, los humildes, los confiados totalmente en Dios sin ninguna autosuficiencia. En esta línea similar estarán también otras Bienaventuranzas como: “Los mansos de corazón, los afligidos por cualquier tipo de sufrimiento, los que experimentan hambre y sed no sólo material, sino también de justicia”. Y dirá en la respuesta de recompensa Mateo: “Estos mansos, afligidos y hambrientos heredarán la tierra; los mansos serán consolados, los afligidos. Y quedarán satisfechos y saciados los que tienen hambre y sed de justicia”. Hasta donde vamos, descubrimos como la humildad es una poderosa sabiduría en la vida, que no sólo atrae la benevolencia humana, sino y sobre todo, el favor y el amor de Dios. Con razón la primera lectura del profeta Sofonías nos invita: “Busquen al Señor Dios, los humildes de la tierra, busquen la humildad, quizás puedan resguardarse el día de la ira del Señor”. Y concluirá Sofonías, en la primera lectura de este día: “Dejaré un resto de Israel como pueblo humilde y pobre, que buscará refugio solamente en el nombre del Señor. No hará más el mal, no mentirá, ni habrá falsedad ni engaño en su boca”. En esta misma línea sapiencial encontramos también el salmo responsorial de hoy, cuando, como asamblea litúrgica se nos invita a clamar a Dios: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”. Pero avancemos en nuestra reflexión y en una nueva enseñanza encontramos que hay otro grupo similar de bienaventurados: “Dichosos, felices, que son aquellos los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz”. Y nos dirá de cada uno de ellos “que los misericordiosos alcanzarán misericordia; los limpios de corazón verán cara a cara el rostro resplandeciente de Dios. Y los que trabajan por la paz se llamarán hijos de Dios”. Nos habla ya no solamente de una actitud de humildad y pobreza, como en las primeras Bienaventuranzas los pobres de espíritu, los mansos, los que sufren, los hambrientos de justicia; sino que nos hablará de una actitud pacífica, misericordiosa y limpia, transparente de corazón. Finalmente encontramos un tercer grupo de Bienaventuranzas cuando nos dice: “Bienaventurados los perseguidos”, que nos evoca a los discípulos de Jesús después de la muerte del Maestro, quienes padecieron calumnias, insultos, persecuciones y de alguna manera incluso vivieron la muerte. Pero esta última Bienaventuranza que se puede disgregar en dos momentos, habla “de los perseguidos por causa de la justicia, de obrar rectamente, porque de ellos es el Reino de los cielos”. Pero también habla en un segundo momento, y algunos escrituristas lo toman como una nueva y no ven la Bienaventuranza cuando hablan: “Bienaventurados ustedes cuando los insulten, cuando los calumnien, los difamen de cualquier modo por mi causa, cuando los persigan con violencia y ensañamiento”. Y lanzará una bella promesa recompensa: ¡Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande, muy grande en el Reino de los cielos! Qué impresionante expresión que nos pone a nosotros a pensar sobre el sentido profundo de las Bienaventuranzas. Y es aquí donde llegamos a una conclusión final para nuestra vida. Cristo no llama bienaventurado al que sufre, al pobre, al perseguido; sino que llama bienaventurada la actitud en el corazón del sufriente, la actitud en el corazón del pobre, la actitud en el corazón del perseguido que se desarrolla con ocasión del sufrimiento actual que padece, que le lleva a una profunda humildad y, sobre todo, a una total confianza y abandono activo en las manos providentes y amorosas del Padre de los cielos. Pero, atención, que la bienaventuranza no solamente nos habla de que llega al corazón pobre, humilde y confiado, sino también que se construye la bienaventuranza sobre la promesa de una recompensa futura que sólo obtienen los totalmente humildes y confiados en Dios. En efecto, si miramos las segundas expresiones de todas estas frases, podemos leer: “Bienaventurados, porque obtendremos el Reino de los cielos. Felices porque heredaremos la tierra. Dichosos porque seremos consolados. Bienaventurados porque seremos satisfechos, saciados. Dichosos porque alcanzaremos misericordia. Felices porque veremos a Dios. Dichosos porque de ellos será el Reino de los cielos. Bienaventurados, porque nuestra recompensa será grande en el cielo”. No nos podemos quedar en un sufrimiento actual o pasajero, sino mirar la promesa futura en esta vida y en la vida eterna para aquellos que, colocando toda su vida, toda su voluntad, toda su confianza en el Padre Dios, sólo recibirán bendiciones. ¡Qué hermoso evangelio!, tal vez uno de los más bellos de toda la Sagrada Escritura y sin embargo qué paradójico, qué contradictorio con los criterios humanos, con los criterios mundanos que tenemos nosotros sobre lo que son las felicidades del mundo, que tienen más de felicidad en el nombre, en la forma, antes que en el fondo. Esculca en tu corazón, revisa tu conciencia y date cuenta que la plenitud de la vida no está en las cosas exteriores, llámense personas, bienes materiales, reconocimientos sociales, éxitos profesionales y humanos. Sino que la verdadera Bienaventuranza está en un corazón limpio que sabe confiarse totalmente a Dios con grande humildad, más allá de posibles o eventuales adversidades y dificultades propias de la vida humana. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 5, 1-12a Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura; de la profecía de Sofonías 2,3;3,12-13: Buscad al Señor los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la humildad, quizá podáis resguardaros el día de la ira del Señor. Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor. El resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca. Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 146(145), 6c-,7.8-9a.9bc-10 Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sion, de edad en edad. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos Segunda Lectura: Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31 Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención. Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12a: En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo». Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.BienaventuranzasConfianza en DiosObediencia a DiosSan MateoSer felizVerdadera felicidadVivir las bienaventuranzasBibliaEvangelio¡El evangelio más hermoso!Bienaventuranzas