Fundación Amén Comunicaciones2025-12-152025-12-152025-12-12https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1163https://drive.google.com/file/d/1l0mgkEoPZnRJ3guOso8hm-iON3-R2wDZ/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Nuestra Señora de Guadalupe! Recordamos hoy con inmensa alegría y con el carácter de fiesta litúrgica, a Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de México, pero no sólo de México, sino de América Latina y de las Islas Filipinas. Recordamos como un 9 de diciembre hace casi 500 años, en 1531, una hermosísima mujer, María Madre de Dios, se presenta al humilde y sencillo indiecito Juan Diego Cuauhtlatoatzin en la colina o el cerro del Tepeyac, y le manifiesta en sendas apariciones sucesivas del 9 al 12 de diciembre de aquel año, “que vaya al obispo y que pida que le construyan allí, en la colinita del Tepeyac, un templo en honor de la Virgen Santísima”. Entre ires y venires, el indiecito Juan Diego llevará unas rosas al obispo guardadas en su tilma o ayate, (parecida a la ruana antioqueña en Colombia, pero sin abertura en la mitad). Y allí presentadas las rosas de castilla en la época del invierno, donde no hay propiamente cosecha de rosas, aparece la imagen estampada de la Santísima Virgen María, venerada y aclamada en todo el mundo y con una grande devoción en este día, donde sabemos que millones, literalmente millones de personas acuden a la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Queda en nuestro recuerdo el relato maravilloso del "Nican Mopohua", el texto más original, más auténtico, que nos narra la aparición gloriosa y grandiosa de la Virgen María, Nuestra Señora de Guadalupe a san Juan Diego. Y donde Ella, frente a un momento de duda de Juan Dieguito que quiso evadir la presencia de María porque buscaba un médico y sacerdote para su tío Juan Bernardino, que se encontraba al parecer agonizante. María le dirá una expresión universal a Juan Diego, que es una expresión que en el paso de los siglos retumba para nuestra vida. En efecto, le dirá María ¿por qué te turbas, por qué te preocupas hijito mío?, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre? Hoy, casi 500 años después, el eco de las palabras de María retumba en nuestros corazones y nos dice ¿cuál es tu turbación?, ¿cuál es tu preocupación?, ¿cuál es tu angustia en este día?, ¿por qué te preocupas? ¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre? No te angusties que tenemos en María la más grande intercesora, la más formidable orante ante Jesús por tus intenciones y necesidades y también por las mías. Pero hablemos del evangelio de hoy, tomado de Lucas, capítulo 1, donde se presenta a María como la Bienaventurada que ha creído la Palabra del Señor. En la Biblia hay numerosas bienaventuranzas, dichas, felicidades o caminos de cielo. Pero María es bienaventurada porque creyó con firmeza lo que Dios le anunció para su vida. Ahora, muy cerca de la próxima Navidad, reconozcamos ese peregrinaje de la fe de María, de quien será la Madre del Señor. Reconozcamos en el evangelio que todos hemos escuchado y que conocemos perfectamente varios momentos, siete para ser concretos, donde descubrimos, repito, ese itinerario de fe de la Santísima Virgen María. El primer momento es cuando nos dice “que María se puso en camino hacia las montañas de Judea Ain Karem, a ponerse al servicio de su parienta Isabel”. Este ponerse en camino no es solamente un caminar espacial o geográfico, es un peregrinar en la fe. Es que sólo caminando nos adentramos en la vida nueva de Dios. Hay que remar mar adentro, hay que adentrarnos en el misterio divino y a ejemplo de María no es esperando en la orilla, sino adentrándonos sólo guiados por la estrella de la fe que vamos al encuentro del Señor. Pero en un segundo momento, en este peregrinaje nos dice “que María se pone a caminar a toda prisa, sin dilación, sin demora”. Es que la fe no permite retardos y, repetimos, no permite dilaciones. En una sociedad que procrastina, que aplaza todo, que dice para más adelante, viviendo una experiencia placentera de tranquilidad o aparente tranquilidad momentánea. Aprendamos en los asuntos de Dios a tener como decía Teresa de Jesús: “Determinada determinación y a responder con intrepidez, con valentía, con urgencia el llamado de Dios”. Que no sea que el Señor te invita a cambiar tu vida y le digas: si, te atenderé, te escucharé mañana para lo mismo, para lo mismo, responder mañana. Aprende que Dios no abandona al que camina hacia Él. No hay motivos para el miedo, no hay motivos para el recelo, no hay motivos para el desánimo cuando sabemos que la empresa de nuestra vida la lleva Dios. Pero en una tercera dimensión o aspectos de este peregrinaje de la fe, reconozcamos cómo el Espíritu Santo nos guía. Fue el que guio a María, fue el que llevó a Jesús al desierto de Judea, fue el que llevó, repetimos a María a las montañas de Judea, y el que hizo proclamar a Isabel que gritó ¡Dichosa tú que has creído, porque lo que el Señor te ha dicho se cumplirá! ¿Acaso sientes que tu vida hasta el día de hoy es simplemente fruto de tu capricho, de tu voluntariedad, de tus deseos a veces emotivos? No, muchas circunstancias de tu vida, personas a tu alrededor, lugar donde vives, quizá sin darte cuenta, sin tener conciencia de ello, ha sido el Espíritu de Dios el que te ha conducido, te ha guiado hasta este momento de tu existencia. Pero reconocemos en un cuarto paso en este peregrinaje en la fe, que Isabel hace profesión de fe, profesión de Dios. En efecto, Isabel, llena del Espíritu, dirá a María: ¡Bendita tú entre todas las mujeres! Y dirá también ¡Bendito el fruto de tu vientre! Y afirmará con humildad ¿cómo es que viene a visitarme la Madre de mi Señor? En el fondo es una profesión de fe en que María es la Madre del Salvador, la Madre del Redentor, la elegida de todos los siglos para dar con su sí un paso adelante en el proyecto de salvación. En un quinto paso encontramos la alegría de llevar a Dios en el corazón. María es portadora alegre de Dios, Isabel es la llena de alegría. Y Juan salta, exulta en el vientre de Isabel, gozoso, porque en el vientre de María viene el Salvador. Cómo dos niños llevándose sólo seis meses de distancia, siendo Juan el Bautista un poco mayor que Jesús, como salta de gozo junto con su madre ante la presencia de María embarazada del Niño Salvador. Hoy reconozcamos que estamos llamados a estremecernos de alegría cuando recibimos a Jesús, Pan de vida en la Eucaristía. Cuando leemos su Palabra y llenos de gozo, decimos esto es para mi vida, esta Palabra me habla al hoy de mi historia. Cómo no llenarnos de alegría, cómo no reconocer que por encima de las alegrías del mundo: comprar, vender, comer, beber, oír música, ver una película, hacer deporte, ir de fiesta y de juerga, compartir. Más allá de estas alegrías del mundo, que también son válidas, la gran alegría de la vida es la de llevar y vivir en Dios. Esa alegría la vivió María, esa alegría la vivió Isabel. Esa alegría la experimentó Juan, aun estando en el seno, en el vientre de su madre. Encontramos en un sexto y penúltimo momento o paso, en este peregrinaje de la fe, cómo María es bienaventurada, es bendecida porque Ella creyó, Ella tuvo fe que lo anunciado por el arcángel se cumpliría en su vida. Ella creyó que sería madre fecunda, sin conocer varón alguno. Creyó firmemente que el Niño que esperaba en su vientre era fruto del Espíritu de Dios. Hoy te pregunto ¿crees verdaderamente en las promesas de Dios en tu vida?, ¿crees que el Señor siempre te ha acompañado?, ¿crees que Él es capaz de realizar lo que para ti sería humanamente imposible? Si crees serás bendita, bendito, seremos bienaventurados. Concluyo con un séptimo y último paso detallando este peregrinaje de la fe de María, y reconocemos que, tanto en la Santísima Virgen como en su parienta Isabel, la obra de Dios en ambas es la obra de imposibles humanos que se hizo posible sólo por la fe de ellos. Con razón entendemos esta expresión tan repetida en el evangelio de Lucas: “Lo que para el hombre es imposible, para Dios es posible”. Es que María era una mujer virgen, nunca accedida por ningún hombre, e Isabel era una mujer estéril. Y ambas alcanzaron el don, la gracia, el regalo de la maternidad, una maternidad imposible en una virgen, una maternidad imposible en una mujer estéril. Pero ellas, por su fe y porque creyeron, alcanzaron esta bendición y dijeron claramente ¡Aquí estoy para hacer tu voluntad!, que es la más grande expresión de confianza total en Dios, de confianza en la acción del Espíritu Divino. Siete momentos en este peregrinaje en la fe y recordar que tú y yo, a ejemplo de María, estamos llamados a imitar a quien fue la primera discípula, aquella que estuvo más cerca que ningún otro ser humano del Salvador de los hombres, y a quien todas las generaciones llamarán Bienaventurada, porque ha creído en las promesas de Dios y te invita a ti y a mí a que más allá de adversidades y pruebas, sigamos creyendo en las bendiciones y en las promesas que Dios tiene para nuestra vida. Nuestra Señora de Guadalupe ¡Ruega, intercede, intercede por nosotros! Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 1, 39-48 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro del profeta Isaías: 7, 10-14; 8,10 En aquellos días, el Señor habló a Acaz: —«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Respondió Acaz: —«No la pido, no quiero tentar al Señor». Entonces dijo Dios: —«Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros»». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 67(66), 2-3.5.7-8 (R. 4) Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Evangelio de Hoy Lectura del Santo evangelio según san Lucas: 1, 39-48 En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito; —«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava». Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.AngustiasMaríaMadreMéxicoPreocupacionesSan DiegoSan LucasTurabacionesVirgen de GuadalupeBibliaEvangelio¡Nuestra Señora de Guadalupe!Virgen de Guadalupe