Fundación Amén Comunicaciones2024-07-052024-07-052024-07-04http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/611https://drive.google.com/file/d/1evUxHcoszEppqEDwOTQgO2sxTZV0AKxM/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La realidad de los profetas a lo largo de todos los tiempos, es la realidad de las incomprensiones, persecuciones, dificultades que han encontrado, con ocasión del anuncio que Dios ha colocado en su corazón. Es el caso del profeta Amós, que se ve expuesto a las intrigas y el veneno del sacerdote Amasías, que le dirá al rey Jeroboam, rey de Israel: “Amós, el profeta, habla y conjura contra ti, en medio de todo el pueblo; ya la tierra no pude soportar sus palabras, porque ha predicado, morirá a espada el rey Jeroboán, Israel saldrá de su país al destierro”. Intrigando el sacerdote Amasías a favor, o mejor, en presencia del rey y contra Amós, le dice de manera despectiva: “Vidente, (hablando de Amós), vete y refúgiate en tierra de Judá”. El profeta simplemente responde: “Que él no es profeta por sí mismo, que él en principio es un sencillo pastor cultivador de higos, que nunca fue hijo de profetas y que el Señor lo ha sacado de en medio del rebaño y le ha dicho, ve y profetiza a mi pueblo Israel”. Cuántas personas conocemos con un especialísimo celo por Dios y sienten en su corazón, más allá de que algunos lo llamen profeta de tragedias o personas fanáticas, sienten ese gran celo por el mensaje de Dios y por la fidelidad al mensaje divino. Pero luego a renglón seguido encontramos, el salmo responsorial que la liturgia de este día nos propone y en donde todos hemos respondido: “Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos”. El salmista nos invita a orar diciendo: “La ley del Señor es perfecta, y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante, los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón, la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos”. Hoy reconocemos, que obedecer a Dios siempre será causa de bendición, y, por el contrario, obedecer al mundo y a los hombres, será causa de perdición. Pero estas lecturas nos preparan para comprender mejor el evangelio de hoy, donde Jesús reconoce la profunda fe de un hombre tullido, paralítico, acostado por largo tiempo en una camilla, y Jesús, mostrando la instauración del Reino de los cielos, señala una doble curación: la primera, sanar al hombre interiormente perdonando sus pecados. La segunda acción, sanarlo exteriormente, permitiendo que se levante de la camilla y que pueda caminar. Frente a esta doble sanación que Cristo por la fe del tullido obra en él, sanación interior del pecado la más importante curación, y luego la sanación física de sus piernas para que pueda caminar, Jesús en este escenario encuentra una doble respuesta: mientras los escribas que se sentían dueños de la verdad, de la moral, dicen: “Este hombre blasfema”, ¿quién puede perdonar pecados más que Dios? Mientras había esta primera reacción, el pueblo sencillo, la gente de corazón simple nos dirá el evangelista san Mateo, al ver esto queda sobrecogida de asombro y alaba a Dios que da a los hombres tal poder. Es una reacción que a lo largo de los siglos siempre hemos encontrado frente a la fe cristiana; unos acogen el mensaje con alegría, normalmente los simples de corazón y otros lo rechazan con sospecha, normalmente los sabelotodo, los que se sienten un poco mejores, más dueños de la verdad, más dueños de la moral. Pero profundicemos en un aspecto fundamental, Jesús, además de sanar como lo hace en otras escenas evangélicas: de los ojos, de los oídos, de la piel y la lepra, para poder caminar, levantar a un tullido; Jesús, en este pasaje evangélico concreto, perdona los pecados de este hombre, lo libera de su parálisis interior, y en el fondo es la primera acción que hace por encima de la sanación física, tal vez mostrándonos y demostrándonos, que el mayor milagro que Dios puede obrar en nuestra vida, es perdonar nuestro pecado, es liberarnos de nuestras ataduras, es darnos luz interior. La enfermedad del alma para Jesús, necesita ser sanada antes que la enfermedad física o exterior, que a veces es un reflejo de esa enfermedad interior. Hoy pregúntate: ¿te sientes paralítico?, ¿te sientes prisionero de rencores, de envidias, de resentimientos, de falta de fe, de miedos interiores?, ¿de heridas de las que no has podido salir adelante? El Señor, a partir de este evangelio y por la fe, como la tuvo el paralítico, quiere perdonar tu pecado, quiere liberarte, liberarnos, quiere una sanación integral de nosotros: la sanación material, exterior o física; pero y, sobre todo, la sanación interior, la sanación espiritual, la sanación del corazón. En lo personal como sacerdote, aunque he visto muchas personas enfermas por todo tipo de males y multicausales en su enfermedad causa distintas, he visto más la enfermedad espiritual en el ser humano que lo aprisiona, lo enferma, le daña la calidad de su vida, le roba la paz del corazón. Señor, tal vez no soy consciente de ello, pero mi gran parálisis no es la de una pierna, un brazo; tal vez mi gran parálisis es mi incapacidad para amar, mi incapacidad para servir, mi incapacidad para amar, mi gran parálisis es mi incapacidad para darme, abrirme a los demás. Sáname, Señor, perdona mi pecado, libérame de mis parálisis interiores. Que el Señor te bendiga en este día abundantemente, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 9, 1-8 Lectura del día de hoy Am 7, 10-17: Ve y profetiza a mi pueblo. En aquellos días, Amasías, sacerdote de «Casa de Dios», envió un mensaje a Jeroboán, rey de Israel: Amós conjura contra ti en medio de Israel; la tierra ya no puede soportar sus palabras. Porque así predica Amós: «Morirá a espada Jeroboán. Israel saldrá de su país al destierro.» Dijo Amasías a Amós: Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá: come allí tu pan, y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en «Casa de Dios», porque es el santuario real, el templo del país. Respondió Amós: No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño, y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel. Y ahora escucha la palabra del Señor: Tú dices: No profetices contra la casa de Israel, no prediques contra la casa de Isaac. Pues bien, así dice el Señor: Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos e hijas caerán a espada; tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en tierra pagana, Israel saldrá de su país al destierro. Salmo del día de hoy Salmo (19)18, 8.9.10.11: Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila. Evangelio del día de hoy Mateo 9, 1-8: La gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad. En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados. Algunos de los letrados se dijeron: Éste blasfema. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dijo dirigiéndose al paralítico: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.BendiciónEsclavitudes interioresJesús perdona tus pecadosObedienciaParálisisPerdónPerdiciónBibliaEvangelio¡Tus pecados quedan perdonados!Obediencia y perdón