Fundación Amén Comunicaciones2023-03-132023-03-132023-02-19http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/59https://drive.google.com/file/d/1PkGB-btIkMyCykLl0UCBNq_woJM-wIuA/view?usp=share_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Estamos con lecturas de este domingo, probablemente ante uno de los evangelios más exigentes que encontramos como mensaje propio de Jesús. Difícilmente, a lo largo y ancho de todas las páginas bíblicas encontraremos un texto, que muestre más la radicalidad de la opción que Jesús hace por el amor, al precio que sea y cueste lo que cueste. Pero entremos en materia, la primera lectura tomada del libro de levítico hace una clara y tajante invitación: “Sean santos, como Yo, su Dios, soy Santo”. En ese mismo sentido terminará el Evangelio de hoy invitándonos a ser perfectos, como el Padre Dios del cielo es perfecto. Pero volviendo a la primera lectura, el levítico, nos plantea un camino de santidad: “No odiarás de corazón a tu hermano, reprenderás al equivocado para no cargar con su equivocación, no te vengarás ni guardarás rencor, amarás a tu prójimo, a tu cercano, como te amas a ti mismo”. Pero una vez mirada a este texto del antiguo testamento que de por sí es exigente, pasamos al nuevo testamento, al mensaje de Jesús, y descubrimos que lejos de distensiónar la exigencia evangélica, la hace todavía más radical, más comprometedora. En efecto, Jesús afirmará, citando la ley del talión que era una ley para atenuar o suavizar la venganza, la del ojo por ojo, diente por diente, y sencilla mente Jesucristo nos invita: “No hagas frente al que te agravia o ofende, ponle la otra mejilla si te abofetea en la cara, no solamente le des el manto, sino también la túnica si está pleiteando por ella, acompaña aquel peregrino, que te pide no una milla, sino dos millas ser acompañado, no rehúyas al que te pide algo y no rehúyas tampoco si te pide prestado dinero”. Y luego, para que la exigencia de Jesús sea más clara, afirmará: “Amen a sus enemigos, recen por los que los persiguen”, de alguna manera, es el punto más alto de toda la exigencia evangélica, parece que repugnara, que rechazara la condición humana esta ley de Jesucristo, porque en el fondo, está muy en nuestro corazón enraizada, la ley de la retribución humana, el bien lo premió y el mal lo castigo. Pero Jesús, como queriendo desarmar nuestros argumentos, afirmará: “Es que si tú no amas a tu enemigo, si tú no rezas por quién te persigue, y si de alguna manera no superas la justicia de los fariseos y escribas, que haces que te pueda llamar cristiano, que haces de distinto frente a los gentiles, los no creyentes, ellos aman a quienes los aman, sirven a sus amigos y cercanos”, no. Nos dirá Jesús: “Si queremos ser sus discípulos, estamos llamados a ser perfectos como Dios, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace caer la lluvia refrescante por igual, sobre hombres justos y sobre hombres malvados o injustos”. Qué exigente esta tarea, humanamente es bien difícil. Solo la gracia de Dios, solo un don especialísimo de Dios nos puede llevar a perdonar a quien nos ha ofendido, a superar el daño que nos han causado, a amar a aquél mal queriente que nos ha lastimado. Formas humanas y simples, pero posibles, de amar al enemigo, son estas tres que te presentamos de manera muy sencilla. La primera: ora por aquella o aquellas personas que te han lastimado en la vida. Si oras frecuentemente por ellos o por ellas, aprenderás a mirar estas personas con otros ojos, con los ojos de Jesús. Quizás desarmaras tu corazón, y ya no serán más un objetivo militar, adversarios con los cuales hay que terminar o acabar, orar por ellos. Una segunda enseñanza, en este amor al enemigo, que repetimos no es fácil, es comprender, el porqué de sus vidas. Por qué son así, por qué hablan así, por qué son tan sueltos de lengua, por qué son tan volubles, por qué sus acciones, por qué lo cambiantes de sus temperamentos. La comprensión sobre el corazón de otra persona es fundamentalmente un don de Dios, y como decía el famoso hombre del espíritu Ignacio Larrañaga: Si supiéramos comprender, no tendríamos que perdonar”. Finalmente, en una tercera y última enseñanza: además de orar por el enemigo, tratar de comprender su vida, solo el Señor es capaz de hacernos compasivos, como lo es Jesús. Solo por su gracia podemos tener esta aproximación, esta apreciación de otra persona, de mirarla de manera distinta. Y si dices: no quiero ser compasivo con aquella persona que me ha lastimado, piensa, si Dios ha sido tan compasivo con nosotros, porque tú ahora no eres compasivo con aquella persona que te ha lastimado. Mira, y hagamos oración conclusiva con el salmo que nos propone la liturgia en este domingo el (103), digamos de manera reflexiva y orante: “El Señor es compasivo y misericordioso, bendice alma mía al Señor, no olvides sus beneficios, Él, Dios, perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades, rescata tu vida de la fosa, Te colma de gracia y de ternura, el señor es lento a la ira y rico en clemencia. No nos paga como parecen nuestros pecados, ni nos da según nuestras culpas”. Recuérdalo, si Dios en la Cruz, a través de Jesucristo ha perdonado lo imperdonable de tu vida, porque no perdonar, porque no ser compasivos con quienes nos han lastimado. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 5, 38-48 Primera lectura del día de hoy Lectura del libro del Levítico 19,1-2.17-18: El Señor habló a Moisés: -«Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: «Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.»» Salmo del día de hoy Salmo 103/ 102,1-2.3-4.8.10.12-13: El Señor es compasivo y misericordioso. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. El Señor es compasivo y misericordioso. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. El Señor es compasivo y misericordioso. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. El Señor es compasivo y misericordioso. Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles. El Señor es compasivo y misericordioso. Segunda del día de hoy Lectura de la primera Carta a los Corintios 3,16-23: Hermanos: ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros. Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Evangelio del día de hoy Del evangelio según san Mateo 5,38-48: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente.» Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.BibliaEvangelioAmor al enemigoCompasiónMateoPerdón¡Amen a sus malquerientes!Amen a sus enemigos y recen por los que los persiguen