Fundación Amén Comunicaciones2025-12-052025-12-052025-12-09https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1160https://drive.google.com/file/d/1mtOlS9CqS3ipnQ6QAnVp45mCg7oFZgSz/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Perdidos en la vida! La primera lectura tomada del Libro del profeta Isaías en el capítulo 40, es un oráculo, es una palabra de consuelo para el pueblo que vive en el destierro. Quiere anunciar el profeta Isaías que Dios sigue fiel a la alianza. El destierro ha sido sólo como un servicio purificador, porque el pueblo ha pecado, se ha alejado de Dios, pero en el fondo no ha habido una ruptura de la alianza, del pacto de amor de Dios con su pueblo. Y el retorno a la tierra prometida se realiza como aconteció en el primer éxodo en compañía del Señor Dios. El desierto, que es lugar de prueba, se convierte ahora en camino real. Por eso el profeta dice: “Consuelen, consuelen a mi pueblo; hablen al corazón de Jerusalén. Díganle que se ha cumplido su servicio en el destierro y que Dios ya no se acuerda de sus pecados”. Pero también afirmará: “Griten que una voz habla de preparar el camino del Señor. En el mismo desierto allanen la estepa, una calzada nueva para nuestro Dios. Que los valles se levanten, que las colinas se abajen, que lo torcido se enderece, que lo escabroso se iguale. Y grita esa voz y dice que debo de gritar y quiere anunciar que todo hombre, toda carne es hierba, que como flor campestre se agosta, se marchita la flor y sólo tiene vida cuando recibe el aliento del Señor. Y sólo la Palabra de Dios permanece para siempre”. Y nos invita o invita a su pueblo “a subir a lo alto de la montaña y a ser heraldo o anunciador de Sión y alzar fuerte la voz, a no tener miedo y a decir a todos aquí está Dios, miren al Señor que llega con poder y su brazo es el que manda. Y a la manera de un pastor que apacienta el rebaño, reunirá de nuevo a los corderos, más allá del dolor que han vivido en el destierro”. Con razón el salmo litúrgico de este día nos invita a cantar: “Aquí está nuestro Dios, que llega con fuerza”. Pero pasemos al evangelio de hoy de san Mateo, cuando Jesús dice a sus discípulos una parábola evangélica a propósito de un hombre pastor de ovejas, que tiene en su rebaño 100 de estos animales, y al extraviársele uno deja las 99 en el redil, bien salvaguardadas y protegidas y va en búsqueda de la perdida. Y cuando la encuentra, se alegra porque la ha encontrado más allá de las 99 que tiene resguardadas en el rebaño. A partir de este texto de la parábola evangélica aprendamos tres grandes enseñanzas para nuestra vida. Dios quiere nuestra salvación, no nuestra perdición. A veces y a diferencia de Dios, los hombres en actos de venganza, de ira, queremos no solamente la perdición, sino la destrucción de otros. Cuánta violencia en el mundo, cuánta violencia en la historia, cómo se realiza esa máxima "Homo homini lupus est" “El hombre es lobo para el hombre”, que hace muchos años dijo el pensador Thomas Hobbes. Y en el fondo, aunque nos cueste reconocerlo, somos lobos para nuestros semejantes. Baste pensar en la vida laboral de empresas como hay intrigas, envidias, rivalidades, emulaciones, competencias, peleas a veces abiertas, a veces secretas y disimuladas por ponerle zancadilla, “hacerle el cajón” dicen otros, dañar o quitarle el puesto laboral a otra persona. Dios no es así. Qué no decir en la vida familiar a veces cuando una cuñada, tu hermana, se vuelve tu peor enemiga. Chismes, comentarios maledicentes, intrigas a tus espaldas. Qué dolor cuando es una persona que has amado. Piensa también en tu expareja que luego se vuelve tu mayor enemigo o enemiga. Cómo dónde hubo tanto amor ahora hay tanto dolor, tanto rencor. Dios no quiere la perdición, ni la destrucción de nadie, sino la salvación. Cómo aprender esa lógica cuando está tan enraizada en nuestra alma la mentalidad de la retaliación, la venganza, el desquite, la ley de la retribución: “Pago mal frente al mal que me han hecho”. Pero Dios no obra así. Con razón y bellamente nos dice la Palabra: “Si llevas cuenta de los delitos, de los pecados míos, Señor, ¿quién podrá resistir?, ¿quién podrá presentarse ante ti? Pero no, Tú quieres la salvación y tú quieres perdonar a todos los hombres y mujeres. Sólo pides que se arrepientan sinceramente de sus faltas”. Hoy pidamos esa gracia en esta enseñanza primera. Busquemos construir, no destruir. Busquemos salvar, no condenar. Busquemos redimir, no perder la vida de nadie. Esto nos implica una mirada misericordiosa, una mirada compasiva, una mirada paciente, una mirada amorosa como es la mirada de Jesús. Pero en una segunda enseñanza se nos habla de la oveja perdida. Y nos preguntamos ¿qué hizo perder a esta oveja?, ¿qué la hizo extraviarse? El verbo perder o descarriarse en el fondo nos indica cuando una persona se deja engañar por falsos mensajes del mundo, entrando en un olvido del amor y no prioriza la identidad de Jesús, el Mesías, el Salvador. Pero de manera más existencial, cuántas veces nosotros decimos me he dejado masificar, manosear, manipular. Y en el fondo me visto como la sociedad del consumo me pide que me vista. Hablo como la sociedad del consumo me pide que hable. Pienso como la sociedad del consumo me pide que piense. Tomo decisiones como la sociedad consumista me pide que tome decisiones. Cuántos de nosotros hemos sido permítanme la expresión amaestrados y amansados, domesticados por el pensamiento políticamente dominante que nos lleva a aceptar contra nuestros principios aberraciones como el aborto, la eutanasia, el matrimonio antinatural. Tantas realidades que hay en el mundo de hoy “que se han normalizado” y nos las ha impuesto el pensamiento políticamente dominante o políticamente correcto, a través de repetirnos una y otra vez en mensajes digitales, en redes, a través de documentales o de series de televisión: que es normal matar, que es normal el adulterio, que es normal la intriga, que es normal el robo, que es normal las aberraciones sexuales, que es normal el consumo de droga, que es normal destruir a otra persona si se interpone en nuestros intereses y conveniencias. Cómo se ha normalizado el mal y la mentira en el mundo y nosotros como borregos en una masa manipulados, manoseados, manejados, nos dejamos desviar y nuestra conciencia se ofusca, se confunde y ya no tenemos claridad de lo que es bueno o es malo. Si nos atrevemos a decir lo que es bueno, nos van a cerrar la boca, quieren meternos en la llamada “cultura de la cancelación” e ignorarnos. ¿Acaso no es un poco lo que pasa hoy con la Iglesia Católica cuando dice esto no está bien y simplemente el mundo digital, el mundo secular, el mundo de los medios de comunicación ignoran el pensamiento de la Iglesia, marginan a la Iglesia y a los católicos, desprecian a la Iglesia y a los católicos? Y nosotros, que no queremos ser marginados, cancelados, despreciados, terminamos aceptando el pensamiento del mundo, buscando una falsa aprobación. Pero finalmente, en un tercer aspecto o enseñanza del evangelio de hoy, esa oveja perdida nos hace recordar cuando perdemos la conciencia del pecado, cuando nos parece que Dios ha entrado en un ocaso en nuestra vida, cuando no distinguimos el bien del mal, la verdad de la mentira. Cuánta gente hasta de manera vehemente defiende errores y horrores sobre la verdad antropológica, la verdad del amor, la verdad de la vida que es sagrada y dada por Dios. Y les parece que defender casi de manera religiosa, como siguiendo una ideología absoluta, les hace más progresistas, más modernos, más avanzados, más actuales. Y vemos los resultados en el mundo de hoy. Tantas personas que han seguido a la ideología secular, el pensamiento cultural impuesto y hoy viven en soledad, depresión, disfuncionalidad familiar. Viven una vida vacía que no saben cómo llenar, una existencia sin sentido. Terminemos nuestra reflexión diciendo, que Jesús en la parábola evangélica de hoy se presenta como el hombre que no se cansa de buscar a los hombres, que no se cansa de sentir compasión y misericordia por los suyos. Y en el fondo nos invita a tener compasión de nosotros mismos y a tener compasión de aquellos que, como ovejas perdidas en el mundo, andan errantes y vagabundas, sin una clara conciencia de cuál es el propósito de su vida. Ten compasión de los cercanos. Pide al Señor compasión por ti y vuelve a la verdad que el Evangelio anunciado por Jesús nos propone, que en Jesús y en su mensaje no hay, no hay engaño. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 18, 12-14 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de Isaías 40, 1-11 «Consolad, consolad a mi pueblo dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.» Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos ha hablado la boca del Señor.» Dice una voz: «Grita.» Respondo: «¿Qué debo gritar?» «Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre.» Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.» Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 96(95), 1-2.3+10ac.11-12.13 (R.cf.Is 40,10a.11a) Nuestro Dios llega con poder. Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su victoria. Nuestro Dios llega con poder. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. Decid a los pueblos: «El Señor es rey, Él gobierna a los pueblos rectamente.» Nuestro Dios llega con poder. Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque, Nuestro Dios llega con poder. delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud. Nuestro Dios llega con poder. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 18, 12-14 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.ConversiónFalsas mentirasOveja perdidaReconocer el pecadoRedenciónSalvaciónSan MateoSensatezBibliaEvangelio¡Perdidos en la vida!Lo que Dios quiere