Fundación Amén Comunicaciones2024-09-152024-09-152024-09-15http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/684https://drive.google.com/file/d/1D6fNvULFkvhjKWZohXU6NBBQSBPz1KQA/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura que nos trae la liturgia en este domingo, nos habla de uno de los cuatro cánticos o himnos preciosos por demás del profeta Isaías, que 700 años antes de la venida de Cristo, anunciaba proféticamente la Pasión salvadora del Hijo de Dios: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que tomaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos”. Y dirá el Siervo sufriente de Yahvé, (como se le conoce a cada uno de estos cuatro cánticos): “El Señor me ayuda, Él es mi defensor, por eso no sentía los ultrajes, por eso sé, que por más que pleiteen contra mí y me acusen, nadie me podrá condenar”. En esta misma línea encontramos el salmo precioso que la liturgia nos presenta en este día, cuando decimos como asamblea celebrante: “Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos”, y el salmista expresa su deseo profundo: “Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí, el día que lo llamo”. Y aunque reconoce los peligros el salmista y afirma: “Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caía en tristeza y angustia”, reconoce “que, invocando el nombre del Señor, salva mi vida, el Señor es benigno y justo, es compasivo, el Señor guarda al sencillo y aun sin fuerzas en la vida, Él salva a quien lo invoca, arrancando su alma de la muerte, sus ojos de las lágrimas, los pies de la caída”, por eso se nos invita a “Caminar siempre en la presencia del Señor”. Pero avanzamos a la segunda lectura preciosa, preciosa del apóstol Santiago, cuando de una manera tajante y muy práctica, el apóstol que llegó hasta España según la tradición, nos dirá: ¿de qué nos sirve decir que tenemos fe, si no hay obras que respalden esa fe?, ¿acaso la fe sin obras se puede probar? De hecho, afirmara: “La fe sin obras está muerta por dentro”, y de manera desafiante, invita a sus interlocutores cuando los interpela y les dice: “Tú tienes fe, yo tengo obras, muéstrame tu fe sin obras, que yo, por mis obras de vida, te mostraré y te probaré la fe en el único Dios verdadero”. Estas dos lecturas y el salmo, nos preparan para entender la altísima sabiduría que nos presenta el evangelio de san Marcos en el capítulo 8, cuando Jesús interroga a los suyos en un primer momento, pidiéndoles qué percepción tiene el común de la gente sobre Él, y luego de manera personal, diciéndole a sus discípulos cómo lo perciben ellos. Ante la percepción de la gente, algunos lo ven como Elías, Juan el Bautista, un gran profeta, y ante la pregunta directa como lo perciben los apóstoles, Pedro toma la palabra y dirá: “Tú eres Jesús, el Mesías, el Hijo del Dios bendito”. Hoy en el siglo XXI decir Mesías, poco nos habla porque conocemos poco sobre el poder y la potencia de esta palabra, pero en el siglo primero decir: ¡Tú eres el Mesías! en la cultura judía, era significar: Tú eres el ungido de Dios, el Cristo, el enviado, el anunciado, el anhelado por los profetas y por los hombres piadosos de Israel durante muchos siglos. Que bella la expresión de Pedro, pero también qué fragilidad la del apóstol, cuando ante el anuncio de Jesús, de que si bien él es Mesías tendrá que sufrir, ser humillado, rechazado por escribas, fariseos, sumos sacerdotes, ser ejecutado cruelmente en la cruz y resucitar al tercer día, ya Pedro muestra, ya no su mirada luminosa y de fe cuando reconoce a Jesús Mesías, sino que muestra su pobre humanidad, su mirada miope, horizontal y limitada, cuando llevando aparte a Jesús, lo recrimina y le dice: “Tú no puedes, tú no puedes sufrir, tú eres un Mesías”, (y él tenía la idea de un Mesías triunfante, victorioso, fuerte, militar, y políticamente rey para todo el pueblo elegido de Israel). Pero Pedro se tastasió, se equivocó, decimos coloquialmente se “descachó”, (una expresión muy colombiana) y nos muestra cómo Jesús se decepciona de él y frente a los discípulos lo reprende y le dice: “Ponte detrás de mí, satanás, tú piensas como los hombres, no como Dios”. Terminará Jesús, hablando: “De que no hay verdadero seguimiento si no se carga con la cruz, si no nos negamos a nosotros mismos”, y de manera lapidaria afirmará, tal vez las expresiones más grandes de sabiduría contradictorias con el mundo, que enunciará, que pronunciará Jesús cuando dice: “Quien quiera salvar su vida, la tiene que perder, pero el que entregue su vida perdiéndola, la salvará”. Y concluirá diciendo: ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida, si pierde su alma? Concluyamos con tres sencillas enseñanzas. La primera, Jesús es Mesías, pero sufriente, crucificado, muerto, ejecutado, pero también Resucitado. Nunca lo olvides, seguimos los cristianos, los católicos, los creyentes, a un Mesías sufriente, pero que no se queda en el dolor de la cruz, de la humillación, del abandono, sino que es Resucitado victorioso, triunfador. Segunda enseñanza conclusiva, esto sólo podemos entenderlo por la fe de la que habla el apóstol Santiago, y una fe que debe ser respaldada con obras de vida. No podemos decir que tenemos fe en Dios, si no hay obras de sacrificio, donación y entrega por los demás. Una tercera enseñanza conclusiva, nos habla de que hay que asumir, aceptar y acoger, lo que los teólogos han llamado en el cristianismo el escándalo de la cruz. Seguir a Jesús en una sociedad que nos habla de comodidad, de placer, de música reggaetonera de pasiones de una noche, de placeres momentáneos, no es fácil de asumir por nadie, pero ese escándalo de la cruz está en la quinta esencia, en el corazón mismo del evangelio. Nadie puede ser verdadero discípulo de Jesús, sino muere a sí mismo, a su orgullo, sino muere a su pecado y no carga la cruz de vivir el evangelio del amor, del perdón y del servicio. Nadie puede ser discípulo de Jesús, si pretende contrariamente y siguiendo el espíritu del mundo, salvar su vida, no es este el camino del evangelio. ¿Acumularás, buscarás tu gratificación, las mejores comidas, los más grandes viajes, los placeres, la comodidad, te olvidarás de los demás, vivirás de manera egoísta y de forma narcisista para ti?, ¿crees que esa es la vida?, la perderás. Mira tantos ídolos del mundo que tienen fama, dinero, mujeres, hombres, placeres, comida, viajes, todo lo que el mundo dice que es la felicidad, y mira con mirada profunda sus vidas y son seres desdichados, vacíos, a veces atrapados en el sinsentido de su existencia. Mira los que llamamos influenciadores, los que llamamos artistas, los que llamamos líderes, los que llamamos deportistas famosos, mira cómo viven. Míralos atentamente y más allá de la foto, más allá del pasar por una pasarela de modas, más allá del video mostrándole como triunfador y exitoso, conoce el dolor y el drama que hay en sus vidas y descubre que Jesús lo había anunciado: “El que quiera ganar su vida para sí mismo, la va a perder”. Y terminamos diciendo que, en este escándalo de la cruz, hay una afirmación que a mí por lo menos me sacude profundamente, ¿para qué ganar el mundo entero?, ¿para qué ganar todo en la vida si al final perdemos lo único que nunca debimos de haber perdido?, la salvación eterna del alma, la salvación y la vida eterna con Dios, piénsalo. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 8, 27-35 Lecturas del Día Primera lectura Is 50, 5-9 En aquel entonces, dijo Isaías: "El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado. Cercano está de mí el que me hace justicia, ¿quién luchará contra mí? ¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa? Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?'' Salmo Responsorial Salmo 115/ 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9 R. (9) Caminaré en la presencia del Señor. Amo al Señor porque escucha el clamor de mi plegaria, porque me prestó atención cuando mi voz lo llamaba. R. Caminaré en la presencia del Señor. Redes de angustia y de muerte me alcanzaron y me ahogaban. Entonces rogué al Señor que la vida me salvara. R. Caminaré en la presencia del Señor. El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo. A mí, débil, me salvó y protege a los sencillos. R. Caminaré en la presencia del Señor. Mi alma libró de la muerte; del llanto los ojos míos, y ha evitado que mis pies tropiecen por el camino. Caminaré ante el Señor por la tierra de los vivos. R. Caminaré en la presencia del Señor. Segunda lectura Sant 2, 14-18 Hermanos míos: ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no lo demuestra con obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? Supongamos que algún hermano o hermana carece de ropa y del alimento necesario para el día, y que uno de ustedes le dice: "Que te vaya bien; abrígate y come", pero no le da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué le sirve que le digan eso? Así pasa con la fe; si no se traduce en obras, está completamente muerta. Quizá alguien podría decir: "Tú tienes fe y yo tengo obras. A ver cómo, sin obras, me demuestras tu fe; yo, en cambio, con mis obras te demostraré mi fe". Evangelio de Hoy Mc 8, 27-35 En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas". Entonces él les preguntó: "Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?" Pedro le respondió: "Tú eres el Mesías". Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día. Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: "¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres". Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará". Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AmorDonaciónEntregaFariseosFeGanar el alma para el cieloGanar la vida eternaJesús crucificadoJesús es MesíasJesús resucitadoLeyMorir a sí mismoObrar rectamenteObras de sacrificioBibliaEvangelio¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero?Vida eterna