Fundación Amén Comunicaciones2025-02-142025-02-142025-02-04http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/833https://drive.google.com/file/d/1_MpjNcR67Kt1c4foHQEUI46mObgmy26P/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Continuamos con la lectura de la carta a los hebreos, aún en el capítulo 12, que nos invita: “Que teniendo presentes una gran muchedumbre de testigos de la fe, de gigantes del amor, de héroes de la esperanza, corramos con constancia la carrera de la vida en pos de Dios, que a cada uno nos ha tocado. Y en esta constancia de la carrera por vivir, renunciemos o mejor, aprendamos a renunciar a todo lo que nos estorba y de manera especial, al pecado que a todo ser humano asedia. Y sólo hay una clave, en medio de las tormentas, en medio de las tentaciones interiores, sólo corramos la carrera de la fe, los ojos fijos en Jesús, el que inició y el que completa nuestra razón de ser. Y Él que nos da ejemplo, porque en vez de buscar el gozo y la felicidad inmediata, Cristo Jesús soportó como nadie la cruz, el desprecio, la ignominia. Pero quizás este primer momento de su vida, sumido en fe, la ignominia, la humillación y la cruz, lo llevó a la glorificación, a la exaltación y a estar sentado a la derecha en el trono de Dios”. Concluirá esta carta a los hebreos en el capítulo 12: “Que seamos valientes para soportar la oposición, los odios, las rabias de los pecadores y no nos cansemos de hacer el bien, ni perdamos el ánimo”. Y lanza una expresión que a mí siempre me ha impresionado: “Todavía no hemos llegado a derramar la sangre en nuestra pelea contra el pecado”. Es que es de tal gravedad, tal es la magnitud y el drama del pecado en la vida del ser humano que lo destruye, que tenemos aún que pagar el precio altísimo en esa batalla contra el pecado de estar dispuestos a dar la vida, a derramar la sangre con tal de no fracasar en lo único en lo que no podemos fracasar en nuestra vida, que es buscar la salvación eterna del alma y nos lo impide el pecado, recordando un apotegma de Jesús en el evangelio cuando afirma: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer nada más; teman, en cambio, a los que matan el alma y los lleva a la gehena, al fuego eterno que arde sin consumirse”. Hoy el gran drama del mundo no es la pobreza, no es la guerra; detrás de la pobreza, la guerra, la soledad, en el fondo está el pecado humano que nos hace egoístas, violentos, controladores, dominadores, agresivos sobre otros, orgullosos, codiciosos. Es el pecado la gran tragedia humana, y el hombre hoy, en esa lucha por buscarle sentido a su vida, razón de ser a su existencia, no ha descubierto que su gran crisis es simplemente vacío de Dios en su corazón. Hoy, no lo dudes, tus problemas, más allá de si tienes o no poco o mucho dinero, más allá de un buen o mal empleo, más allá de una buena o regular salud, más allá de si te aman mucho o poco. Tu gran drama es que has abajado la guardia buscando a Dios, has debilitado tu vida espiritual, has sacado a Dios de tu existencia. Pero pasemos al evangelio de hoy, que nos narra sendas curaciones de una mujer hemorroísa que padecía flujos de sangre desde hacía 12 años y nos dice con lujo de detalles el evangelista: “Que había gastado en médicos toda su fortuna y en vez de mejorar de salud, había empeorado”. Y también nos muestra otra historia de otra mujer ya no 12 años enferma, sino con 12 años de vida que acababa de morir, era la hija del jefe de la sinagoga y en una, por la fe personal de la mujer que padecía flujos de sangre, y en el otro evento, por la fe de sus padres, Jesús obra, recompensa y premia la fe personal de la hemorroísa o la fe de terceros, los papás de la niña que había fallecido. Llama la atención que en medio de la gente, cuando la mujer hemorroísa toca el borde del manto de Jesús con la fe de que quedará sanada, los discípulos a la pregunta de Jesús ¿quién me ha tocado el manto?, ellos no entienden, no captan que ha ocurrido y simplemente de manera muy humana dicen: “Mira cómo te apretuja la gente”, ¿todavía preguntas quién te ha tocado?, pero no entendían el poder de la fe sanadora de Jesús, como en el otro evento, la familia y los amigos que acompañaban el cadáver de la niña que supuestamente acababa de morir. Nos dirá el evangelista Marcos, que cuando Jesús llega y dice: “La niña no está muerta, simplemente duerme; ellos se ríen de Jesús, no dan crédito a sus palabras”. Hoy ocurren ambos eventos en nuestra vida, somos como los discípulos, distraídos, dispersos, disipados, no entendemos como Jesús pasa muy cerca de nosotros, en medio del atafago de acontecimientos diarios, como estos no reconocieron a diferencia de la mujer enferma de sangre, sí reconoció a Jesús. Y también está la otra circunstancia, cuando mucha gente se ríe de tu fe, no cree que el Señor pueda obrar en tu vida y, es más, te lo han enrostrado buscando escandalizarte o desanimarte y te dicen: ¿de qué le sirve ir tanto a grupos de oración?, ¿en qué le ha ayudado buscar tanto a Dios? ¿de qué le ha servido ir tanto a la Eucaristía o hacer el Rosario a la Virgen María? Se ríen de nosotros, pero nos dice: “Que Jesús, echando a esta gentuza y dejando solamente al padre y a la madre de la niña muerta, entró con sus acompañantes (dos discípulos muy cercanos, Santiago y Juan), toma la niña de la mano y le dice Talita cumi (que significa contigo hablo, levántate), y la niña al instante se levantó y echó a andar”. Así es la fe en los pequeños de Dios, la hemorroísa, en este hombre que angustiado quería recuperar la salud y la vida de su hija fallecida, y así es el mundo en aquellos que se reían de Jesús, o en los mismos discípulos que no entendían qué había ocurrido con aquella mujer que había sido sanada al instante de sus flujos de sangre después de tocar el manto de Jesús. Hoy pidamos fortalecer nuestra fe, hoy digamos como el salmo responsorial de este día: “Te alabarán, Señor, los que te buscan; cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, viva su corazón por siempre”. Hoy reconoce que la fe es un gran poder y que en la vida se necesita una constancia inmensa como nos dice la primera lectura, para que, en medio de batallas, de pruebas, de dificultades, no abandonemos nuestra fe en el Señor, no desanimemos, no desfallezcamos. Piensa en tu vida que es la prueba más evidente de que Dios siempre ha estado contigo y avanza con constancia en esa carrera por una vida mejor. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 5, 21-43 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta a los Hebreos 12, 1-4 Hermanos: una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recuerden al que soportó la oposición de los pecadores, y no se cansen ni pierdan el ánimo. Todavía no han llegado a la sangre en su pelea contra el pecado. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de Hoy: Salmo 22(21), 26b-27. 28 y 30. 31-32 Te alabarán, Señor, los que te buscan. Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre. Te alabarán, Señor, los que te buscan. Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su Presencia se postrarán las familias de los pueblos. Ante Él se postrarán las cenizas de la tumba, ante Él se inclinarán los que bajan al polvo. Te alabarán, Señor, los que te buscan. Me hará vivir para Él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor. Te alabarán, Señor, los que te buscan. Evangelio del día de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 5, 21-43 En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva». Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de Él, se volvió enseguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud». Todavía estaba hablando, cuando llegaron de la casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de Él. Pero Él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterara; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Carrera de la feCarrera de la vidaConstanciaOjos en JesúsPerseverar en JesúsPerseveranciaRenunciar a lo que estorbaRenunciar al pecadoSan MarcosValentíaBibliaEvangelio¡Constancia en la carrera de la vida!Perseverancia