Fundación Amén Comunicaciones2025-03-122025-03-122025-03-03http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/860https://drive.google.com/file/d/1iCTRILZ-iz_8VC20kfg3Jv4O7hphjIpA/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES . Continuamos con la lectura del libro del Eclesiástico o del libro de Sirácida (como traen también nominado algunas Biblias). Pertenece al grupo de los llamados Libros Sapienciales que recogen la gran sabiduría acumulada por siglos del pueblo de Israel: Eclesiástico, Eclesiastés, Sabiduría, Proverbios, Salmos, Job. Todos son libros preciosos que nos hablan precisamente de cómo llevar una vida iluminada de cara a Dios, con sensatez y con serenidad. Nos dirá el libro del Eclesiástico en la primera lectura de hoy: “Que a los que se arrepienten de corazón, Dios les permite volver a Él y consuela a aquellos que han perdido la esperanza y los hace partícipes de la suerte bendita, la suerte eterna de los hombres justos”. Agregará el libro del Eclesiástico: “Que el Señor retorna a quien abandona el pecado y elimina cualquier obstáculo que haya entre el hombre y Dios, y nos invita, nos exhorta, vuélvete, regresa al Altísimo, apártate de toda injusticia y detesta con toda el alma la abominación, el pecado”. Hoy cuando hemos trivializado, banalizado, cuando nos parece que es una tontería hablar de pecado en el lenguaje del hombre de la modernidad tardía, nos dice este libro precioso de la Biblia: “Cómo con todo el corazón, con toda la fuerza del alma, debemos detestar y sobre todo rechazar aquello que nos mata interiormente, el pecado”, recordando la famosa expresión evangélica de Jesús cuando afirma: “No teman a aquellos que matan el cuerpo, pero no pueden hacer nada más; teman a aquellos que matan el alma y los aparta de manera definitiva de Dios”. Por eso continúa el libro del Eclesiástico diciendo: “Reconoce los justos juicios de Dios, permanece en el lugar, en la tarea que se te ha sido asignada”, y continúa: “Persevera en la oración al Dios Altísimo”. Y concluirá este texto de la primera lectura diciendo: “Que el hombre que muere es como aquel que desaparece para alabar a Dios y sólo por el contrario el que está vivo, es capaz de gozarse, de adorar, de alabar al Señor de los cielos”. Esta frase me hace recordar una expresión impresionante del gran padre de la Iglesia, san Agustín, cuando afirmaba: “Que cuando se le quita la vida, cuando se mata un hombre, lo peor no es quitarle la vida en sí misma, el gran don de Dios para cada uno de nosotros; sino que cuando se mata a alguien se le quita la posibilidad de convertir su corazón a Dios y de poder alabar al Señor”. Hoy, muertos por el pecado, tristes en nuestro corazón, rotas nuestras relaciones familiares, aislados de los demás, experimentas una gran dificultad para alabar a Dios, no dejes que el pecado mate tu vida interior, tu vida profunda, la vida divina, la vida de Dios que hay dentro de ti. Pero pasemos al salmo precioso por demás, cuando nos invita a reconocer como una auténtica bienaventuranza a aquel hombre, aquella alma, aquella persona que está absuelta de su culpa, de su pecado, a quien el Señor no le ha tenido en cuenta su falta: “Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito, y en cuyo espíritu no hay engaño”. Dirá el salmista: “Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito, me propuse a mí mismo, confesaré al Señor mi pecado y tú, en tu gran bondad, perdonaste mi culpa y mi pecado”. Y finalmente, invitará: “A que todo hombre fiel suplique a Dios en el momento de la desgracia, de la tragedia, para que la crecida de las aguas caudalosas no lo alcancen y reconozcamos que solo en Dios encontramos refugio seguro, que sólo Dios nos libra de los peligros y sólo con Dios estamos llenos, inspirados para entonar cantos de liberación”. Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado de Marcos, capítulo 10. Esta página preciosa, se da justo después del primer anuncio de la Pasión del Señor, y debe de ser leída precisamente en este contexto. Los versículos anteriores nos habían mostrado, primero: “La exigencia de un matrimonio monogámico con una sola mujer, un matrimonio indisoluble, algo que parecía incomprensible para el judío medio de hace 2000 años”. Luego, en un segundo momento, nos ha hablado: “De la necesidad de hacernos como niños, cosa que tampoco parecía sensata para los hombres de la Biblia, porque miraban a los niños con cierto desprecio”. Y ahora, en un tercer momento, en el evangelio de hoy, se nos presenta la figura del hombre rico que quiere seguir a Jesús, pero por las riquezas que tiene no es capaz de romper con ellas y se vuelven una verdadera atadura que lo llevan con tristeza a alejarse de Dios. Pero detallemos en este evangelio cómo el hombre que otros evangelistas señalan como una persona aún muy joven se acerca corriendo a Jesús, se arrodilla sino en actitud de adoración, por lo menos de gran respeto ante Él, y lo llama a Jesús: “El Maestro bueno” y hace la gran pregunta en la vida ¿cómo vivir más allá de la muerte?, ¿cómo alcanzar la vida en plenitud? Una pregunta existencial hasta el tuétano, hasta lo más hondo de la raíz que hoy en los afanes y prisas por la vida, por hacer dinero, por trabajar, se nos ha olvidado formularnos este interrogante ¿cómo alcanzar la vida eterna? Jesús aclarará a su interlocutor: “Que Él no es bueno, que sólo es bueno el Padre de los cielos, que todo lo ha hecho con justicia y amor”. Y hará una enunciación de algunos de los más importantes mandamientos: “No matar, no adulterar, no robar, no dar falso testimonio, no engañar con estafas a nadie, honrar a papá y mamá”. El joven responde: “Desde siempre he cumplido con estos mandamientos”, y en una expresión muy especial nos dirá Marcos: “Que Jesús se quedó mirándolo con amor”, otra traducción afirmará: “Jesús, mirándolo lo amó” y le pide una exigencia final: “Tienes que renunciar a los apegos materiales, vender las posesiones humanas que tiene y darse cuenta que el gran tesoro no está aquí en las cosas del mundo, sino en el cielo”. Sabemos hasta la saciedad la respuesta de este personaje del evangelio, que frunce el ceño en señal de rechazo y también de tristeza, quizá de autorreproche ante la exhortación de Jesús. Da media vuelta y se aleja de Jesús, no se compromete con su seguimiento, y dirá el evangelista Marcos: “Porque era muy rico”. Frente a esta realidad, Jesús expresará no para este chico, sino para todos nosotros en todos los tiempos: “Qué difícil será para un hombre, para una mujer que han puesto en las riquezas todo el centro de su vida, que han puesto su corazón en atesorar bienes. Qué difícil será que accedan al Reino de los cielos, que alcancen la vida eterna”. Los discípulos se escandalizan ante estas palabras, probablemente porque sentían algunos apegos interiores o exteriores, materiales o afectivos y Jesús simplemente dice, (retomando una imagen muy potente, del animal más grande conocido en la mentalidad bíblica, el camello y el ojal más pequeño reconocido en la época, el ojal de una aguja), y dirá en una frase hiperbólica o exagerada: “Más fácil entrará un camello por el ojal de una aguja, que una persona que coloque su corazón en las riquezas, acceder en la dinámica y en el don del Reino de Dios”. Los discípulos, otra vez sorprendidos piensan ¿quién puede salvarse? Y Jesús, retomando lo que Dios en su momento dirá a Sara, (la estéril que da a luz a Isaac, o lo que le dirá el arcángel Gabriel a María, a la Virgen que también queda embarazada), dirá: “Lo que para el hombre es imposible, para Dios es posible, Dios lo puede todo, sólo Dios y su amor puede hacernos desprendidos, libres, no apegados, no esclavizados de los bienes, el dinero y lo que llamamos las riquezas de esta tierra”. Señor, frente al dios del mundo, el dios mammón, danos una profunda libertad interior. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 10, 17-27 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Sirácida 17, 20-28 A los que se arrepienten, el Señor los ayuda a volver, y él reanima a los que pierden la esperanza. Vuélvete al Señor y deja ya de pecar, póstrate en su presencia y quita los obstáculos. Aléjate de la injusticia y vuélvete al Altísimo, aborrece con toda el alma lo que él aborrece. ¿Quién alabará al Altísimo en el sepulcro, como aquellos que le dan gloria mientras viven? El muerto ya no alaba al Señor, pues ya no existe; es el bueno y sano quien le da gloria. Cuán grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que se vuelven a él. Palabra del Señor. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo 31, 1-2. 5. 6. 7 Perdona, Señor, nuestros pecados. Dichoso aquel que ha sido absuelto de su culpa y su pecado. Dichoso aquel en el que Dios no encuentra ni delito ni engaño. Perdona, Señor, nuestros pecados. Ante el Señor reconocí mi culpa, no oculté mi pecado. Te confesé, Señor, mi gran delito y tú me has perdonado. Perdona, Señor, nuestros pecados. Por eso, en el momento de la angustia, que todo fiel te invoque, y no lo alcanzarán las grandes aguas aunque éstas se desborden Perdona, Señor, nuestros pecados. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 10, 17-27 En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?» Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre». Entonces él le contestó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven». Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme». Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!» Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: «Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios». Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: «Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Bienes materialesCercanía con DiosComunión con DiosEl pecadoEl apegoFalta de confianzaObrar de DiosObstáculos para llegar a DiosRelación con DiosSan MarcosVencer la tentaciónBibliaEvangelio¡El gran obstáculo para llegar a Dios!Relación con Dios