Fundación Amén Comunicaciones2023-07-172023-07-172023-03-11http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/79https://drive.google.com/file/d/1BfUiLPoBxTlSSaqSSK5vG6Gr8T6JSSVG/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Recuerdo vivamente los años de formación en el seminario y como un profesor de teología nos señalaba a propósito de la parábola del hijo pródigo, llamada hoy la parábola del Padre Misericordioso, como se podría quemar todas las páginas de la Biblia, pero si solo quedara este pasaje del capítulo 15 del evangelista según san Lucas, tendríamos una clara fotografía de lo que es el corazón misericordioso, inmensamente misericordioso, infinitamente misericordioso de Dios. Este conocidísimo texto evangélico que todos hemos escuchado en distintos momentos de nuestra vida, deja profundas enseñanzas, señalemos aquí algunas. La primera, se trata de una parábola que es un canto al amor de Dios, que no solo espera, sino que busca y si se quiere persigue al hombre pecador en su dureza hasta recuperarle, lo diré con otras palabras, Dios no se cansa de buscar al hombre, Dios no se cansa de recuperar al pecador, Dios no se cansa de amarnos a diferencia de los hombres. A este propósito vale la pena recordar, una famosa expresión del Papa Francisco, enunciada muy al comienzo de su pontificado cuando afirmaba: “Más fácil se cansa el hombre de pedir perdón a Dios, que Dios cansarse de perdonar al hombre”. Esta certeza nos tiene que acompañar a lo largo de la vida y la parábola de este Padre Misericordioso que no deja de esperar a este hijo cabeza de chorlito, hijo calavera, ovejita extraviada en el redil de la familia, es un ejemplo de confianza, de consuelo, y de esperanza para nuestra vida. Pero en una segunda conclusión decimos, que esta parábola es de alguna manera una crítica al hombre parcialmente creyente y harto de sí mismo, que cree que no necesita de nadie. ¿Acaso no es la historia del hijo menor que nunca conoció profundamente a su padre y que por eso el alejarse de él, de la casa le parece lo más natural?, ¿acaso no es la imagen del hombre autosuficiente de todos los tiempos, que empieza una búsqueda de plenitud y felicidad para su vida en las cosas del mundo y al final se experimenta desnudo, mal pagado, humillado por la vida?, porque eso hace el mundo, y digamos está expresión “los amigotes” que no los amigos, los amigotes del mundo dejan solo y abandonado al hombre a su destino. La autosuficiencia de este hijo menor se cae, reflexiona mirando su interior y empieza un camino afortunado de penitencia al descubrir que él no es más que un pobre hombre que necesita de su padre, que necesita de su casa paterna, que necesita de Dios y su amor. La libertad está en el amor es lo que más nos llama la atención y este hijo pródigo buscando la libertad en el mundo, encontró esclavitud y pensando que el Padre Dios con sus normas lo iba a esclavizar, cuando al contrario Él era el que le daba libertad. El hijo pródigo al reencontrarse con su padre en el fondo se reencuentra consigo mismo, se reconcilia con su historia y descubre su identidad fundamental de ser llamado a una plena humanidad. Hoy reconoce, que todos tenemos algo de esa imagen del hijo menor, que en los años locos de juventud, buscando en “los amigotes”, en los placeres efímeros, en los disfrutes terrenales de la comida, del placer, de los excesos, del sexo; creemos encontrar la plenitud y la felicidad para nuestra vida cuando al final nos sentimos humillados cuidando cerdos como lo hizo el hijo en la parábola y al final esclavos, por eso reencontrarte con el Padre, reencontrarte con Dios es reencontrarte contigo mismo y descubrir la libertad no está en el mundo que esclaviza, la libertad está en Dios, aunque el mundo nos diga que las leyes de Dios, nos digan falsamente que las leyes de Dios nos oprimen. Pero hay una tercera conclusión, el Padre Dios recibe a su hijo sin reproches, sin reclamos, sin preguntarle nada, la misericordia de Dios a diferencia de la misericordia humana no tiene límites. ¿Cuántas veces y piensa en personas cercanas a tu familia, cuando te has equivocado, cuando quieres volver a casa, cuando has recapacitado sobre los equívocos de tu vida, y vuelves sobre tus pasos, ese conyugue, esos papás, esos hermanos te reprochan tu mala vida, te reclaman y te sientes mal? así no es Dios, así no es el corazón divino, así no es la lógica de Dios. En una cuarta enseñanza y final, descubramos que lo que alegra al Padre Dios, el retorno de su hijo perdido escandaliza y pone mal y furioso al hermano mayor, “al hermano justo” que tenía el hijo menor. Este hermano mayor es la imagen, la fotografía perfecta del fariseo que es un personaje eterno, no solamente en los evangelios, en la sagrada escritura, sino en la historia de todas las sociedades. Descubramos que fariseos todos, fariseos somos todos los que hemos fabricado un Dios a nuestra imagen y semejanza, fariseos somos cuando nos fundamos en una justicia retributiva que no conoce de gratuidad, que no conoce de misericordia, que el mal lo quiere retribuir con mal. ¿No es acaso el reproche del hermano mayor? he sido bueno y obediente y nunca me has dado nada, ni un cabrito para celebrar con mis amigos, en cambio a ese perdido hijo tuyo que se gastó la fortuna, la herencia con amigotes y malas mujeres, a ese sí le mandas sacrificar en asado el ternero más gordito, más cebado de toda la finca. Hoy reconozcamos, que Dios simbolizado en la imagen del Padre de la parábola evangélica, rompe todos los moldes y todas las lógicas humanas, con razón Juan, el discípulo amado por Jesús, el que se recostó en su pecho da la más hermosa y contundente descripción de lo que es el misterio del corazón de Dios cuando afirma: “Dios es amor, y el que ama vive en Dios y Dios vive en él” Terminemos nuestra reflexión con el salmo responsorial de hoy, que nos invita a decir: El Señor es compasivo y misericordioso, bendice alma mía al Señor y todo mi ser a su santo nombre, bendice alma mía al Señor y no olvides sus beneficios, Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades, Él rescata tu vida del hueco, de la fosa del sepulcro y te colma de gracia y de ternura. Dios no está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo, podríamos decir como a veces lo hacemos los hombres, Dios no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas. Y terminamos el salmo diciendo, como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta la bondad de Dios sobre sus fieles, como dista el oriente del ocaso, así aleja Dios, nos aleja Dios de nuestros delitos. Que el Señor, que el Padre misericordioso te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BIBLICA DEL EVANGELIO Lucas 15, 1-3. 11-32 Lectura del día de hoy Lectura del libro de Miqueas 7, 14-15.18-20: Pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaad como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios. ¿Qué Dios hay como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, compasivo con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos. Salmo del día de hoy Salmo 102, Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. El Señor es compasivo y misericordioso. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. El Señor es compasivo y misericordioso. No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. El Señor es compasivo y misericordioso. Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. El Señor es compasivo y misericordioso. Evangelio del día de hoy Del evangelio según san Lucas 15,1-3.11-32: En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publica-nos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: – «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: – «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.» Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud * » Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.» El padre le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»EvangelioBibliaSan LucasMisericordiaLibertadPadre misericordiosoAutosuficiencia¡El Señor es compasivo y misericordioso!