Fundación Amén Comunicaciones2025-09-112025-09-112025-08-20http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/1034https://drive.google.com/file/d/168kmPklQ-3Q5JSF5IiHxE-dnj-J1gAbc/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Envidia! La primera lectura tomada del Libro de los Jueces en el capítulo 9, nos habla de este relato con carácter didáctico de Jotam, que nos recuerda que Dios es el verdadero rey de Israel, pero el pueblo lo rechaza prácticamente al pedir un rey como las demás naciones. Y nos sigue mostrando como frente a la conducta del juez Gedeón, simbolizada en el relato donde el olivo, la higuera y la vid rechazan el título de rey que le ofrecen, repetimos todo un relato metafórico y con un sentido didáctico y sapiencial, se opone la reflexión de Abimelec, figurado en la zarza inútil y peligrosa que busca ser proclamada rey. En el fondo nos muestra cómo hay una tentación universal y es la llamada tentación secular de parecernos al mundo. E Israel, siendo el pueblo elegido por Dios, experimenta esta tentación y quiere apartarse de ser el pueblo predilecto, de tener a Dios como rey para hacer una nación más, como muchas otras naciones, y tener como ellas un rey cualquiera. Pero ésta no es la enseñanza que Dios quiere para la Iglesia, y, por el contrario, nos invita a que nunca nos olvidemos que, en vez de buscar reyes humanos, tengamos siempre a Dios por Rey de nuestra vida, por Rey de la Iglesia. Pero pasemos al evangelio de san Mateo capítulo 20, donde descubrimos esta parábola, cómo el Reino de los cielos se parece a un propietario que empieza a contratar desde el amanecer y a lo largo del día a distintas horas, a diferentes trabajadores, diferentes labradores. Al caer de la tarde y pagar el salario a cada uno, pensando los primeros que van a recibir mucho más, empiezan a recibir el salario los últimos, trabajando una sola hora de tiempo, y los que habían trabajado todo el día, y soportado el calor y el bochorno del día están convencidos que recibirán mucho más. Pero el señor que los ha contratado les dice: “Con ustedes me he ajustado en este salario ¿por qué se incomodan si a este le quiero dar un poco más o el mismo salario por menor tiempo? ¿Acaso van a tener envidia porque soy bueno con estas personas?, ¿acaso no tengo libertad para obrar como quiero en mis asuntos personales?” Esto nos pone a nosotros a pensar cómo poquísimas veces Jesús utiliza en su vocabulario la palabra envidia. Detengámonos en ella y de entrada digamos, que el diablo entró en el mundo por la puerta de la envidia, fue Caín que mató a Abel, su hermano, por envidia. Fue José, hijo de Jacob, vendido a unos comerciantes madianitas por sus hermanos mayores, por envidia. ¿Pero qué es la envidia?, nos preguntamos nosotros. Y podríamos decir que es un sentimiento o estado mental de dolor, de desdicha por no poseer uno mismo lo que otro tiene en bienes, en suerte, en cualidades, en belleza, en talentos, en inteligencia, en afecto y reconocimientos humanos. De alguna manera la envidia es la tristeza o el pesar por el bien ajeno o la alegría por el mal y el fracaso del otro. Siempre es la emulación y el deseo de algo que no poseemos. Un pensador, Bertrand Russell, Premio Nobel de Literatura en 1950, decía “que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad universal, es uno de los más desafortunados aspectos de la naturaleza humana, porque alimenta el deseo de producir y generar el mal para otros”. Es que la verdad es que por lo general envidiamos a nuestros pares, los que son como nosotros por género, mujer con mujer, hombre con hombre. En edad, joven con joven, adulto con adulto. En nivel social, pobre con pobre, rico con pobre. En profesión, médico con médico, ingeniero con ingeniero, sacerdote con sacerdote. Buscamos nuestros pares y aún es paradójico, pero resulta que aún superiores jerárquicos pueden tener envidia y celos de otro. Pero ¿de dónde surge este sentimiento cuando Jesús reclama a esos trabajadores de la primera hora del día que no tengan envidia porque ha pagado igual jornal a los trabajadores de la última hora del día, de dónde surge este sentimiento en nosotros? Y podemos darnos varias explicaciones. La primera, tener sentimientos de inferioridad, baja autoestima por limitaciones físicas, intelectuales, deportivas, de talento, porque nos sentimos inferiores a los demás. Pero también somos envidiosos cuando en nosotros se alberga un sentimiento de infelicidad y pensamos que la vida es injusta, que nos ha dado menos oportunidades, que tenemos menos suerte, que a otros les ha ido mejor que a nosotros. También a veces surge la envidia en nuestro corazón, porque no sabemos agradecer ni valorar las cosas buenas que Dios nos ha dado. Igualmente surge la envidia como una autojustificación de mi frustración personal, de mi fracaso propio en el cual yo genero proyecciones sobre la persona envidiada y genero intriga contra ella, maledicencia, pero en el fondo es mi propia frustración o fracaso personal, afectivo, económico, laboral, profesional. Finalmente diré, que la envidia está en el centro del mundo del pecado personal, porque hay un egocentrismo inconsciente que nos lleva a nosotros a ponernos en el centro de las familias, en el centro de la sociedad, en el centro de la vida. Y cuando descubrimos que no somos ese centro y no tenemos ese reconocimiento surge envidia entre nosotros. ¿Cómo se activa la envidia?, te pregunto y la respuesta es, busca desaparecer, busca desprestigiar, busca dañar por la calumnia, la difamación, la agresión psicológica, la zancadilla, el abuso de poder sobre la persona envidiada. Por eso es doloroso decir que en nuestro mundo la envidia se ha magnificado, amplificado en las redes sociales, donde buscamos la muerte moral, la muerte psicológica, la muerte emocional, la muerte social, la muerte afectiva sobre otra persona que queremos que desaparezca del horizonte de nuestra vida por la vía del desprestigio, del daño a su reputación, de la agresión psicológica, del abuso de poder sobre esa persona. Pero bueno, avancemos en nuestra reflexión y preguntémonos ¿cuáles son los caminos para superar la envidia? Y te propondré varias alternativas. La primera, aprende a agradecer y a valorar todo lo que Dios te ha dado. No te pases tu vida comparándote con los demás, reclamando que la vida te ha dado menos que a otros en el amor, en la inteligencia, en la belleza, en la salud, en los negocios, en oportunidades. Nunca olvides que, por rivalizar, por competir e imitar la vida de otros, se te olvida vivir tu propio proyecto de vida. Agradece y valora lo que Dios te ha dado, que, si el otro tiene más talentos, tal vez tendrá cruces más grandes que las tuyas. Segundo camino de superación de la envidia recuerda que Dios es justo, que lo que te negó en una dimensión de la vida a ti se te dio en abundancia por otro lado, y que Dios da grandes talentos a una persona. Y decimos coloquialmente “es que se lo dio todo en la vida”, pero también le permite grandes cruces, grandes pruebas en su vida que tú nunca quisieras y que tal vez no podrías soportar. En un tercer camino de superación de la envidia, recuerda que nuestro mayor enemigo no es el otro, somos nosotros. Cuando buscamos competir por superar a un hermano, a un cónyuge, a un colega de profesión, en el fondo te invito para que compitas por superarte a ti mismo en tus celos, en tus resentimientos, en tu mirada recortada de la vida. No te victimices señalando de injusta la vida, supera tus miedos y complejos asumiéndolos y aceptándolos con paz y reconoce el amor gratuito e incondicional y eterno de Dios por ti y por todos. Así sanarás y así reconocerás que Dios, que es justo, hace salir el sol sobre buenos y malos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Pero de manera más humana te invito en un cuarto camino a canalizar frente al agresor esa envidia benigna, sana la emulación sin agresividad ni hostilidad. Canaliza de manera benigna esa envidia y vuélvela admiración frente a aquella persona que te cuesta aceptar en sus talentos y en sus dones. En un quinto camino, descubre que en fe todo sirve para el bien de aquellos que aman a Dios y si has sido envidiado, recuerda a José en Egipto, vendido por sus hermanos, que, ganando la confianza del faraón, salvó a su pueblo de una hambruna terrible. En un sexto camino reconoce que Dios protege al hombre justo, y aunque sufra muchos males, al final de todos lo libra. De manera que no te desesperes, no te angusties cuando seas víctima de la maledicencia, los celos rabiosos, la envidia de otros. En un camino final te invito a amar al envidioso, así lo desarmas. Recuerda que Dios escribe derecho en renglones torcidos y si amas al envidioso y más allá de las intrigas humanas, reconoce que Dios va desarrollando su plan misterioso de salvación. Y así, en el mismo Jesucristo, que murió por envidia de los líderes religiosos judíos, Él desde su muerte en cruz, nos alcanzó la salvación para todos. Termino con unas sencillas frases de pensadores que me han hecho reflexionar sobre el misterio de la envidia. Napoleón Bonaparte decía: “La envidia es una declaración de inferioridad”, aunque no lo digamos de manera verbal y consciente, estamos declarando nuestra inferioridad mental, intelectual frente a la persona envidiada. Un proverbio árabe afirma: “Castiga a los envidiosos haciéndoles siempre el bien”. Arthur Schopenhauer afirmará: “Nadie es realmente digno de envidia, mira tu vida y lucha por cumplir tus ideales”. Miguel de Unamuno, otro pensador, dirá: “Que la envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque la envidia es hambre espiritual”. Y un autor anónimo afirmará: “Al envidioso lo enflaquece la gordura del otro”. Que el Señor nos ayude no a sentir envidia y tampoco a ser envidiados, y que nos dé la libertad frente a un sentimiento tan mezquino, tan universal y tan molesto. Y pidamos la bendición divina en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 20, 1-16 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del Libro de los Jueces 9, 6-15: En aquellos días, los de Siquén y todos los de, El Terraplén se reunieron para proclamar rey a Abimelec, junto a la encina de Siquén. En cuanto se enteró Yotán fue, y en pie sobre la cumbre del monte Garizín, les dijo a voz en grito: - ¡Oídme, vecinos de Siquén, así Dios os escuche! Una vez fueron los árboles a elegirse rey, y dijeron al olivo: «¡Sé nuestro rey!» Pero dijo el olivo: «¿Y voy a dejar mi aceite, con el que engordan dioses y hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?» Entonces dijeron a la higuera: «¡Ven a ser nuestro rey!» Pero dijo la higuera: «¿Y voy a dejar mi dulce fruto sabroso, para ir a mecerme sobre los árboles?» Entonces dijeron a la vid: «¡Ven a ser nuestro rey!» Pero dijo la vid: «¿Y voy a dejar mi mosto, que alegra a dioses y hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?» Entonces dijeron todos a la zarza: «¡Ven a ser nuestro rey!» Y les dijo la zarza: «Si de veras queréis ungirme rey vuestro, venid a cobijaros bajo mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.» Palabra de Dios, Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (21)20, 2-3.4-5.6-7: Señor, el rey se alegra por tu fuerza. ¡Señor, el rey se alegra por su fuerza, y cuánto goza con tu victoria! Le has concedido el deseo de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios. Señor, el rey se alegra por tu fuerza. Te adelantaste a bendecirlo con el éxito, y has puesto en su cabeza una corona de oro fino. Te pidió vida y se la has concedido, años que se prolongan sin término. Señor, el rey se alegra por tu fuerza. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 20, 1-16: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: -Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: - ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: -Nadie nos ha contratado. Él les dijo: -Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: -Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: -Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. El replicó a uno de ellos: -Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Baja autoestimaCalumniarCorazón puroDesprestigiarDifamarDureza de corazónLimitaciones físicaLimitaciones intelectualesNo saber agradecerSan MateoSentimientos de inferioridadBibliaEvangelio¡Envidia!¿Cómo surge la envidia?