Fundación Amén Cominicaciones2023-12-012023-12-012023-11-20http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/187https://drive.google.com/file/d/13h6y6QQEpya2PYRcT0jIBpOHt-0F6RUz/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En uno de los más hermosos pasajes evangélicos, por lo menos de manera personal así lo percibo, encontramos la sanación que Jesús hace del ciego de Jericó. Pero descubramos unas etapas especialícimas, y reconozcamos que muchas veces en la vida nosotros también estamos ciegos, por lo menos espiritualmente, y no reconocemos el pasar de Dios por nuestra vida. Comencemos. Primer momento, el ciego de Jericó estaba sentado al borde del camino. El estar sentado implica que no es protagonista de su vida, no está de pie, el indicativo de estar al borde del camino indica, que es un hombre que vive en la periferia de su proyecto existencial, sobre el límite de su vida; no es un hombre que está centrado en el proyecto que Dios ha construido sobre él. Finalmente, se nos dice en este primer momento, que el ciego estaba pidiendo limosna. Y a veces me parece pensar, que vivimos la vida limosneando cariño, aprobación, reconocimiento de los demás. En un segundo momento descubrimos, que el ciego clama, grita a Jesús desde la única realidad, desde la que nosotros podemos tocar el corazón de Dios en Cristo, su misericordia. En efecto, el ciego grita: “Jesús, descendiente del rey David, ten misericordia de mí, ten compasión de mí”. Siempre que te sientas en tu vida abrumado por el peso de las dificultades, sientas ceguera espiritual e incapacidad para tomar decisiones, clama como el ciego de Jericó: “Señor, ten compasión de mí, ten misericordia de mí”. En un tercer momento, escuchamos como la multitud regañaba al ciego de Jericó para que se callara, pero él no se desanimó, por el contrario, gritó más fuerte, clamó con más convicción a Jesús: “Hijo de David, ten compasión de mi. No acudo a tu poder, no acudo a tu omnipotencia, acudo a tu misericordia que sé que no falla, acudo a tu compasión”. Muchas personas a veces, son piedra de escándalo para nosotros. Usted que busca tanto a Dios, usted que escucha tanto esta Eucaristía digital, usted que dice que reza tanto y mire su vida que no cambia. No nos dejemos desanimar, por las oposiciones, los regaños, los desánimos de los demás; por el contrario, como el ciego de Jericó, clamemos con más fuerza, con más insistencia: “Jesús, descendiente del rey David, ten compasión de mí”. En un cuarto momento, encontramos que Jesús pide que se lleve el ciego a su presencia, y la pregunta no puede ser más existencial, no está dirigida solamente al ciego de Jericó, sino a cada uno de nosotros: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Es la pregunta que hoy en el siglo XXI Jesús nos dirige a cada uno de nosotros. “¿Qué quieres que haga por ti?”, ¿en qué te puedo ayudar?, ¿en qué puedo renovar, transformar tu vida?. En un quinto momento, y es una respuesta impresionante. El ciego acostumbrado a mendigar dinero, no pide oro, plata, monedas, ni siquiera pide comida, alimentos, vestido, nada de esto, que es lo que hacemos los seres humanos constantemente clamándole a Dios: Dios, dame dinero, Dios, dame trabajo, Dios, dame salud, Dios, dame los alimentos, Dios, dame lo que necesito cada día, no. El ciego de Jericó le dice: “Señor, qué te pido, que pueda ver otra vez”. Quizás es la súplica más grande que le podemos formular a Jesucristo: ¡Señor, dame luz a mi vida, dame claridad en mi proyecto de sacerdocio, en mi proyecto de matrimonio. Señor, dame luz sobre cómo manejar esta relación conflictiva con esta persona o con aquella otra. Señor, que pueda ver otra vez!. En un sexto momento, Jesús, actuando con poder, amor y autoridad le dice: “Recobra tu vista”. El ciego ha sido sanado, pero Jesús señala la causa de la sanación: “Tu fe te ha curado”. La fe que mueve montañas, la fe que realiza imposibles humanos, la fe que nos pide constantemente Jesús a lo largo de todos los evangelios, la fe que nos recomienda la Biblia en su mensaje universal, entendida como confianza absoluta en Dios y en su poder amoroso. Termina el texto evangélico en un séptimo y último momento, el ciego recobró la vista y siguió a Jesús glorificando a Dios. El ciego, que ya no es ciego, tiene luz, empieza a ser discipulado; en efecto nos dice el evangelio, lo siguió, hace seguimiento de Jesús. Hoy, reconozcámonos un poco ciegos nosotros y pidamos en estos siete momentos que hemos detallado, Señor, que yo encuentre luz en mi vida, que yo apunte a lo esencial de mi existencia, que yo pueda ver con claridad, la salvación que tú prometes para el mundo. Que el Señor te bendiga, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 18, 35-43 Lectura del día de hoy Lectura del primer libro de los Macabeos 1, 10-15.41-43.54-57.62.64: En aquellos días, brotó un renuevo pecador, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que estuvo como rehén en Roma. Subió al trono el año ciento treinta y siete del imperio de los griegos. Por entonces hubo unos israelitas sin conciencia que convencieron a muchos: -Vamos a hacer un pacto con las naciones vecinas, pues desde que nos hemos aislado nos han venido muchas desgracias. Gustó la propuesta, y algunos del pueblo se decidieron a ir al rey. El rey los autorizó a adoptar la legislación gentil; y entonces, acomodándose a las costumbres de los gentiles, construyeron en Jerusalén un gimnasio, disimularon la circuncisión, apostataron de la alianza santa, se juntaron a los gentiles y se vendieron para hacer el mal. El rey decretó la unidad nacional para todos sus súbditos, obligando a todos a abandonar su legislación particular. Todas las naciones acataron la orden del rey e incluso muchos israelitas adoptaron la religión oficial: ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado. El día quince de diciembre del año ciento cuarenta y cinco, el rey Antíoco mandó poner sobre el altar una ara sacrílega; y fueron poniendo aras por todas las poblaciones judías del contorno. Quemaban incienso ante las puertas de las casas y en las plazas. Los libros de la Ley que encontraban, los rasgaban y los echaban al fuego; al que le encontraban en casa un libro de la Alianza, y al que vivía de acuerdo con la Ley, lo ajusticiaban según el decreto real. Pero hubo muchos israelitas que resistieron, haciendo el firme propósito de no comer alimentos impuros. Prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos y profanar la alianza santa. Y murieron. Una cólera terrible se abatió sobre Israel. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (119) Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Sentí indignación ante los malvados, que abandonan tu voluntad. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Los lazos de los malvados me envuelven, pero no olvido tu voluntad. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Líbrame de la opresión de los hombres y guardaré tus decretos. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Ya se acercan mis inicuos perseguidores, están lejos de tu voluntad. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. La justicia está lejos de los malvados, que no buscan tus leyes. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Viendo a los renegados sentía asco, porque no guardan tus mandatos. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Evangelio del día de hoy Del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43 En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: -Pasa, Jesús Nazareno. Entonces gritó: – ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: – ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús, se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: – ¿Qué quieres que haga por ti? él dijo: -Señor, que vea otra vez. Jesús le contestó: -Recobra la vista, tu fe te ha curado. Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AprobaciónCariñoCeguera espiritualCiego de JericóClaridadCompasiónLimosnearLuzMisericordiaReconocimientoBibliaEvangelio¡Señor que pueda ver!Cegueras