Fundación Amén Comunicaciones2024-11-082024-11-082024-11-05http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/735https://drive.google.com/file/d/1geq89an3WLNMxD1af-8xtz0H1clRlHTD/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El precioso y conocido texto del apóstol Pablo en una carta que dirige a la comunidad de los filipenses y contenido en el capítulo 2, es un precioso himno cristológico referido a la persona divina de Cristo, en donde el apóstol nos invita: “A tener los mismos sentimientos, los propios del Corazón de Cristo Jesús”. Empezará a enunciar: “Que siendo Él de condición divina, por su profunda humildad de corazón, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que, al contrario, se despojó de sí mismo, tomando la condición de un pequeño siervo, y se hizo semejante a los hombres”. Este acto de humillación de sí mismo, de abajamiento, de anonadamiento (hacerse nada), se llama en la teología kenosis, el abajamiento kenotico, Jesús se hace el último y obediente al Padre Dios, obediente hasta el final de su vida, hasta la muerte, y una muerte de cruz totalmente ignominiosa, humillante, desacreditadora para Él. Pero culminará este bello himno cristológico hablando de la humildad de Cristo y cómo se hizo nada ante Dios, terminará mostrando que ese es el camino único para la exaltación y la gloria. Y dirá literalmente: “Por eso Dios exaltó a Cristo sobre toda criatura y le concedió el nombre sobre todo nombre, de modo que al nombre de Jesús en esta tierra se doble toda rodilla en el cielo y en el abismo hagan lo mismo, se doble toda rodilla, se incline ante Él y toda lengua proclame Jesucristo es Señor, Jesucristo es Salvador para gloria de Dios Padre”. Esta primera lectura bellísima, (que sería tema de todo un retiro espiritual), el abajamiento de Jesús haciéndose el último hombre y siendo Él de condición divina, nos introduce al evangelio de hoy, cuando Jesús llama Bienaventurados a aquellos que participen de la fiesta del Reino de Dios, entendida como una gran comida, una gran cena, un gran banquete, y nos colocará la parábola del hombre, que dando una gran comida invitó a mucha gente, pero todos los invitados se fueron excusando uno a otro y lo desairaron, lo plantaron, “lo dejaron con los crespos hechos”, como dicen nuestras madres. Pero el hombre, lejos de desanimarse, llamó a sus criados, al fin de cuentas era rey, y volvió a invitar, ya no a los importantes, sino que salieran los criados a los cruces de las calles, a las esquinas de las plazas, y a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y cojos, a los que no cuentan, que vayan y llenen la sala donde se realiza el banquete, la fiesta de la vida, la fiesta del Reino de Dios, y seguirles insistiendo sin desánimo hasta que entren todos y se llene la casa. De todo esto aprendamos tres enseñanzas para nuestra vida. La primera, qué bienaventurados seremos si participamos de la fiesta de la vida, de la fiesta del banquete, de la fiesta del Reino de los Cielos. Así los llama Jesús al comenzar en este evangelio de Lucas, capítulo 14: “Bienaventurado el que coma en el Reino de Dios”. Pero hay una segunda enseñanza, y es que a pesar de que lo más grande que nos puede pasar es participar en la fiesta del Reino de los Cielos, aunque muchos son los invitados, pocos responden, pocos son escogidos, pocos entran realmente en la sala de banquetes. Andamos tan ocupados en el mundo en temas de negocios, compras de propiedades, ensayo de animales, estar ocupados en el matrimonio, en la familia, y andamos tan indiferentes con Dios y su Reino, que, aunque todos somos invitados a la fiesta de la vida, muy pocos responden. Descubrimos una realidad en esta parábola y es la indiferencia, que palabra tan dura frente a Dios, el desprecio, otra palabra doblemente dura que el ser humano hoy tiene frente a Dios, y la rebeldía, una palabra triplemente dura que tiene el hombre frente a Dios. Indiferencia, desprecio o aún rebeldía frente a la llamada divina a participar de la fiesta de la vida. Qué tristeza sentirá Dios viendo cómo con amor exquisito, con dulzura inmensa, nos llama a participar de su Reino y nosotros le somos indiferentes, despreciativos y rebeldes. Pero culminamos nuestra reflexión con una tercera enseñanza y final, y es que, por encima de todo, el Rey imagen de Dios realizará la fiesta. No se deja desanimar por el desplante, la indiferencia, la negación de algunos de participar en esta cena importante e invita nuevas personas, vincula nuevos invitados. Tal vez no son los importantes del mundo, son por el contrario los despreciados del mundo, los no esperados, los que llegan a última hora, pero que son importantes para Dios. Hoy te pregunto ¿cómo es tu vida frente a personas, situaciones, la misma vida de oración, la vida sacramental cuando Dios te llama en momentos puntuales de tu vida a buscarlo?, ¿vives de espaldas a Dios?, ¿vives despreciando a Dios?, ¿vives en rebeldía contra Dios? Bienaventurado el que viva de cara y de frente al rostro de Dios. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 14, 15-24 Lecturas del día de hoy: Primera Lectura: Flp 2, 5-11: Se rebajó por eso Dios lo levantó. Hermanos: Tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús. El, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre sobre todo nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo, y toda lengua proclame: «¡Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy: Salmo 21,26b-27.28-30a.31-32: El Señor es mi esperanza en la gran asamblea. Cumpliré mis votos delante de tus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que le buscan: viva su corazón por siempre. El Señor es mi esperanza en la gran asamblea. Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Porque del Señor es el reino, él gobierna a los pueblos; ante él se postrarán las cenizas de la tumba. El Señor es mi esperanza en la gran asamblea. Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá; hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor. El Señor es mi esperanza en la gran asamblea. Evangelio del día de hoy: Lc 14, 15-24: Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa. En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: -«¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!» Jesús le contestó: -«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: «Venid, que ya está preparado.» Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: «He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. » Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.» Otro dijo: «Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.» El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: «Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.» El criado dijo: «Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.» Entonces el amo le dijo: «Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.» Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.BanqueteBienaventuradosImportantes para DiosFiesta del banqueteFiesta del Reino de los CielosLos despreciados del mundoPocos respondenSan LucasTodos somos invitadosVida eternaVivir con lo ojos fijos en DiosBibliaEvangelio¿Vives de espaldas a Dios?Fiesta de la vida