Fundación Amén Comunicaciones2024-10-212024-10-212024-10-18http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/717https://drive.google.com/file/d/1JQUKY25B3MJxGonOP7xEVFD9rANOa-KQ/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En la fiesta litúrgica del evangelista san Lucas, nos habla la primera lectura tomada de Pablo a Timoteo, de la fidelidad del apóstol que siempre lo acompañó a él y, por el contrario, denuncia los sinsabores, las ingratitudes, los abandonos que vivió por parte de otros evangelizadores. En efecto afirmará Pablo: “Dimas me ha dejado enamorado de este mundo presente y se ha marchado a Tesalónica, Crescente se ha ido a Galacia, Tito a Dalmacia”. Luego hablará de manera particular de un tal Alejandro el metalúrgico, y dirá el apóstol Pablo: “Que Alejandro se ha portado muy mal conmigo, el Señor le pagará todo lo que ha hecho, ten cuidado con él tú también, porque se opuso violentamente a mis palabras”. En el fondo descubrimos que la oposición al evangelio, al anuncio del mensaje de Cristo, ha sido de siempre, desde los orígenes mismos de la fe cristiana. Concluirá Pablo esta sentida carta a Timoteo afirmando en la primera lectura de hoy: “La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, nadie me asistió, que Dios los perdone, pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los pueblos gentiles, (esto es, el pueblo no judío)”. Descubrimos que cuando a veces sentimos desánimos por las incomprensiones humanas, esto ha sido de siempre, y que si lo vivió Jesucristo, los primeros apóstoles, incluido san Pablo, ¿por qué nosotros 2000 años después, no lo vamos a vivir? Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado precisamente de la fiesta del día, donde Lucas nos habla cómo el Señor designa un grupo grande de discípulos, 72 y los envía de manera misionera, mostrando que la esencia misma de la Iglesia es la misión. Los envía con algunas instrucciones que hoy, 20 siglos después, siguen siendo completamente pertinentes. La primera de ellas, los envía de dos en dos a distintos pueblos y lugares adonde Jesús luego pensaba ir Él. Nos preguntamos por qué no los envía de manera individual y tal vez reconoce que se necesita del apoyo, el sustento espiritual, afectivo y existencial de otro compañero o compañera en el viaje del anuncio del evangelio, para no desanimarnos. Dirá Jesús: “Que la cosecha, la mies en el mundo, es abundante; pero los obreros, los evangelizadores son pocos,” y nos pedirá a todos: “No dejar nunca de rogar, no dejar nunca de orar, para que Dios mande obreros evangelizadores a su mies”. Y en un tercer momento señalará: “Pónganse, pues, en camino”. La tarea del evangelizador es la de un caminante, un itinerante, no quedarse con una sola comunidad, sino ir aquí y allí y más allá. Y afirmará de una manera figurada, simbólica, pero también dramática: “Que envía a sus evangelizadores, a sus discípulos, como inocentes e indefensos corderos en medio de lobos rapaces, de animales feroces”, una imagen evangélica que siempre nos ha sobrecogido, pero es la dinámica, la única manera como crece el anuncio del reino, desde la limpieza y rectitud de corazón del evangelizador a hombres y mujeres del mundo, llenos de malicia, de cálculos humanos y de otros intereses muy diferentes de los intereses de Cristo. En un cuarto momento nos dirá el evangelista Lucas, poniendo en labios de Jesús instrucciones a los misioneros evangelizadores, al grupo de los 72: “Que aprendan en la vida a ir ligeros de equipaje”. La fuerza de la evangelización no está en el dinero, en las cosas, en los recursos tecnológicos, en los grandes salones o los templos inmensos. Afirmará, en efecto: “No lleven talega, ni alforja, ni sandalias, y no se detengan a saludar a nadie por el camino”. Es que es tal la premura, la urgencia del anuncio del Reino de los Cielos, que no admite dilaciones, no admite que perdamos el tiempo. Hoy reconozcamos que muchas veces hemos colocado la fuerza del anuncio evangélico, en hacer grandes construcciones, inmensos salones, en tener dinero en el bolsillo, en tener algunas seguridades materiales, pero en verdad, lo único que se necesita para la evangelización, es un discípulo ligero de equipaje humano, sólo confiado en la fuerza y el fuego del Espíritu Santo, sólo siendo transparencia y revelación del mismo Jesucristo para los demás. En una quinta instrucción dirá Jesús al grupo de los 72: “Cuando vayan de casa en casa, sean portadores de paz, y si allí hay personas de buen espíritu, descansará la paz sobre ellos, si no, esa bendición de paz, regresará a ustedes”. Y afirmará en una sexta instrucción: “Quédense en la misma casa, coman y beban de lo que allí tengan, porque el obrero merece su salario”, y nos pedirá: “Que no andemos inestablemente cambiando de una casa a otra, sino que tengamos una estabilidad misionera, y entender que, si anunciamos a Jesús, Él no nos faltará con el pan de cada día, con la salud de cada día, con la unción de cada día, con la fuerza vital para anunciarlo cada día a Él”. Concluirán estas instrucciones al grupo de los 72, con una séptima enseñanza, cuando Jesús dirá a los suyos: “Si entran en un pueblo y los reciben bien, coman lo que les pongan, curen a los enfermos que hay en este lugar y digan a todos está cerca el Reino de Dios”. Hoy en el siglo XXI, 2000 años después de este primer anuncio misionero, estas instrucciones siguen siendo válidas para que los papás frente a los hijos, los maestros frente a los estudiantes, los catequistas frente a los catequizandos, los consagrados y consagradas frente a las comunidades asignadas, los mismos gobernantes frente a sus ciudadanos, aprendamos que la fuerza para cambiar el corazón humano y para renovar el mundo, no viene de nosotros mismos, sino de vivir ligeros de equipaje y llenos sólo del Espíritu de Cristo Resucitado, que Él sea siempre nuestra fuerza, nuestra luz, nuestra inspiración, y que más allá de incomprensiones, ingratitudes y abandonos humanos, como aconteció al apóstol Pablo, reconozcamos que Dios nos pide no detenernos en el anuncio del evangelio y por el contrario descubrir que las contradicciones de la vida, son signo profético de que el mensaje de Dios en Jesús, Cristo se está anunciando, se está realizando de la manera adecuada. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día y en todas tus tareas misioneras, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 10, 1-9 Lecturas del día de hoy De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 9-17ª Querido hermano: Dimas me ha dejado, enamorado de este mundo presente, y se ha marchado a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia; sólo Lucas está conmigo. Coge a Marcos y tráetelo contigo, pues me ayuda bien en la tarea. A Tíquico lo he mandado a Éfeso. El abrigo que me dejé en Troas, en casa de Carpo, tráetelo al venir, y los libros también, sobre todo los de pergamino. Alejandro, el metalúrgico, se ha portado muy mal conmigo; el Seflor le pagará lo que ha hecho. Ten cuidado con él también tú, porque se opuso violentamente a mis palabras. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (145)144, 10-11.12-13ab.17-18: Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado. Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y la majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado. Evangelio del día de hoy Del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-9 En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Anuncio del ReinoBuena noticiaEvangelizaciónFuego del corazónMisiónNo desanimarnosRectitud del corazónTareas misionerasBibliaEvangelio¡Mensajeros con fuego!Misión