Fundación Amén Comunicaciones2024-04-232024-04-232023-07-06http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/472https://drive.google.com/file/d/1XZrXG8iZBUBHRyvFNuCROlxYKmvP6XFL/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Sin lugar a dudas, uno de los más impresionantes capítulos de toda la Biblia, es el capítulo 22 del libro del Génesis que nos narra el sacrificio que Abraham iba a realizar de su hijo Isaac, el hijo de la promesa de Dios, en quien se depositaba aquella afirmación: “En este hijo tendrás descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo, como las arenas de las playas”; y Abraham, confiado en Dios, creyendo a Dios, esperándolo todo de Dios, no dudó en sacrificar en holocausto ritual y religioso a su propio hijo en la colina de Moriah, que luego será el gran centro religioso, donde se instaurará, o constituirá el gran santuario, el gran templo de Jerusalén. Allí es donde el Señor establece una alianza nueva para la época, una alianza tan importante, donde Dios elige a Israel como su pueblo y en la persona de Abraham le promete esta descendencia numerosa. En tres ocasiones aparece en Génesis 22, la expresión de Abraham: “Aquí estoy”, dirigida siempre al ángel o mensajero de Dios, este “aquí estoy” revela una total disposición del corazón para cumplir la voluntad de Dios. Pero este sacrificio que al final no se realiza y con un dramatismo único, digno de una novela de suspenso, justo cuando Abraham teniendo a su hijo en la piedra del sacrificio o altar, atado y según la costumbre con los ojos vendados, levanta un primitivo puñal para matar y ofrendar a Dios su hijo, el hijo de la promesa; el ángel o mensajero divino, llama a Abraham por su nombre y le dice: “No alargues la mano contra el muchacho, ni le hagas nada, ahora he comprobado que tienes temor de Dios, respeto por Dios, porque no te has reservado lo más querido por ti, tu hijo, tu único hijo”. Aparecerá inmediatamente un carnero enredado por los cuernos en la maleza, que será ofrecido en sacrificio ritual, en vez del hijo amado Isaac, el ángel del Señor llama nuevamente a Abraham y le hace esta manifestación inmensa: “En nombre de Dios, juro por mí mismo oráculo del Señor, por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo, como las arenas de la playa”. Hoy sintamos que la fe siempre es premiada y hoy descubramos en Abraham, llamado con justa causa el padre de la fe, que, aunque a veces vivamos o padezcamos pruebas que nos parecen supremas en la vida, que nos llevan al límite de nuestra capacidad de tolerancia, Dios no abandona, y podremos decir con toda certeza, probados en la vida muchas veces, abandonados de Dios nunca jamás. Por eso digamos con el salmista: “Caminaré en presencia del Señor, amo al Señor porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí, el día que lo llamo. Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia; invoqué el nombre del Señor: Señor, salva mi vida. El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos de corazón. Estando yo sin fuerzas me salvó, arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos”. Terminemos, con una brevísima referencia al evangelio de hoy, cuando le presentan a Jesús un paralítico acostado en una camilla y por la fe de este enfermo, la primera palabra liberadora no es sanarlo de la parálisis de sus piernas, sino de la parálisis de su corazón por el pecado y decirle: “Ánimo hijo, tus pecados quedan perdonados”. Los escribas, ciegos en su corazón, ensoberbecidos y cerrados a su ley, piensan que Jesús blasfema, y Él les dice simplemente entendiendo lo que pensaban en su corazón: “¿Qué es más fácil decirle a este hombre?, tus pecados te son perdonados, o levántate y echa a andar”. Y Jesús, para mostrar que tiene poder en la tierra para perdonar pecados, dice al paralítico: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”. Terminará el evangelista diciendo, que los testigos que observaban aquella escena quedan estupefactos, sobrecogidos y solo alababan a Dios, que da a los hombres tan grande poder. Hoy siente que Jesús vino a sanarnos, más allá de nuestras dolencias físicas, la mayor enfermedad, el mayor mal en nuestra vida, nuestro pecado personal que nos esclaviza, nos enceguece y hace que nuestra vida se vuelva una verdadera tragedia. Señor, libérame de mis parálisis, dame la capacidad de caminar, haciendo seguimiento del proyecto de vida que tú me propones. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. AménREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 9, 1-8 Lectura del día de hoy Libro del Genesis 22,1-19:6 En aquellos días, Dios puso a prueba a Abraham llamándole: -¡Abraham! El respondió: -Aquí me tienes. Dios le dijo: -Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré. Abraham madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó la leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios. El tercer día levantó Abraham los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abraham dijo a sus criados: -Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá a adorar y después volveremos con vosotros. Abraham tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a Abraham, su padre: -Padre. Él respondió: -Aquí estoy, hijo mío. El muchacho dijo: -Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio ? Abraham contestó: -Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío. Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abraham levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abraham tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: -¡Abraham, Abraham! El contestó: -Aquí me tienes. El ángel le ordenó: -No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo. Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «El monte del Señor ve». El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: -«Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.» Abrahán volvió a sus criados, y juntos se pusieron en camino hacia Berseba, y Abraham se quedó a vivir en Berseba. Salmo del día de hoy Salmo 114,1-2.3-4.5-6.8-9: Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida. Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco. Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida.» El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó. Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. Evangelio del día de hoy Lectura del evangelio según san Mateo 9, 1-8: En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados. Algunos de los letrados se dijeron: Este blasfema. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados dijo dirigiéndose al paralítico: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AmorDolencias físicasFeJesús vino a sanarteNunca abandonados de DiosPecado que esclavizaProbados en la vidaSanaciónBibliaEvangelio¡La prueba máxima de la fe!Curación del paralítico