Fundación Amén Comunicaciones2025-02-252025-02-252025-02-28http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/857https://drive.google.com/file/d/1nbURyfGf9b0dPFUdFAlJwdCqpd0gy9wW/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La más bella página de toda la Biblia sobre la amistad y el valor de un amigo, lo encontramos en este capítulo 6 del libro del Eclesiástico. Comienza en efecto, diciéndonos: “Que una palabra amable, un trato afable, multiplica los amigos y aleja los enemigos”; pero lanza una serie de advertencias a propósito de la prudencia que hay que tener a la hora de escoger los amigos y de discernir quien verdaderamente lo es. Dirá, en efecto, el libro del Eclesiástico: “Sean muchos los que estén en paz contigo, pero tus confidentes solo uno entre mil”. Recuerdo que las abuelas, en su sabiduría sencilla, pero sabiduría al fin de cuentas, afirmaban: “Amigos de mil, uno, de cien, ninguno”. Y seguramente tomaron ese aforismo o lo desarrollaron a propósito de este capítulo 6 del libro del Eclesiástico, porque continuará meditando y diciéndonos: “Si haces un amigo, ponlo primero a prueba, y no tengas prisa en confiarte a él”, y aclarará: “Porque hay amigos de ocasión, de circunstancia, que no están presentes en los momentos y en el día de la desgracia”, y aun con mayor contundencia advertirá: “Hay amigos que se convierten en enemigos y te avergüenzan descubriendo tus secretos, hay amigos que comparten tu mesa, pero en momentos de adversidad y desgracia no están contigo. Cuando las cosas van bien, son como otro yo, el alma gemela dirías tú, pero luego hablan libremente de tus secretos, de tu vida personal con tus familiares”. Y nos advertirá el autor del libro del Eclesiástico: “Si eres humillado, si se pone el supuesto amigo contra ti, si se esconde de tu presencia, aprende a descubrirlo y no corras a confiarte en él”. Y luego nos habla: “De tener a distancia los enemigos y aun incluso ser cauto, precavidos con los que llamamos amigos”. Y luego lanzará una frase que la conocemos todos cuando dirá: “Un amigo es fiel refugio, refugio seguro y quien encuentra un amigo ha encontrado un tesoro”. Tal vez es la expresión que más conocemos de la Sagrada Biblia, a propósito de esta hermosa página sobre lo que es el valor de la amistad, cuando pienso en ella: ¡Quien encuentra un amigo encuentra un tesoro!, pienso en Jesús, amigo de Betania, y la famosa oración a propósito de la amistad entrañable, sincera, limpia, que había entre Jesús y los tres hermanos de Betania, Marta, María y Lázaro. Al final concluirá el texto del Eclesiástico diciendo: “Un amigo desde que sea fiel no tiene precio y su valor es incalculable, un amigo fiel es medicina de vida, y aquellos que respetan las leyes de Dios lo encontrarán, y el que teme a Dios afianza su amistad, porque según sea él, así será su amigo”. La vida como hombre, como sacerdote me ha mostrado, que no hay amigos en el mundo, que sólo hay amigos en Dios. Lo explico un poco más detalladamente, no hay amigos en los negocios porque la codicia es lo que los reúne y en el momento en que ella se despierte en uno de los amigos, se irá contra el otro. No hay amigos en la vida loca, en la juerga, en la fiesta, en la vida de mujeres, de bacanales y demás, porque en el mal momento aquel amigo no aparecerá. No hay amigos tampoco desde las situaciones a veces puntuales o coyunturales de estudio, de trabajo, porque a veces hay un interés común, una conveniencia particular: transportarme en el estudio a la universidad, servirme en el trabajo de trampolín para ascender, pero al final descubrirás que esa amistad no era tan sincera. Por el contrario, cuando hay una amistad espiritual, cuando hay amigos en Dios, cuando lo que nos une es la bondad de Jesús, el amigo entrañable, la sinceridad de Jesús, el amigo limpio de corazón, la verdad de Jesús, el amigo en quien no hay engaño, podrás encontrar una verdadera amistad. El mundo aquí y allá está lleno de personas decepcionadas porque confiaron, se entregaron, absolutizaron, endiosaron a un amigo, a una amiga y luego les pagó bastante mal. Aprendamos la lección, sólo hay verdaderos amigos en Dios. Pero miremos el salmo responsorial, bellísimo por demás, cuando nos invita a repetir como asamblea litúrgica: “Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos. Bendito eres, Señor, enséñame tus decretos que son mi delicia. Ábreme los ojos y contemplaré las maravillas de tu voluntad, instrúyeme en el camino de tus mandatos y meditaré tus maravillas. Guíame por la senda de tus leyes, porque estas leyes son el gozo y la alegría de mi vida”. Concluyamos nuestra reflexión hablando brevemente del evangelio de hoy, que sale con alguna frecuencia y por eso no me detengo mucho en él, y es la conocida discusión sobre si un hombre y una mujer deben continuar casados, más allá de que Moisés en el Antiguo Testamento permitió acta de divorcio. Y Jesús responderá a sus discípulos y a los mismos fariseos que le preguntaban para ponerlo a prueba: “Que Moisés, por la dureza de corazón de los contemporáneos permitió el acta de divorcio, pero que el matrimonio es una realidad sacramental donde el hombre y la mujer son una sola carne, un solo ser, una sola vida con Jesús, y que traicionar ese ideal de la exclusividad, de la fidelidad en el amor, es en el fondo volver el amor espurio, envenenado, adulterado”. De ahí viene el nombre de la palabra adulterio, del amor adulterado, cambiado, intoxicado, envenenado, que no es verdadero amor cuando no hay ese compromiso, reitero, de pertenencia, de exclusividad y de fidelidad a la otra pareja. ¿Cómo ser fieles cuando nuestra naturaleza humana es tan débil, cuando es tan proclive, orientada o inclinada a mirar terceras personas, a las aventuras, los affer?, ¿cuándo la música, el cine, la televisión presentan el adulterio como lo más natural y hasta como delicioso, una experiencia deliciosa? Te diré simplemente esto para concluir, sólo por gracia de Dios y nada más que por gracia de Dios, somos fieles. Yo en el sacerdocio, tú en el matrimonio, si no es por la gracia de Dios, es imposible la fidelidad en este corazón humano que es cambiante y veleidoso, que es atrevido y aventurero. Señor, danos a todos según el estado de vida matrimonio o vida consagrada, danos la gracia de la fidelidad en el amor. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 10, 1-12 Lecturas del día de Hoy: Primera lectura: Sir 6, 5-17 Las palabras amistosas multiplican el número de amigos, los labios amables aumentan los saludos. Es bueno que te saluden muchos; pero que uno solo entre mil sea tu amigo íntimo. Cuando hagas una nueva amistad, vete con tiento; no te le confíes tan fácilmente, pues hay amigos que lo son por conveniencia y no son fieles en el día de la desgracia. Hay amigos que se vuelven enemigos y descubren con afrenta los motivos del pleito. Hay amigos que te acompañan a comer, pero nunca se aparecen en la hora de las penas: cuando te va bien, están contigo, cuando te va mal, huyen de ti; si te ocurre una desgracia, cambian de actitud y se esconden de tu vista. Aléjate de tus enemigos y sé precavido con tus amigos. El amigo fiel es un refugio que da seguridad; el que lo encuentra, ha encontrado un tesoro. El amigo fiel no tiene precio: ningún dinero ajusta para comprarlo. El amigo fiel es un tónico de vida. Los que aman al Señor lo encontrarán; el que teme al Señor sabe ser fiel amigo y hace a sus amigos como él. Palabra del Señor. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo 118, 12. 16. 18. 27. 34. 35 Señor, guíame, por la senda de tu ley. Señor, bendito seas; enséñame tus leyes. En tus preceptos tengo mis delicias, jamás me olvidaré de tus palabras. Señor, guíame, por la senda de tu ley. Ábreme los ojos para ver las maravillas de tu voluntad. Dame nueva luz para conocer tu ley y para meditar las maravillas de tu amor. Señor, guíame, por la senda de tu ley. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. Guíame por la senda de tu ley, que es lo que quiero. Señor, guíame, por la senda de tu ley. Evangelio del día Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 10, 1-12 En aquel tiempo, se fue Jesús al territorio de Judea y Transjordania, y de nuevo se le fue acercando la gente; él los estuvo enseñando, como era su costumbre. Se acercaron también unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?” Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: “Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Amigos de circunstanciasAmigos de ocasiónConfianzaMomentos de desgraciaPoner apruebaRefugio fielRefugio seguroTesorosSan MarcoBibliaEvangelio¡Amigo!Amistad