Fundación Amén Comunicaciones2024-11-102024-11-102024-11-09http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/739https://drive.google.com/file/d/1Anloa0WFCTq2hUGwqMYQXxKRtlLnJefW/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En la Fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán, la liturgia de la Iglesia nos propone al profeta o Ezequiel o también al apóstol san Pablo a los corintios en la primera lectura, tomaremos este último, y Pablo a la comunidad de Corinto, invita: “A que cada uno se fije como va construyendo su vida”. Hoy se nos dice a cada uno de nosotros: “Revisa, examina cómo vas edificando, cómo vas construyendo tu existencia”. A renglón seguido el apóstol san Pablo nos recuerda: “Que el único cimiento válido para construir la vida es Jesucristo y que cualquiera otro es falso o aparente y nos llevará a sufrimientos, equivocaciones, fracasos en la vida”. Hoy, 2000 años después ten en cuenta esta verdad, no puedes construir tu vida sobre valores y principios distintos de los del evangelio, que son valores y principios eternos, duraderos, sólidos, ciertos, luminosos. Al final concluirá el apóstol san Pablo diciendo, ¿acaso no saben ustedes que son el templo de Dios?, ¿acaso ignoran que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Y luego encontramos en el salmo 45 que nos presenta la liturgia del día de hoy, como decimos: “Tú estás en medio de nosotros, Señor; Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro, por eso no tememos, no tenemos miedo, aunque tiemble la tierra y los montes se desplomen en el mar. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada, teniendo a Dios en medio no vacila, Dios la socorre al despuntar la aurora”. Y, ahora bien, esta primera lectura y el salmo nos preparan para comprender mejor el evangelio de hoy, tomado del capítulo 2 de san Juan, donde Jesús hace una purificación del templo de Jerusalén (el centro religioso de Israel), haciendo expulsión de todos los vendedores de animales para sacrificio rituales y expulsando también los cambistas de moneda que compraban los animales para el sacrificio. Y con autoridad les dirá: “Esta es la casa de mi Padre, el templo de Jerusalén, y no un mercado de comerciantes, una cueva de bandidos”. Las autoridades judías cuestionan la misma autoridad de Jesús y le preguntan ¿qué signos tiene Él para mostrar que la expulsión de los mercaderes y el volcar las mesas de los cambistas de moneda griega o moneda oriental por la moneda judía, tiene derecho a hacerlo? Y Jesús les responde: “Destruyan este templo, este santuario, y en tres días (hablando del tiempo de su muerte y sepultura), lo levantaré”, (entendiendo el verbo levantar como resucitar). Él hablaba no del templo material que había demorado 46 años en ser construido, sino del santuario de su propio cuerpo, y aquí la palabra templo nos habla del lugar donde habita Dios, la casa de Dios. Pero ¿qué enseñanzas podemos sacar para nuestra vida a partir de este evangelio? De manera práctica, concluyamos tres enseñanzas para nuestra vida. La primera, Jesús nos enseña que nuestro cuerpo, entendiendo mi ser corporal, mi ser psicológico, mi ser espiritual, mi totalidad integral, es casa de Dios, es morada de Dios. De hecho, reconocemos que la gran dignidad humana nos viene de ser hijos de Dios, presencia de Dios, imagen de Dios, Dios actuando y aconteciendo en nuestra vida. Pero hay una segunda enseñanza más interesante todavía, y es reconocer, si mi vida, ¿mi ser total es para vivir en el Espíritu? como dice san Pablo, esto es, ¿en el amor, la paz, la bondad, la generosidad, la amabilidad, el dominio de sí mismo? O también como enuncia san Pablo en la carta a los Gálatas: “Mi cuerpo es para vivir en carne”, esto es, ¿en iras, divisiones, borracheras, peleas, fornicación, libertinaje, adulterio, hechicería?, ¿cómo vives hoy? Sientes que ese cuerpo, regalo de Dios, a través del cual experimentas la existencia, vive en el Espíritu, repito: ¿amor, paz, alegría, bondad, dominio de sí mismo?, o ¿vives en las pasiones propias de nuestra naturaleza? ¿a veces ira, peleas, comentarios faltos de caridad, fornicación, libertinaje, hechicería, adulterio, divisiones, envidias?, ¿cómo vivimos? Recuerda la altísima dignidad con la que has sido creado, y cuídate de la manera como vives. En una tercera enseñanza y final, preguntémonos ¿cuido mi cuerpo?, ¿cuido mi psiquismo? o ¿dejo contaminar mi cuerpo?, ¿dejo contaminar mi psiquismo con imágenes de películas, de series de televisión que me perturban, me escandalizan, me hacen pensar mal, me llevan a una imaginación en el pecado?, ¿dejo contaminar mi cuerpo con sustancias que de pronto artificialmente me hacen sentir estados emocionales alterados?, ¿dejo llevar mi cuerpo por drogas que en el fondo terminan generando dependencia de mi cuerpo, de mis neuronas sobre ellas?, o ¿vivimos con la libertad gloriosa de los hijos de Dios?. Juan Pablo II se hizo célebre durante su pontificado por una serie larga de catequesis que él llamó Teología sobre el Cuerpo, y muy a propósito de que hoy, a veces este cuerpo, regalo de Dios con nuestra afectividad, nuestra emocionalidad, nuestra mentalidad, nuestra sexualidad, a veces lo maltratamos, los saturamos, lo exprimimos, le exigimos, descubramos si este cuerpo que Dios me ha dado lo cuido, lo valoro, lo protejo, lo agradezco como don de Dios y como habitación y presencia del Altísimo que me habita, me mora constantemente, mora continuamente en mi vida personal. “Señor, tú estás en medio de nosotros” como dice el salmo, “Tu eres nuestro refugio”, gracias por enseñarnos que la gran presencia de Dios está en la vida de cada uno y que tú y yo somos presencia de Dios, imagen de Dios, hijos de Dios, por eso debemos respetar nuestro cuerpo, valorar nuestro cuerpo, agradecer a Dios y cuidar nuestro cuerpo. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 2, 13-22 Lecturas del día de hoy: Primera Lectura: 1Co 3, 9c-11.16-17: Hermanos: Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye. Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy: Salmo (46)45, 2-3.5-6.8-9: El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra, y los montes se desplomen en el mar. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra: pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Evangelio del día de hoy: Jn 2, 13-22: Hablaba del templo de su cuerpo. Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Casa de DiosCuerpoCuidar el cuerpoCuidar tu siquismoMenteMorada de DiosSan JuanTemplo de DiosVigilar la manera como vivesBibliaEvangelio¡Somos templo de Dios!El cuerpo como templo de Dios