Fundación Amén Comunicaciones2024-10-072024-10-072024-10-04http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/703https://drive.google.com/file/d/1TXqwgz-LZ0dc8v03kUuGE0VBemKgQTkc/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del libro de Job, nos presenta un punto de quiebre, de inflexión en la rebeldía, la impaciencia y el rechazo que Job experimentaba cuestionando incluso al mismo Dios, sobre el porqué de su sufrimiento. Nos presenta este capítulo 38, el momento en que Dios habla a Job, y a través de una serie de interrogantes con cierto tinte irónico, Dios cuestiona los cuestionamientos de Job sobre su sufrimiento y sobre los designios misteriosos e incomprensibles para él, que traerán estas pruebas, estos sufrimientos para su vida. En efecto, en este lenguaje que tiene más de simbólico que de real, Dios hablando a Job desde la tormenta le pregunta, ¿has mandado en tu vida a la mañana, o has señalado su puesto al amanecer para que agarre la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados?, y vuelve a preguntarle Dios a Job ¿has entrado por las fuentes del mar, o has paseado por la profundidad del océano?, ¿te han enseñado las puertas de la muerte, o has visto los portales de las sombras? Y sigue cuestionando Dios a Job ¿has acaso examinado la anchura de la tierra?, “cuéntamelo si dices saberlo todo sobre mí”, ¿por dónde se va a la casa de la luz?, y ¿cuál es el lugar donde vive la oscuridad y las tinieblas?, ¿podrías conducirlas a su tierra o enseñarles el camino de regreso a su casa?, “si dices tener tantos años y saberlo todo, pues tendrás una respuesta”. Pero Job se quebranta, y más allá de este interrogatorio que repetimos, tiene más de simbólico que de real, Job, enfrentado e iluminado por la palabra divina, descubre con realismo sus profundas limitaciones, Job se ha quedado sin respuestas y también sin por qué interrogar y cuestionar a Dios, y sólo lo escucha. Su respuesta es clara, dice Job al Señor: “Me siento pequeño, muy pequeño frente a tus preguntas, ¿qué puedo responderte? Me taparé la boca con la mano, hablé una vez, pero no insistiré dos veces, pero nada añadiré”. Es que no importa ya lo que Job diga, porque quebrantado su corazón, humillada su alma, ha encontrado a Dios, Job ya no ha perdido nada, porque ha sido conquistado y ganado para Dios. Con razón el salmo responsorial nos invita: “Guíame, Señor, por el camino eterno”. Y dirá el salmista: ¿a dónde iré, lejos de tu aliento?, ¿a dónde escaparé de tu mirada?, “si escalo el cielo, allí estás tú, si bajo al abismo, allí te encuentro, si vuelo hasta el margen de la aurora al amanecer, si miro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me tomará tu derecha. Tú, Dios mío, has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno, te doy gracias porque me has plasmado poderosamente, porque son admirables tus obras”. Realmente impresionante este salmo, donde buscamos ser conducidos por Dios y no cuestionar su obra, ni mucho menos cuestionar sus planes misteriosos sobre nuestra propia vida. Pero pasemos al evangelio de hoy, donde Jesús se duele de la dureza de corazón de los habitantes de los pueblos de Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm, y señalará: “Que ciudades o pueblos paganos como Tiro y Sidón, con los milagros y la predicación de Jesús, hace mucho rato que se habrían convertido haciendo penitencia a la manera judía, poniéndose ese atuendo, el sayal, (que era una túnica rústica) y sentados sobre la ceniza”. Pero no, ellos no han entendido el mensaje de Dios, y Cafarnaúm, lleno de soberbia personal, por lo menos sus habitantes, que querían escalar el cielo, Jesús les profetiza: “Bajarán al abismo”, y hará una advertencia: “Rechazarlo a Él es rechazar al Padre Dios que lo ha enviado y no escucharlo a Él, es no escuchar al Padre Dios que ha enviado a Jesús”. Hoy en nuestro mundo nos preguntamos ¿qué nos ha endurecido el corazón?, ¿qué nos ha pasado que vivimos de espaldas a Dios?, ¿qué hay en las nuevas generaciones cuando papá, mamá, la abuela invitan a esa hija, ese hijo, a ese nieto a la Eucaristía, a orar el Santo Rosario, y siempre hay una palabra de indiferencia, una excusa, una disculpa o aún una expresión despectiva? Yo me doy cuatro respuestas de por qué se ha endurecido nuestro corazón. La primera, hoy estamos llenos de orgullo, hay una autosuficiencia, un auto endiosamiento del ser humano, que, teniendo un poco de bienestar material, teniendo un poco de diversión y entretenimiento y un poco de avance científicos y sobre todo tecnológico, se siente un pequeño dios dueño de su vida, dueño de la verdad, porque ha avanzado en tecnología y piensa que no necesita de Dios. Que craso error, es paradójico y totalmente contradictorio, que la sociedad de mayor bienestar en toda la historia humana, sea precisamente la sociedad con el más alto índice de depresión, de ansiedad, de suicidios y de sufrimiento humano. Es que hemos buscado la felicidad y el sentido de la vida desde lo externo, no desde lo interno, desde lo material, no desde lo espiritual, desde la pura tecnología y el bienestar y no desde la donación de la propia vida. Cuánto orgullo hay hoy en millones de personas, que sintiéndose pequeños dioses (en letra minúscula), han dejado de lado al verdadero Dios que sustenta y le da sentido a nuestra vida. Pero hay una segunda razón de por qué se ha endurecido nuestro corazón y siento que en muchas personas hay amargura, no dulzura. La amargura por un sufrimiento mal gestionado, un sufrimiento que no se ha llevado desde la fe en Dios y desde el amor que lo transforma todo, sino desde lo puramente humano, contando o narrando nuestra vida de que somos víctimas de injusticias, que somos víctimas de incomprensiones, que somos víctimas de los demás, y esto nos amarga el corazón y lo endurece para cualquier experiencia trascendente o religiosa. No dejes amargar tu corazón, porque la amargura sólo le quita alegría, paz y dulzura a tu vida, y te impide ser permeable a la acción del Espíritu de Dios. En una tercera razón de por qué hemos endurecido el corazón en el mundo del siglo 21, siento que hay tanto desamor por familias disfuncionales, por divorcios continuos de matrimonios, por experiencias de abandono de papá o de mamá, por situaciones de soledad y matoneo, persecuciones, burlas, desprecios de compañeros de estudio, de barrio, de trabajo, de amistades, y ese desamor y esa soledad, nos ha hecho no más fuertes, sino más duros y esto no debe de ser así, te lo digo y sé porque lo afirmo. Que el desamor de las personas te haga más fuerte en Dios para amar, pero no más duro en tu corazón, para ser impermeable a cualquier experiencia afectiva. Sin amor la vida es en blanco y negro y no en colores, sin amor la vida pierde su sabor, sin amor no tiene sentido la existencia, sin amor para qué bienestar material, si no hay seres amados con los cuales compartir las bendiciones que Dios nos da. En una cuarta y última razón, sin que sean las únicas necesariamente a la pregunta ¿por qué se endurece nuestro corazón?, diría que el pecado continuado, el vivir y convivir con el pecado, hace que al principio nos duela estar alejados de Dios, pero luego se cauteriza, se cicatriza el corazón y entonces endurecido ya no sentimos, no sentimos que estamos de espaldas a Dios y vivimos en una vida de ceguera, que el pecado es oscuridad e incapacidad de reconocer la luz, vivimos en una vida de esclavos que el pecado es falta de libertad para optar por el amor y nos hace esclavos de nuestros egoísmos, de nuestros complejos y taras psicológicas personales, y el pecado nos hace sentirnos enfermos en el alma, que eso es la realidad del hombre de hoy. No es hipocondríaco porque no se inventa enfermedades, realmente está enfermo porque alejado de Dios le duele todo, consulta al médico por todo, toma pastillas, vitaminas y proteínas para todo, porque siente que su salud sin Dios no es verdadera salud, pero está buscando la fiebre en las sábanas y no en el cuerpo, está buscando la mancha en el río abajo y no río arriba en la fuente, estás buscando la causa de tu pecado en el lugar equivocado. Hoy no estás enfermo, no eres esclavo, no eres ciego, esa rebeldía que tienes hoy frente a las cosas de Dios, es simplemente producto, te lo repito, de un pecado continuado. La soberbia continuada, el egoísmo continuado, los resentimientos continuados, la ambición continuada, la codicia continuada, las envidias continuadas, la pereza continuada, la gula continuada, la lujuria continuada en tu vida, simplemente te hace ciego y rebelde a la acción de Dios y a lo que Él pide para tu vida. Que el Señor, no nos deje endurecer el corazón y te bendigo en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 10, 13-16 Lectura del día de hoy Jb 38, 1.12-21; 40,3-5: ¿Has mandado a la mañana o has entrado por los hontanares del mar? El Señor habló a Job desde la tormenta: -¿Has mandado en tu vida a la mañana o has señalado su puesto a la aurora, para que agarre la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados; para que la transforme como arcilla bajo el sello y la tiña como la ropa; para que les niegue la luz a los malvados y se quiebre el brazo sublevado? ¿Has entrado por los hontanares del mar o paseado por la hondura del océano? ¿Te han enseñado las puertas de la Muerte o has visto los portales de las Sombras? ¿Has examinado la anchura de la tierra? Cuéntamelo, si lo sabes todo. ¿Por dónde se va a la casa de la luz y dónde viven las tinieblas? ¿Podrías conducirlas a su país o enseñarles el camino de casa? Lo sabrás, pues ya habías nacido entonces y has cumplido tantísimos años. Job respondió al Señor: -Me siento pequeño, ¿qué replicaré? me llevaré la mano a la boca; he hablado una vez, y no insistiré, dos veces, y no añadiré nada. Salmo del día de hoy Salmo (139)138, 1-3,7-8.9-10.13-14ab: Guíame, Señor, por el camino eterno. Señor, tú me sondeas y me conoces: me conoces cuando me siento y me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. Guíame, Señor, por el camino eterno. ¿A dónde iré lejos de tu aliento, a dónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. Guíame, Señor, por el camino eterno. Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha. Guíame, Señor, por el camino eterno. Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras. Guíame, Señor, por el camino eterno. Evangelio del día de hoy Lc 10, 13-16: En aquel tiempo, dijo Jesús: -¡Ay de ti Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza. por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AmarguraCorazónCorazón de carneCorazón endurecidoCorazón de piedraDesamorOrgulloSufrimiento mal gestionadoPecadoBibliaEvangelio¿Qué endurece el corazón?Corazón endurecido