Fundación Amén Comunicaciones2026-04-272026-04-272026-04-16https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1293https://drive.google.com/file/d/1NlN27YesUydeqzgLVHWMlDFNbVwRW4EG/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Obedece a Dios antes que a los hombres! La primera lectura tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 5, (una lectura casi continuada que hacemos durante todo este tiempo de la cincuentena, los 50 días de la Pascua hasta Pentecostés o el envío del Espíritu Santo a María y los apóstoles). Nos muestra la rivalidad de la autoridad político religiosa de la ciudad de Jerusalén, (el llamado sanedrín judío), que sentía rabia porque la obediencia concretamente de los discípulos de aquel muerto que ellos lo llamaban muerto, a Jesús, era la obediencia a Cristo y no la obediencia al sanedrín judío. Esto generó que los apóstoles fueran conducidos a tribunales y que formalmente el sumo sacerdote, (la autoridad máxima religiosa de la época), les interrogara ásperamente y les dijera con dureza: “¿acaso no les hemos ordenado de manera formal no enseñar en nombre de ese?” Con esa rabia, con ese desprecio y quizás con ese miedo, se sienten incapaces de pronunciar el nombre de Jesús y, por el contrario, ácidamente y con amargura, reclaman a los discípulos “han llenado la ciudad santa de nuestros padres, la ciudad de Jerusalén, con sus enseñanzas irresponsables, y quieren culpabilizarnos de la sangre derramada de ese hombre”. Cómo se lavan las culpas estos hipócritas de los sumos sacerdotes de la época, cómo no reconocen a Dios. Pero en un segundo momento en esta primera lectura, Pedro el eterno Pedro con exousia, con autoridad, replica al unísono con los apóstoles, respetando a las autoridades y al sanedrín judío, les dirán: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Hoy, en nuestra sociedad, cuánto tiene que resonar en el alma del mundo esta expresión luminosa, sabia y potente del apóstol Pedro: ¡Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres! Cuando hay leyes inicuas, malvadas, cuando hay leyes absurdas, ilógicas, cuando hay una cultura en contravía con los valores esenciales de una humanidad sana, con sentido común y de la misma fe en el Evangelio. Como se necesitan hombres y mujeres con valentía, coraje, audacia, que sepan enfrentar la batalla cultural de la que hablan autores como Agustín Laje, a propósito del lavado cerebral masivo de la sociedad y de la generación actual, sobre todo a través: Uno. De las redes sociales y medios de comunicación. Dos. A través del sistema educativo y los valores tóxicos que a veces se enseñan en escuelas, colegios y universidades. Y tres. A través del sistema de leyes y a veces fallos judiciales que obedecen a ideologías absurdas, a caprichos de los poderosos y que van en contravía del sentido común, de la recta lógica y a un mismo de los hombres y de la familia. Hoy como se necesita la obediencia a Dios, a su Ley que es sabia, perfecta, universal, eterna y verdadera, frente a una ley humana que no siempre es sabia ni mucho menos perfecta, ni universal, ni busca siempre el bien del hombre; sino a veces la ideologización, el envenenamiento cultural, ideológico, por ejemplo, las llamadas ideologías de género que atentan contra la familia y confunden nuestra infancia y nuestra juventud. Hoy hay que decir como el apóstol Pedro: ¡Obedezcamos a Dios antes que a los hombres! Hoy hay que decir, hay tanto respeto de las leyes humanas, pero hay poco respeto de la Ley eterna de Dios. Hay tanto respeto de las opiniones, aprobaciones y reconocimientos humanos, likes y me gusta en redes sociales, pero buscamos tan poco agradar a Dios, hacer la voluntad de Dios olvidando la expresión de Jesús: “Mi madre, mis hermanos son los que escuchan y cumplen la voluntad de mi Padre”. “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre” (dirá en otro pasaje evangélico). O le dirá a una mujer que le afirma: “Dichosos los pechos que te amamantaron”; y Jesús dirá: “No, mejor dichosos los que escuchan y cumplen la Ley de Dios”. Terminemos diciendo que al final Pedro dirá: “Testigos de Dios somos nosotros y el Espíritu Santo que Dios otorga a los que le obedecen”. Qué impresionante expresión, mientras Pedro y los suyos, los apóstoles gozosos porque el Espíritu Santo solo se da a los que obedecen a Dios, nos dirá al final de la primera lectura “que el sanedrín judío se consumía de rabia y trataban de matar a los apóstoles”. Hoy, ¿de qué lado estás?, ¿de los hipócritas, enredados, ensoberbecidos y enceguecidos del poder humano? (En esa época el sanedrín judío, en el siglo XXI otros poderes). O ¿estás del lado de los discípulos de Pedro y los suyos hace 2000 años?, o ¿de los nuevos profetas que encontramos en nuestro tiempo? Pero pasemos al Evangelio de Juan y descubramos la autoridad espiritual profunda que tiene un hombre o una mujer cuando están en sintonía, en comunión de vida, en comunión de amor con Dios. Afirmará Juan el evangelista teólogo: “El que viene de lo alto está por encima de todos”; y en contraposición, señalará: “El que es de la tierra habla cosas de la tierra”. Hoy te pregunto ¿hablas con una sabiduría divina?, ¿una sabiduría espiritual?; ¿una prudencia, una paciencia, una sindéresis, un equilibrio, una armonía que te hace un hombre irreprochable y no juzgable por los demás? O ¿hablas, otorgas, decides en tu vida con emocionalidad, con una mirada profundamente mundana, movido por pasiones como la ira, las ambiciones, la envidia, la rivalidad, la vanidad, la ostentación? La vida me ha enseñado no sólo como sacerdote, sino como ser humano, que tantas palabras necias y tantas decisiones equivocadas en la vida que han generado en nosotros grandes preocupaciones y sufrimientos, rupturas matrimoniales, rupturas de familia y demás, se dan con ocasión de que hemos hablado, no desde lo alto con el Espíritu de Dios, sino de una manera muy terrenal. ¿Cuántas veces hablamos o decidimos movidos, repito, por la vanidad, por presumir, aparentar frente a los demás, maltratando nuestras finanzas y economía? ¿Cuántas veces hemos hecho daño a otra persona juzgándola con rapidez y superficialidad?, ¿cuánto sufrimiento hemos generado en otro ser humano cuando hemos hablado con rabia, dolor, ira intensa? ¿Cuántas veces hemos hablado desde la autosuficiencia y el egoísmo, sin compasión frente a los demás? Hoy busquemos esa autoridad espiritual, Jesús enviado desde lo alto da el Espíritu sin medida, abundantemente, porque está lleno del Espíritu. Por eso te invito y me invito a mí mismo a buscar siempre vivir, no solamente del pan material, sino de toda palabra, de toda enseñanza, de toda luz, de toda sabiduría que sólo sale de la boca de Dios. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 3, 31-36 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hechos de los apóstoles 5, 27-33: En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles a presencia del Sanedrín, y el sumo sacerdote les interrogó: ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ese? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre. Pedro y los apóstoles replicaron: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 34(33), 2 y 9.17-18.19-20 (R. 7a) Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha. Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha. El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha. El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio Según San Juan 3, 31-36: El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.AmorAudaciaCorajeFidelidadObedienciaOraciónSan JuanValentíaBibliaEvangelio¡Obedece a Dios antes que a los hombres!Obedecer a Dios