Fundación Amén Comunicaciones2024-02-112024-02-112024-02-04http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/267https://drive.google.com/file/d/1kltAvTaqSUxPXft54adEpCMAWWorxoLb/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del libro de Job en el capítulo 7, nos muestra clara y dramáticamente, la experiencia de un hombre muy enfermo que espera sólo la muerte. En palabras de Job, que es el paradigma del inocente, del hombre justo que sufre la enfermedad y el misterio del dolor, hagamos eco de una experiencia universal en la vida de cada uno de nosotros, el sufrimiento. ¿Por qué sufre el hombre?, pero sobre todo, ¿por qué sufre el hombre inocente? Empieza Job en esta primera lectura diciendo: “Que la vida es como un servicio militar, que la existencia es como los días de trabajo de una persona que se contrata por un jornal, que la existencia es como la de un esclavo que suspira por la sombra para buscar descanso del sol, es la vida de un peón que aguarda su jornal”. Y así se describe Job. Luego, mirando el abandono de los suyos afirmará: “Me han tocado meses de desengaño, noche tras noche de dolor, hablando de su enfermedad. Al acostarme pienso, ¿cuándo me podré levantar?; la noche se me hace interminable, me canso de dar vueltas hasta el alba, mis días se acercan a su final sin esperanza, más rápidos que una lanzadera”. Y al final invoca a Dios diciendo: “Recuerda Señor que mi vida es un suspiro y que mis ojos no volverán a ver la dicha”. Es la experiencia no sólo de Job en el antiguo testamento, sino de millones y millones de personas, que cuando no asumen el sufrimiento de la enfermedad y de la adversidad desde de Dios, se desaniman, se desesperanzan y se desgarran interiormente. Hoy aprendamos, que la única manera de asumir el dolor, es desde la fe en Dios, que sólo en los textos del nuevo testamento, a diferencia de Job que se ubica en el antiguo testamento, sólo desde Jesús y el nuevo testamento, podemos desentrañar el misterio del sufrimiento, especialmente del hombre justo, que, si sabe ofrendar con fe y amor su dolor, lo hace redentor, salvador por sí mismo y ofrecido por las personas por quienes aplica su dolor. Pero en el otro lado de esta experiencia tan difícil narrada por Job, está el evangelio que nos presenta hoy san Marcos, cuando Jesús en Cafarnaúm en un sábado, después de haber estado en la sinagoga, no solamente sana a la suegra del apóstol Pedro por solicitud de los otros discípulos, sino que cura numerosos enfermos y posesos que le presentan a Él. En el fondo, el evangelio de hoy es la antípoda, la otra cara de lo que es el sufrimiento de Job sin Dios y lo que es, por el contrario, el sufrimiento de estos enfermos que en Jesús son sanados, son liberados de su mal, y en definitiva, se muestra el triunfo, la victoria del bien sobre el mal, de la salud sobre la enfermedad. Eso significa precisamente la sanación que hace Jesús con numerosos enfermos, muestra esa victoria, ese poder sobre el mal, ese signo de la Buena Nueva del Reino de Dios y el mesianismo, la divinidad que acompaña a Jesús, que no es un hombre más, sino que viene a sanar nuestras enfermedades, a consolarnos en nuestros sufrimientos. Pero además de la primera lectura del libro de Job y del evangelio de Marcos, meditemos brevemente sobre la segunda lectura del apóstol Pablo a los corintios, cuando en una reflexión muy existencial, muy desde el corazón, Pablo, seguramente fatigado por todos los trabajos en el anuncio del evangelio, recuérdese que ha vivido persecuciones, hambrunas, naufragios, peligros, intrigas contra su vida; Pablo dice: “Que el hecho de predicar la vida nueva y la salvación de Jesús, la que Él nos ofrece, no es para Pablo motivo de orgullo, sino que es el cumplimiento de su misión como evangelizador”. Hoy, nosotros sacerdotes, las religiosas, muchos laicos comprometidos, sintamos que la tarea del evangelio, lejos de ser motivo de ensoberbecimiento personal, es simplemente el cumplimiento de nuestro deber y que nuestra paga es precisamente la alegría de llevar la Buena Nueva de manera gratuita a todos los hombres. Es el encargo que Dios nos ha dado y para ello nos pide algo muy importante y es saber adaptar el mensaje de salvación a todos, hacernos débiles con los débiles para ganar a los débiles, hacernos uno con todos para ganar algunos, es tal vez uno de los grandes desafíos en el siglo 21, saber adaptar el mensaje de Jesús, que no se quede como una doctrina vacía, una conceptualización teórica, un rito externo, una moral sin sentido para el hombre de hoy, una liturgia que a veces no comprendemos, un derecho canónico que nos es ajeno, y descubrir, que el evangelio es sobre todo vida nueva, experiencia de un amor inmenso que nos trasciende, nos supera, nos inunda, nos desborda. Ése es el anuncio del evangelio, capaz de renovar la vida, capaz de sanar las enfermedades del corazón, capaz de liberarnos de nuestras cárceles interiores. Que bello mensaje el que nos deja Pablo, y sobre todo es una invitación para que tú y yo no nos callemos y, por el contrario, descubramos que es una misión que Dios ha encargado a los papás sobre sus hijos, a los maestros sobre sus alumnos, a los empresarios sobre sus empleados, a los sacerdotes sobre sus feligreses, a todos nos ha encargado dar gratuitamente, de balde, la Buena Nueva, la vida en plenitud, que solo Jesús Cristo nos puede dar. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 1, 29-39 En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Símón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: -«Todo el mundo te busca.» Él les respondió: -«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AmorDolorEnfermedadEnfrentar el dolorFeOrar a DiosPedir ayuda en la adversidadSanarSufrimientoBibliaEvangelio¡Lleva el dolor con amor!Misión