Fundación Amén Comunicaciones2025-06-112025-06-112025-05-08http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/929https://drive.google.com/file/d/1vZEnd2o_jRnbCyaCmhNvCeminSEz0ur6/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura que nos presenta la liturgia de este día, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 8, nos muestra a Felipe como uno del grupo de los siete que se supone que es un hombre de buen testimonio de vida, lleno del Espíritu Santo y de sabiduría, a quien los apóstoles le impusieron las manos. Por un ángel del Señor, Felipe es enviado hacia el sur, donde el Espíritu le dice: “Que se acerque al carruaje de un hombre eunuco que va de regreso de Jerusalén leyendo al profeta Isaías”. Después de que Felipe le explica la Escritura que él está leyendo precisamente sobre el sufrimiento que tenía que padecer Jesús, el eunuco en su ignorancia pregunta ¿si este pasaje profético de Isaías se aplica de alguien en particular? Y Felipe le explica, y a partir de las Escrituras encontramos todo un proceso de conversión y renovación de la vida de un hombre eunuco que en principio era excluido de la comunidad cúltica de Israel. Es que los eunucos o castrados se pensaba en la época que no eran destinatarios de la evangelización, y el Libro de los Hechos de los Apóstoles nos va mostrando cómo se va conformando ya no un exclusivismo israelita o judío para llevar el Evangelio a todos, sino que se va dando paso a una comunidad universal, sin fronteras de razas, de condiciones particulares en cada una de las personas. Y muestra claramente el Libro de Hechos de los Apóstoles, que esta expansión de la Iglesia es una obra del Espíritu que se lleva a cabo mediante el anuncio de la Buena Noticia de Jesús desde su Muerte, desde su Resurrección ya anunciada proféticamente. Los que la reciben en su corazón han conseguido la salvación universal, la gran fuente de alegría. Podríamos decir que la lectura de Isaías como promesa de Dios en el Antiguo Testamento, la conversación entre Felipe y aquel hombre eunuco que regresaba a Etiopía y la aplicación del texto de Isaías a la persona y al ministerio de Jesús, suscita la solicitud vibrante del hombre eunuco de bautizarse, de hacer profesión de fe y de vivir una verdadera experiencia de conversión. Esto es importante que lo sepamos porque muchas veces no sabemos cómo evangelizar. Y descubrimos en el siglo XXI que el Señor nos invita a recurrir siempre a apoyarnos en el Espíritu Santo y a anunciar el kerigma de la salvación. Jesús por amor padeció, por amor a nosotros fue crucificado, por amor y para el perdón de nuestros pecados fue muerto; pero el Padre Dios lo ha resucitado abriéndonos el camino a una nueva vida. Así ha crecido la Iglesia a partir de este anuncio del kerigma, del núcleo de la quintaesencia, el sumo máximo del Evangelio, de la Buena Noticia de Jesús. Ya no tenemos por qué temer al pecado y a las consecuencias de él la muerte espiritual en nosotros, porque en Jesús, y en su Pasión ha sido crucificado nuestro pecado y en su Resurrección se nos ha abierto el camino a la nueva vida. Pero pasemos al evangelio de hoy, donde continuamos leyendo de manera seguida este capítulo 6 de san Juan, llamado “El Discurso del Pan de Vida”. Jesús a la gente le dice de manera tajante: “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre Dios que me ha enviado”. Y hoy te lo digo, tú tienes que orar por una persona que está cerrada en su corazón para que el Señor abra, disponga su alma a recibir el mensaje que tú le quieres comunicar. No es obra de la elocuencia humana, de las acciones personales, de los talentos propios de cada uno la evangelización, no; es la obra del Espíritu, y como dice Jesús: “Nadie puede reconocerlo a Él si primero no es atraído por el Padre de los cielos”. Hoy, cuando sientas la esterilidad de algunas personas, sobre todo de tu familia que te duele ver su indiferencia religiosa, su frialdad espiritual, ora a Dios para que alguna persona, alguna circunstancia, alguna situación particular ablande su corazón, disponga su espíritu y lo atraiga hacia su Hijo Jesucristo. Te lo reitero, predicar y anunciar el evangelio no es simplemente predicar o anunciar un mensaje o si se quiere, una ideología. Es la acción del Padre Dios que dispone nuestro corazón, lo prepara, lo hace humilde, dócil y abierto a la acción del Espíritu Divino para poder recibir un mensaje. Pero en un segundo momento en el evangelio de hoy, Jesús hará una afirmación lapidaria, de una forma solemne cuando dice “En verdad, en verdad les digo”, y afirmará: “Sólo por la fe se alcanza la vida plena, sólo el que cree tiene vida eterna”. ¿De qué vida estamos hablando?, ¿acaso de la vida del mundo, de la vida laboral, de la vida social, de la vida de bienestar y de algunas comodidades? No, hablamos de una vida que nunca hemos conocido, una vida que se va gestando, va creciendo, se va desarrollando en lo más profundo de nuestro ser, a veces sin que nos demos cuenta y en donde van perdiendo fuerza los llamados valores del mundo y van adquiriendo una nueva dimensión los llamados valores del evangelio, el entender y asumir la vida como amar, como entregarla por los necesitados, por los sufrientes. Por primera vez hacemos una revolución en nuestro interior desde la fe, por primera vez hacemos un verdadero giro copernicano para que lo entendamos mejor, y ya no es el sol alrededor de la tierra, sino la tierra alrededor del sol. Aquí no es vivir en función nuestra, mi bienestar, mi gratificación, mi plenitud personal, sino que es todo lo contrario. La vida se alcanza, la vida se obtiene sólo cuando por la fe en Jesús entendemos que hay que donar la vida. Como he dicho tantas veces: ¡Hay vida en entregar vida a los demás! Si sientes que has hecho algún patrimonio económico, que tienes algún bienestar material, un reconocimiento social, pero te experimentas insatisfecho, incompleto con un silencioso desencanto en tu vida personal, mira en lo profundo de tu ser y con fe escucha el mensaje de Jesús que nos dice: “El que quiera guardar su vida, la perderá; pero el que pierda y entregue su vida, la guardará, la alcanzará en plenitud”. Y esto sólo se da por la fe en Jesús, que nos muestra que entregándonos, que sirviendo, que amando, que donándonos, que gastándonos por los demás, encontramos un sentido para la vida y una plenitud personal que jamás habíamos imaginado. Esto no lo entiende todo el mundo porque choca radicalmente con la potencia del mensaje del evangelio, que va en contradicción con los criterios del mundo, pero Jesús no nos engaña. Terminaremos diciendo a partir del evangelio de hoy, que Jesús repite la idea presentada en evangelios anteriores, cuando dice: “Soy en la Eucaristía el Pan de la vida, y el que coma de este pan no morirá para siempre”. Los más grandes restaurantes del mundo, Estrella Michelin inclusive, las más sabrosas viandas, simplemente llegan a tu organismo, algunos nutrientes se asimilan, otros se desechan y van a la letrina; pero comer a Cristo, Pan de vida, te garantiza un proceso, iniciar por lo menos un proceso de cristificación personal y de encontrar que el Señor nos muestra que sólo hay vida cuando se dona. La Eucaristía es la vida donada de Cristo y al comer la Eucaristía, el Pan de vida, aprendemos también a donarnos en Eucaristía para los demás y a encontrar la vida eterna, la vida plena. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 6, 44-51 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 26-40 En aquellos días, un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo: «Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto». Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y pégate a la carroza». Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?». Contestó: «¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?». E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: «Como cordero fue llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, así no abre su boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá contar su descendencia? Pues su vida ha sido arrancada de la tierra». El eunuco preguntó a Felipe: «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?». Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?». Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría. Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 66(65), 8-9. 16-17. 20 Aclama al Señor, tierra entera. Bendigan, pueblos, a nuestro Dios; hagan resonar sus alabanzas, porque Él nos ha devuelto la vida y no dejó que tropezaran nuestros pies. Aclama al Señor, tierra entera. Los que temen a Dios, vengan a escuchar, les contaré lo que ha hecho conmigo: a él gritó mi boca y lo ensalzó mi lengua. Aclama al Señor, tierra entera. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor. Aclama al Señor, tierra entera. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 6, 44-51 En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad les digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Palabra del Señor». Gloria a ti Señor Jesús.Alcanzar la plenitudAnhelar la vida eternaBuscar la vida eternaCreer en JesúsCultivar la FeGuardar la vidaSan JuanVida plenaBibliaEvangelio¡El que Cree, alcanza la Vida Plena!Vida eterna