Fundación Amén Comunicaciones2026-01-242026-01-242026-01-05https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1189https://drive.google.com/file/d/1bvHHTEYkLQzd4_6bUn2KIr2iLMJyN53R/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Nunca es tarde! La primera lectura tomada del apóstol san Juan nos presenta expresiones muy consoladoras. En efecto, iniciará diciendo: “Que aquellos que guardan los mandamientos de Dios, los obedecen cuanto pidan en la oración lo van a recibir en abundancia. La única condición para recibir la bendición de Dios, las gracias del cielo, es obedecer, guardar, cumplir el mandamiento de Dios”. Y nos preguntamos ¿cuál es ese gran mandamiento de Dios? Es en un sentido doble que creamos por la fe en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado y como Él nos lo ha mandado. Y ratificará la afirmación: “Sólo quien obedece los mandamientos del Padre de los cielos permanece en Dios, y Dios permanece en él”. Pero a renglón seguido nos lanza una advertencia: “No se fíen de cualquier espíritu, sino que examinen cuando alguien les hable; si su voz, su mensaje, su espíritu viene de Dios o viene del mundo”. Y aclarará “que hay muchos falsos profetas que han salido del mundo y hablan en nombre de Dios, y sólo podrán conocer el Espíritu de Dios cuando el espíritu de aquel que habla confiesa que verdaderamente Jesucristo ha venido en carne, en humanidad, nacido en un pesebre; y quien no confiese a Jesús como el Hijo de Dios no puede ser un verdadero profeta. Es más, actuará como un engañador, como un anticristo”. Concluirá esta Carta preciosa en el capítulo 3 de Juan, afirmando: “Que nosotros somos de Dios porque hemos vencido al mundo”. Y dirá: “Pues el que está en ustedes es más que todo el que está en el mundo, y el que está en nosotros es Dios y nos ayuda a vencer el mundo, sus vanidades, sus rivalidades, competencias, apariencias, celos, envidias, emulaciones, afán de dominación”. Y nos dirá: “Aquellos que son del mundo y hablan según el mundo, nunca los escucharán a ustedes, porque no entenderán el mensaje que ustedes llevan, el mensaje del Padre Dios y de su enviado Jesucristo”. De manera magistral y sintetizando toda esta primera Carta, Juan afirmará: “Quien conoce verdaderamente a Dios tiene el Espíritu de Dios, escucha. Quien no conoce a Dios, no escucha sacerdotes, religiosas, laicos, evangelizadores. En esto vamos a conocer quién vive en el espíritu de la verdad, aquellos que escuchan a los que vienen de parte de Dios y quién viene de parte del espíritu del error”. Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado en el capítulo 4 de san Mateo, cuando Jesús comienza su ministerio público tras un hecho trágico, enterarse del encarcelamiento de Juan el Bautista, Juan su familiar, Juan su amigo, Juan a quien Él admiraba y que lo entendía como un signo de contradicción para su tiempo y hace que este encarcelamiento de Juan el Bautista Él lo sienta como una llamada para lanzarse a la misión y al ministerio público. Así es como Jesús comienza su vida de anuncio del Evangelio, de anuncio y cercanía del Reino de Dios, reino de justicia, haciendo una serie de desprendimientos, de renuncias humanas, dejando su familia, dejando su tarea como hijo del carpintero José y toma decisiones que reorientan radicalmente su vida. En principio, que pudo haber sido discípulo del grupo de Juan, se retira a Galilea, en el norte de la actual Israel, la zona más fértil o fecunda que allí está el mar de Galilea. Deja Nazaret la ciudad donde se ha criado, deja su familia y se establece en Cafarnaúm. Pero llama la atención poderosamente que el anuncio de una nueva manera de vivir, que el anuncio del Reino de justicia no parte del corazón mismo del judaísmo, que era la ciudad santa de Jerusalén, sino que nace en una región periférica, despreciada y contaminada de paganismo, como la llama el mismo evangelista Mateo, “la Galilea de los gentiles, de los paganos”. Y Jesús irá allá a iniciar su vida pública en tierra de paganos y no en la ciudad santa de Jerusalén, el centro de Israel, irá a una tierra periférica Cafarnaúm y Galilea de los gentiles, para alumbrar e iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, hablando del mundo pagano. Entendemos en el evangelio de hoy que el primer anuncio de Jesús es una invitación a la conversión, la reorientación de la vida, porque está próximo la instauración del Reinado de Dios, del reinado de la justicia, del reinado de la paz. Esta conversión implica un giro radical en la orientación de la propia vida. Reconoce a Jesús, el convertido como el Mesías, como el Kyrios, el Señor. Y hay que seguirlo a ejemplo de los discípulos Andrés y Pedro, Santiago y Juan, para ser ya no pescadores de animales, sino pescadores de almas, pescadores de hombres. Es bien interesante que la Buena Noticia empieza en esta tierra periférica, la periferia de la que habló tanto en su momento el Papa Francisco. Y hoy reconocemos que la periferia son los enfermos, los sufrientes, los marginados de esta tierra. Hoy te pregunta ¿dónde te encuentras tú?, ¿estás en el centro del poder?, ¿estás en el centro de la imagen social?; o ¿estás en la periferia donde florece más fácilmente el evangelio? Es esencial mirar en la dirección precisa para ver la luz, la alegría que Cristo nos trae con una vida liberada, una vida sanada, una vida nueva que Él nos ofrece. Hoy te invito para que reconozcas, nunca es tarde para convertirte, no importa los años que tengas, nunca es tarde para cambiar y renovar nuestro corazón, para vivir de una manera más humana, a la manera de Jesús que quiere poner vida nueva a nuestra vida. Pero concluiré diciendo tres afirmaciones. La primera, la conversión la propone Jesús, pero no la impone. Es una propuesta, no es un programa forzado de vida. La conversión, la reorientación de la vida, tiene que crecer en nosotros en la medida en que Dios quiere que tengamos una nueva vida, más humana, más justa, más plena, más feliz. Una segunda conclusión es que no se trata en la vida de ser buenos, como dicen algunos, sino de encontrarnos con aquel que es bueno con nosotros. Lo digo muy a propósito de algunos papás que dicen: “mi hija, mi hijo llegó a la universidad, se enfrió espiritualmente; no le hace mal a nadie y cuando puede hace una obra de caridad con uno de sus empleados. Es una persona recta, obra el bien”. Pero la conversión y está muy bien por tu hija o por tu hijo que son buenos, pero la conversión a Cristo va mucho más allá y no se trata sólo de ser buenas personas, de ser buenos, sino de encontrarnos personalmente con aquel que es bueno, la Persona de Jesús. Cuando tú te encuentras con el Bueno por excelencia, descubres que tu bondad humana, aunque es cierta, es limitada, es reducida, es imperfecta. Pero cuando nos encontramos con el bueno por antonomasia, Jesucristo, Él que es bueno con nosotros, damos un salto cualitativo y no sólo cuantitativo. Damos ese salto cualitativo en nuestro compromiso de fe, de amor, de esperanza en una vida mejor. Termino invitándote a que no te conformes con la vida que llevas. Y en esta tercera conclusión te diré nunca es tarde para amar a quien has debido amar más. Nunca es tarde para perdonar a quien por años le has guardado rencor. Nunca es tarde para servir a otros, aunque te has encerrado en tu mundo de comodidades, nunca es tarde para convertirte y para renovar tu vida por Cristo. Hoy, como lo hicieron Simón Pedro y su hermano Andrés, como lo hicieron Santiago y su hermano Juan, que dejándolo literalmente todo: su familia, su trabajo de pescadores, su seguridad material y económica, como dice el evangelio de hoy, siguieron a Jesús para caminar por los senderos del Evangelio, que son caminos de paz, caminos de fraternidad, caminos de justicia, caminos de esperanza, caminos de vida nueva. Apenas llevamos pocos días del año, el Señor te llama, anímate, responde con generosidad. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 4, 12-17. 23-25 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta del apóstol San Juan 3, 22- 4, 6 Queridos hermanos: Cuanto pidamos lo recibimos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el Nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. Queridos míos: no se fíen de cualquier espíritu, sino examinen si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. En esto podrán conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios: es del Anticristo. El cual, ustedes han oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo. Ustedes, hijos míos, son de Dios y lo han vencido. Pues el que está en ustedes es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 2, 7-8. 10-11 (R. cf. Jn 1,49) Te daré en herencia las naciones. Voy a proclamar el decreto del Señor; Él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy. Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra». Te daré en herencia las naciones. Y ahora, reyes, sean sensatos; escarmienten, los que rigen la tierra: sirvan al Señor con temor, ríndanle homenaje temblando. Te daré en herencia las naciones. Evangelio de Hoy Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 4, 12-17. 23-25 En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Conviértanse, porque está cerca el Reino de los Cielos». Jesús, recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y Él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor JesúsCambioConversiónRenovar el corazónSan MateoTransformar la vidaVivir a la manera de JesúsBibliaEvangelio¡Nunca es tarde!Conversión