Fundación Amén Cominicaciones2023-10-142023-10-142023-09-13http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/116https://drive.google.com/file/d/1AhSfqUnmY0pzpv3DXbegAEcZI-aof1_m/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La Iglesia celebra en este día la memoria litúrgica de san Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia del siglo IV y uno de los grandes padres de la Iglesia en el mundo oriental, junto con san Basilio, san Gregorio y san Atanasio. El Papa Pío X lo proclama patrono de los predicadores cristianos, y a él nos encomendamos para que nos ayude siempre como sacerdotes, pastores de almas, a ser fieles y ungidos anunciadores de la Palabra del Señor. Pero hablemos del evangelio que nos presenta hoy la liturgia de la Iglesia, quizás pocos textos muestran más claramente la radicalidad evangélica de Jesús, que el que nos trae este capítulo 6 de san Lucas, donde Jesucristo señala claramente cuatro caminos de felicidad, de bienaventuranza para el hombre, pero alternativamente denuncia cuatro caminos de malaventuranza, de perdición para el hombre. En efecto, Jesús propone que son felices los pobres, los hambrientos, los que lloran, los perseguidos; y de alguna manera preguntamos nosotros, ¿cómo entender que estas cuatro formas de sufrimiento humano puedan ser camino de dicha? Elaboremos tres sabidurías para nuestra vida y que puedan aplicarse a tu vida en este día. La primera, en el fondo Jesús no declara dichoso al pobre, al hambriento, al lloroso o al perseguido por ser tal, no, Él lo declara dichoso, porque es precisamente el sufrimiento de la pobreza, el hambre, las lágrimas o la persecución que desarrollan y transforman al corazón humano, haciéndolo más humilde, más humano, más confiado absolutamente en Dios. La bienaventuranza no va para las acciones en sí mismas, acciones que generan sufrimiento, repetimos pobreza, hambre, lágrimas o persecución, no, Jesús declara que somos dichosos cuando este sufrimiento nos hace ganar en humildad interior, en sentirnos limitados, frágiles y criaturas. Somos dichosos porque nos hace ganar en humanidad, esto es en solidaridad, sensibilidad frente al dolor del otro. Es que cuando uno en la vida no ha sufrido, no es capaz de entender de manera real el dolor de mi semejante. Pero, sobre todo, estas realidades enunciadas, nos llevan a descubrir que nuestra confianza absoluta solo en Dios, no en los hombres ni en ninguna realidad humana. Pero hay una segunda sabiduría, Jesús declara mal aventurado, si se quiere maldito, y dice, ¡ay!, los famosos ayes de Jesús, ¡ay! del rico, ¡ay! del saciado lleno hasta la hartura de comida, ¡ay! del que sonríe y el mundo le sonríe a él, ¡ay! del aplaudido y el alabado, y los declara desventurados, no por esta condición humana, sino porque precisamente la riqueza, el estar saciados de bienes, el aplauso y la alabanza del mundo, vuelven el corazón del hombre soberbio, autosuficiente, lo vuelve un corazón insensible, inhumano ante el sufrimiento del otro, y lleva sobre todo al corazón del hombre a confiarse en sí mismo, a confiarse en sus bienes terrenales, a confiar en el poder de otros hombres, antes que confiar absolutamente en Dios. Es aquí cuando empieza el camino de malaventuranza, de ceguera en el corazón humano: la soberbia, la insensibilidad frente al dolor del otro, la inhumanidad y la confianza en nosotros, o en nuestras posesiones materiales antes que en Dios, son camino, no de bienaventuranza, sino, de dolor, de perdición, de ceguera, de engaño para el hombre. Terminemos con una tercera y última sabiduría. Reconozcamos que sólo es definitivo el Reino de Dios, que toda realidad humana, los goces de los hombres, riqueza, hartura, alegrías humanas, placeres, alabanzas, son como hojas secas llevadas por el viento otoñal, son pasajeras estas realidades y sin peso de vida. Los dolores humanos, pobreza, hambre, llanto, persecución, humanamente apabullan, pero hay que decirlo, no son estertores de muerte, sino dolores de parto que anuncian una nueva vida, una nueva esperanza, el Reino de Dios que acontece en nosotros. Lo único definitivo que tenemos es a Dios y su Reino, que es la plenitud de la vida que Él nos ofrece, por eso, dejarnos seducir por los pequeños placeres temporales o dejarnos apabullar y escandalizar por los dolores que con alguna frecuencia se presentan en la vida, es una insensatez. Señor, todo es pasajero en esta vida, sólo tú eres definitivo, dame conocer qué es lo cierto, qué es lo real, qué es lo verdadero en mi vida. Que el buen Dios te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 6, 20-26 Lecturas del Día de Hoy Col 3,1-11: Habéis muerto con Cristo; en consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros. Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia, y la avaricia, que es una idolatría. Eso es lo que atrae el castigo de Dios sobre los desobedientes. Entre ellos andabais también vosotros, cuando vivíais de esa manera; ahora en cambio, deshaceos de todo eso: ira, coraje, maldad, calumnias y groserías, ¡fuera de vuestra boca! No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo. En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres; porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos. Sal 145/ 144,2-3.10-11.12-13ab: El Señor es bueno con todos. Día tras día te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor y merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad. Evangelio de Hoy Lc 6,20-26: Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!. En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando es odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Dolores asumidosDureza del corazónEsperanzaHumildadSabiduríaSufrimientoVida nuevaBibliaEvangelio¡Cuatro caminos para el Bien o el Mal!Bendición