Fundación Amén Comunicaciones2024-09-262024-09-262024-09-21http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/690https://drive.google.com/file/d/1jrOuYOE5ArQc6gEEE-wNL5hA4Jq-6J26/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En la fiesta litúrgica del apóstol y evangelista san Mateo, la liturgia de la Iglesia nos trae unas lecturas particulares. La primera tomada de Pablo a los Efesios, donde el apóstol se reconoce prisionero del Señor, en función del mensaje que debe de comunicar a los suyos y pide a la comunidad de Éfeso, (en la actual Turquía), que caminen según la vocación a la que han sido convocados. Y les invita como seguidores del nuevo camino, (así se les llamaba a los primeros cristianos), que vivan con humildad de corazón, con amabilidad en el trato, que sean comprensivos con el temperamento y las formas de ser distintas de los demás, y los invita a una palabra, a una expresión maravillosa: “Sobrellévense mutuamente con amor”. Continuará su reflexión invitándolos: “A que se esfuercen en mantener la unidad del espíritu, con vínculos de paz, recordando que hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todo”. Aunque esto fue escrito hace 20 siglos a la comunidad de Éfeso, hoy tiene plena vigencia para nuestra vida, porque descubrimos con radicalidad, que muchos conflictos humanos se dan por la soberbia del corazón, que nos lleva a no aceptar razones, diferencias conceptuales que los demás tengan frente a nosotros. Por el contrario, Pablo nos invita hoy en el siglo XXI, a ser humildes de corazón, a tener amabilidad porque la esperamos también de los demás, pero debemos de darla, y, sobre todo, a ser comprensivos sobre llevándonos con amor. Cuando escucho las dificultades en la convivencia, entre hermanos, entre padres e hijos y sobre todo en los matrimonios, pienso y reflexiono en mi interior, cuánta falta de comprensión necesitamos hoy, cuánta falta de comprensión hay hoy en muchas personas. No nos toleramos, no nos aceptamos en nuestras diferencias, no somos capaces de ponernos en los zapatos, en la condición existencial de la otra persona, por eso no nos comprendemos. Nos tiene que poner esto a pensar a cada uno de nosotros, en nuestro mundo habría menos soledad, menos divorcios, menos desunión familiar, habrían más amigos cercanos, mejor ambiente de compañeros de trabajo, de compañeros de estudio, si fuéramos más humildes, menos egoístas y egocéntricos, más maduros y comprensivos con los demás. Que tu palabra apóstol Pablo, hoy nos hable a nuestra vida. Pero como estamos en la fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista, la liturgia nos presenta el llamamiento que Jesús hace precisamente de Mateo, que siendo un cobrador de impuestos al pueblo judío para darlo al sostenimiento de tropas del imperio romano que los dominaba y mandar incluso dinero para Roma, por lo cual era mal visto como un “mamerto”, como un traidor al pueblo judío. Mateo, ante el llamado de Jesús de seguirlo, nos dice que se levanta del lugar de trabajo donde está y lo sigue, y luego, celebrando este encuentro, está en su casa Jesús a la mesa, compartiendo no sólo los alimentos sino la vida misma con este famoso publicano. Los fariseos que siempre están en las escenas evangélicas, (porque eran una clase socio religiosa muy común en tiempos de Jesús), siempre al acecho para cuestionar, mirar con suspicacia y sospechar de las actividades y actitudes de Jesús, les preguntan a los seguidores de Jesucristo ¿cómo es que su Maestro come con esa ralea, esa gentuza, pecadores y publicanos que no son nada distintos, sino ladronzuelos públicos? Jesús les dirá con gran comprensión: “Por aquellos pequeños de Dios que, aunque tienen barro, se han arrepentido, no tienen necesidad de médico los que están sanos, sino los enfermos”. Es que detrás de un pecador hay un enfermo. En muchos años de ministerio sacerdotal, cuando oigo a una persona que me dice, llevo 40 años sin confesarme, normalmente empiezan con esta expresión: “Padre, vengo a confesarme de todos los pecados de mi vida pasada, y empiezo diciéndole que yo no sabía lo que hacía, yo no tenía conciencia del mal que había causado, de tanto sufrimiento que generé a mi familia, hoy me arrepiento por eso”. Entiéndelo que un pecador es un enfermo, un ignorante, un ciego, un esclavo de sus propias pasiones. Tan claro es esto que ante la turba enardecida que cerca de las faldas de la colina del Gólgota gritaban: ¡Crucifiquen a Jesús!, Él simplemente los exculpa ante el Padre Dios diciendo desde la altura de la cruz: “Padre, perdónalos, perdónalos porque no saben lo que gritan, no saben lo que hablan, no saben lo que hacen, son unos pobres enfermos e ignorantes”. Por esos pobres, por esos enfermos e ignorantes vino Jesús y luego reprendiendo finalmente a los fariseos, les dice: “Aprendan en la vida, que lo que más quiero y pido de ustedes es misericordia frente a las fallas humanas, frente a las fallas personales y no quiero sacrificios rituales de animales que en nada me glorifican y entiéndanlo de una vez, He venido a esta tierra, me he encarnado, me he hecho hombre en un hogar, el de mi Madre María y el de mi padre adoptivo José, porque he venido a llamar justo a los pecadores, que los justos tal vez no necesitan de mí, aunque sí vamos a ver, justos no son tantos o no son, porque pecadores somos todos”. Que no te conozcas tu pecado es otra realidad, pero Pablo, con gran agudeza psicológica y si se quiere antropológica afirmará: “Quien diga que no tiene pecado, miente”. (Podría yo decir), se engaña a sí mismo, o por lo menos no se conoce a sí mismo, porque la vida me ha mostrado que todos, los pequeños y los grandes de esta tierra, los que se sienten pecadores y sobre todo aquellos que se sienten pulcros, santos y jueces de los demás, la vida me ha enseñado que todos somos de barro y por ser de barro, aunque parezcamos fuertes, somos quebradizos como el barro, somos tremendamente frágiles y sin la gracia de Dios en Jesucristo, nada podemos mejorar en nuestra vida, nada podemos renovar, sanar, desatar y liberar en nosotros. Señor, que gran evangelio, que gran lección de Mateo, que más allá de ser de barro, publicano, cobrador de impuestos, se levantó, dejó su estado de postración y de vida vieja, y decidió empezar una vida nueva haciendo seguimiento de ti, Maestro Jesús. Bendícenos Señor a todos en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 9, 9-13 Lectura del día de hoy Ef 4, 1-7.11-13: Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y Él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (19)18, 2-3.4-5 /R. 5a A toda la tierra alcanza su pregón. El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. A toda la tierra alcanza su pregón. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. A toda la tierra alcanza su pregón. Evangelio del día de hoy Mt 9, 9-13: En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: -Sígueme. Él se levantó y lo siguió. Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: – ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.AmabilidadBuenos tratosComportamientoHumildes de corazónObrasSer amablesSer comprensivosObrar correctamenteTestimoniosBibliaEvangelio¡Sean humildes, amables, comprensivos!Obrar bien