Fundación Amén Comunicaciones2026-05-252026-05-252026-05-17https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1324https://drive.google.com/file/d/18ZombTaBvkByA0grjE69yx6BOlbuKeLk/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Estás llamado a ascender! En esta solemnidad litúrgica de la Ascensión del Señor y una semana antes de la gran celebración de Pentecostés, (el envío del Espíritu Santo sobre la Iglesia Universal), podemos hablar de la Ascensión del Señor como una actitud de tener los pies en la tierra, pero la mirada en el cielo. Los pies en la tierra, porque seguimos en el mundo batallando en esta tierra, llevando la misión del anuncio de Jesucristo; pero la mirada en el cielo, porque el destino final del hombre no es un cenizario porque fuimos incinerados y no es tampoco el enterramiento bajo tierra, porque nuestra alma espiritual está llamada a una meta más alta, el encuentro definitivo con Dios. Podemos decir que la Resurrección, la Ascensión y Pentecostés, o el envío del Espíritu Santo no son tres realidades distintas; sino tres momentos de la misma Pascua del Señor, que en el fondo es la pascua, que también cada uno de nosotros va a vivir. Y es que no se puede comprender la Ascensión de Jesucristo en la literalidad de la palabra como un subir; sino en un sentido más simbólico, como hablaba el hombre bíblico en la experiencia de un volver al Padre Dios, transformar la vida y volver a nuestro origen, de donde nacimos en algún momento y fuimos creados por su amor infinito. Aquí descubrimos como una doble dinámica, la de bajar, la encarnación que vive Jesús en Navidad se encarna, se hace carne, se hace hombre, baja a la humanidad. Y la de subir, la de ascender. Hay ese movimiento entonces de abajamiento en la Pasión, en la Crucifixión, en la Muerte; pero hay también el movimiento Ascensional de exaltación, de glorificación a la diestra de Dios Padre. Y en esa Ascensión hay la plena esperanza de la victoria definitiva de alcanzar la vida en plenitud, de que, si Cristo, que es cabeza de la Iglesia, está en plena comunión con el Padre, nos abre el camino de lo que nosotros, el Cuerpo Místico de Cristo, espera para cada uno de nosotros. Hoy, en esta fiesta, alegrémonos con una esperanza nueva, la muerte no es el final de nuestra vida; por el contrario, la muerte es la victoria definitiva, el tránsito o la puerta para cruzar hacia la vida en plenitud, donde reiteró Cristo nos ha abierto primero ese camino y nosotros seremos seguidores de Él. Con razón Benedicto XVI el gran Papa que no dudo que algún día será santo, afirmará en su momento: “El hombre está vivo mientras espera, mientras en su corazón está viva la esperanza de una vida mejor”. Es que nosotros tenemos esperanzas humanas que se fundan, se construyen, se inspiran a partir de anhelos de felicidad, que Dios tal vez ha puesto en el corazón humano, como nos dice el Catecismo de la Iglesia. Y en ese sentido encontramos que hay lugares teológicos para el ejercicio o el aprendizaje de la esperanza humana. Un primer lugar teológico de esperanza o de aprendizaje de la esperanza humana es la oración a Dios, el diálogo de intimidad con el Padre que reaviva la certeza de que venimos de Dios y que a Dios volveremos y que somos sostenidos, cuidados, alimentados, fortalecidos por Él. Pero hay un segundo espacio teológico donde se alimenta la esperanza y es el misterio del sufrimiento. Tanto el dolor físico como el sufrimiento moral que nos lleva a decir más allá de la tempestad y de la prueba, en el cuerpo o en el alma, este mal momento va a pasar. Esto es un período de purificación o de maduración, y por la fe tengo la esperanza de que al final todo va a terminar bien. Cuánto necesita nuestro mundo, sobre todo países en guerra, la esperanza cierta de que van a salir adelante y de que todo va a terminar bien. Cuánto necesita nuestro mundo y sobre todo países dirigidos por tiranos y dictadores crueles sentir por la esperanza cristiana que al final todo va a salir bien y que ese sufrimiento no es eterno, como decían las abuelas en un viejo refrán: “No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”. El sufrimiento, pues, con todo lo que duele, es ocasión propicia para alimentar la esperanza teologal, la esperanza en la vida eterna, la esperanza como la tuvo Cristo, de volver al Padre Dios, de donde había venido en principio. Pero además de la oración y del sufrimiento y pruebas de la vida, hay un tercer lugar teologal donde podemos hacer aprendizaje y fortalecer nuestra esperanza. Y es el juicio final donde se ordena nuestra vida de cara a la eternidad y esperando en la misericordia divina, creemos que Él nos va a mirar de una manera distinta, que Él nos va a mirar compasivamente. Y como he visto a muchos moribundos de cara a la etapa final de su vida, decir ¡Confío totalmente en Dios! Hoy, en esta fiesta o en esta solemnidad litúrgica de la Ascensión del Señor, aprendamos que Cristo Resucitado que asciende al Padre de los cielos y está a la diestra con poder a su lado, es la gran esperanza del cristiano y que nos toca como elementos centrales de nuestra esperanza cristiana, que va más allá de un mero optimismo humano, tener una total esperanza en Dios, una total confianza en su amor y una paciencia en el tiempo. Miren qué bonito, la confianza en el Señor, la esperanza de un futuro mejor y la paciencia en el tiempo, más allá de períodos de prueba o de dificultad. Finalmente, en este texto de la Ascensión del Señor llamado el Evangelio de los Todos, Jesús da una misión, encomienda una tarea a los suyos y les dice: “Vayan a toda nación, a todo hombre, con todo el poder del Espíritu Santo, a toda criatura y bautícenlas, sean misioneros revestidos con todo el poder de lo alto y con toda la fuerza del Espíritu Santo. Y esa ausencia de Cristo por su Ascensión nos dará la certeza de la presencia del Espíritu Santo”. Hoy, llamados a esa misión muy alta de comunicar a los demás que la fuerza de Dios sigue acompañando nuestra vida, que estamos llamados a ser nuevos cristos en el mundo, que como los discípulos del Evangelio se postran corporalmente, se alegran con Cristo y adoran a Dios. Y con ese todo, a todos los pueblos, a todos los hombres, con todo el poder del Espíritu, a toda criatura a bautizarla, se inicia el tiempo de la Iglesia, el tiempo de los Sacramentos, el tiempo de la comunicación del amor, el tiempo del nuevo pueblo de Dios, el nuevo Israel que somos nosotros los bautizados. Señor, así como buscamos crecer y ascender económicamente, así como buscamos crecer y ascender profesionalmente, así como buscamos crecer y ascender y madurar afectiva y emocionalmente. Que busquemos crecer y ascender en la vida interior, la vida espiritual, la vida de Dios en nosotros. Terminemos con el salmo litúrgico de este día: ¡Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas! Pueblos todos batan palmas, aclamen a Dios con gritos de júbilo, porque el Señor Altísimo es inmenso emperador de toda la tierra. Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas. Toquen para Dios, toquen para nuestro Rey, toquen. Porque Dios es el Rey del mundo, toquen con maestría, Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 28, 16-20 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 1,1-11: Lo vieron levantarse. En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les recomendó – «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.» Ellos lo rodearon preguntándole: – «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: – «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.» Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: – «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.» Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 47(46),2-3.6-7.8-9 (R. cf. 6) : Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Pueblos todos batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas; tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Porque Dios es el rey del mundo; tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Segunda Lectura: Efesios 1, 17-23: Lo sentó a su derecha, en el cielo. Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: -«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.AmorAscensiónCrecer en la vida interiorEntregaEsperanzaSan JuanTener la mirada en el cieloTener los pies en la tierraVida de Dios en nosotrosVida espiritualBibliaEvangelio¡Estas llamado a Ascender!Ascensión de Cristo