Fundación Amén Comunicaciones2025-09-112025-09-112025-08-17http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/1031TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Señor, date prisa en socorrerme! La primera lectura tomada del Libro de Jeremías, capítulo 38, nos presenta la narración más trágica del momento final de la vida del profeta Jeremías y de su suerte, de la ciudad de Jerusalén. Está asediada, está sitiada por los enemigos, parece condenada irremisiblemente a la muerte y es el triste final en la perspectiva de las dos cosas que más amaba Dios, su lugar santo, la ciudad de Jerusalén y el pueblo encarnado en la voz de su profeta Jeremías. Claro, desde el punto de vista humano, muchos tenían razón para decir: “Hay que acabar con Jeremías, porque desmoraliza a los soldados y a las tropas de nuestro pueblo, que ya no se siente en la capacidad de resistir a los pueblos caldeos que exigen nuestra rendición. Jeremías parece un pájaro de mal agüero gritando por todas partes que la ciudad será víctima de la espada, del hambre, de la peste”. También, de alguna manera, nos recuerda esta imagen del profeta Jeremías, “cuando a Jesús se le acusará de soliviantar al pueblo y de ser enemigo del emperador César”. Pero más allá de toda esta realidad, Dios siempre acompaña la vida de sus profetas y de aquellos que hablan en su nombre, por más que vivan mil infortunios. Y aunque habían convencido al rey Sedecías para que condenara a muerte a Jeremías, porque desmoralizaba a los soldados frente a la guerra que libraban con pueblos vecinos y deciden colocarlo en un aljibe, en un pozo profundo, descolgándolo con sogas y hundido en el fondo del fango, al final es Ebed-melec, un tercero, un aparecido, el que intercede ante el rey Sedecías para que no se continúe con ese trato injustificado con el profeta de Dios, que sólo lo único que ha buscado es denunciar el mal de su pueblo y reconocer la suerte que le espera por haber abandonado al Señor. El rey Sedecías se arrepentirá de que se hubiera arrojado a Jeremías, el profeta, al aljibe o al pozo profundo, para morir allí de hambre. Y ordena que tres hombres saquen al profeta del aljibe antes de que muera. Con razón el salmo de hoy nos invita a orar: “Señor, date prisa en socorrerme”. Y las estrofas afirmarán: “Yo esperaba con ansia al Señor, Él se inclinó y escuchó mi grito. Me levantó de la fosa fatal, de la charca de fango y barro. Afianzó mis pies sobre roca y aseguró mis pasos. Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios”. Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor y dirá: “Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor cuida de mí. Tú eres mi auxilio y mi liberación, Dios mío, no tardes”. Es la clara alusión a la situación existencial de Jeremías, el profeta en la primera lectura, pero de muchos hombres, tal vez incomprendidos, perseguidos y siendo artífices de desventuras en sus vidas. Pero al final, Dios siempre los acompaña. Por eso dirá la segunda lectura de la Carta a los Hebreos: “Corramos con constancia la carrera de la fe que nos toca, renunciando al pecado y a todo lo que nos estorba. Y coloquemos los ojos fijos solo en Jesús, quien inició y completa nuestra fe. Quien fue capaz de soportar la cruz despreciando los gozos terrenos, asumiendo y abrazando la ignominia. Pero ahora goza de la gloria de Dios sentado a la derecha de su trono”. Y al final terminará la Carta a los Hebreos invitándonos a que recordemos “que Jesús soportó la oposición de los pecadores y que no nos podemos cansar ni perder el ánimo por más que encontremos maldad, críticas, oposiciones, persecuciones sutiles y solapadas de los malvados de esta tierra”. Y concluirá la Carta a los Hebreos con una frase que en lo personal siempre me ha impresionado cuando afirmará: “Todavía no ha llegado a derramar la sangre en tu pelea, en tu lucha contra el pecado”. Así de radical, así de fuerte debe ser el creyente en esa batalla contra el mal. Por eso, en el evangelio de hoy podremos entender mejor, mirando en perspectiva el sufrimiento de Jeremías, el salmo responsorial 39 y este texto de Hebreos capítulo 12 como segunda lectura, nos ayuda a entender mejor la expresión del evangelio de Lucas cuando Jesús dice: “He venido a prender fuego en la tierra, y cuánto deseo que ya estuviera ardiendo”. En el fondo es el fuego purificador, el fuego abrasador, el fuego que va a renovar todo en el mundo. A veces un texto bíblico se explica solamente por otro texto bíblico y entenderemos la verdad profunda del fuego que Jesús ha venido a traer al mundo como el poder trascendente, la santidad de Dios que va quemando la impureza de los hombres, que destruye la altivez de los soberbios. En el fondo, es reconocer en ese fuego o en esa cristología del fuego, la concepción de que Jesús aparece como el portador del fuego de Dios, fuego renovador de Dios sobre la tierra. Y en eso, su misión fundamental consiste en purificar nuestra humanidad, separando la buena semilla, el trigo de la paja, acrisolando lo que es bueno, y destruyendo aquello que se encuentra pervertido. Pero habla en un segundo momento del bautismo que tiene que pasar Jesús. Y probablemente ese bautismo hablará de que debe de pasar por el fuego de la purificación personal. Y esa purificación, ese bautismo, no es otro que su Pasión, su Crucifixión y el destino de su Muerte, a partir del cual se dará el camino pronto a la renovación, la transformación y la resurrección de la vida. Es reconocer que esto nos va a implicar a nosotros un tiempo de división, aún con la familia, porque a veces los vínculos en la familia se dan por el egoísmo, por un amor simplemente humano y no por el amor al Reino. Y Jesús denunciará: “Que el amor al proyecto de Dios, amor a un proyecto de justicia, de paz y de verdad, puede implicar inclusive que tengamos que oponernos y vivir incomprensión, de padres, de hijos, de hermanos, de cónyuges, de la propia familia. Pero que, siendo un amor tan sacrosanto, el amor de hogar, el amor familiar. Es más importante, el amor al Reino de Dios, un reino de justicia, un reino de verdad, un reino de paz, un reino de gracia, un reino de amor para todos los hombres”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 12, 49-53 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de Jeremías 38, 46. 8-10 En aquellos días, los dignatarios dijeron al rey: «Hay que condenar a muerte a ese hombre, pues, con semejantes discursos, está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y al resto de la gente. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia». Respondió el rey Sedecías: «Ahí lo tenéis, en vuestras manos. Nada puedo hacer yo contra vosotros». Ellos se apoderaron de Jeremías y lo metieron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. Jeremías se hundió en el lodo del fondo, pues el aljibe no tenía agua. Ebedmélec abandonó el palacio, fue al rey y le dijo: «Mi rey y señor, esos hombres han tratado injustamente al profeta Jeremías al arrojarlo al aljibe, donde sin duda morirá de hambre, pues no queda pan en la ciudad». Entonces el rey ordenó a Ebedmélec el cusita: «Toma tres hombres a tu mando y sacad al profeta Jeremías del aljibe antes de que muera». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 39, 2. 3. 4. 18 (R.: 14b) Señor, date prisa en socorrerme. Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. Señor, date prisa en socorrerme. Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa; afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos. Señor, date prisa en socorrerme. Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor. Señor, date prisa en socorrerme. Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí; tú eres mi auxilio y mi liberación: Dios mío, no tardes. Señor, date prisa en socorrerme. Segunda Lectura: de la carta a los Hebreos 12, 1-4 Hermanos: En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 12, 49-53 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra». Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.¡Señor date prisa en socorrerme!Socorro de Dios