Fundación Amén Comunicaciones2024-04-182024-04-182023-06-02http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/438https://drive.google.com/file/d/1RQ9jHP91BFix3RH-NkLUYwNQDZKGspow/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura que nos presenta el libro del Eclesiástico o Siracida en el capítulo 44, hace un elogio de los hombres ilustres, de los padres abuelos, de los ascendientes que fueron buenos, luminosos, bondadosos; y continuará en su reflexión el libro del Eclesiástico afirmando, hubo hombres de bien cuyos méritos no han quedado en el olvido, en sus hijos se conserva una rica herencia, su posteridad, sus descendientes han sido fieles a la alianza y gracias a ellos también sus hijos, su descendencia permanece por siempre y su gloria no se borrará. A propósito de este texto de la primera lectura, demos gracias a Dios por los buenos padres, abuelos, bisabuelos, familiares que nos han inspirado con su testimonio de vida amorosa, de vida entregada, de vida de servicio, de vida en justicia; nosotros hijos o nietos, no podemos ser inferiores al legado luminoso que ellos nos han dejado. Pero pasemos al evangelio de hoy y encontramos tres palabras claves a propósito del mensaje que nos trae san Marcos en el capítulo 11. La primera palabra clave, somos mirados por Dios con ocasión de los frutos de vida, frutos de santidad que podamos dar; en efecto, cuando salía Jesús de Betania sintió hambre y viendo de lejos un árbol frondoso de higuera lleno de hojas, se acercó quizás para calmar su hambre y comer del fruto sabroso del higo, pero no encontró más que hojas, entonces se oyó una expresión que es extraña en el Hijo de Dios, la maldición sobre la higuera cuando afirma: “Nunca jamás coma nadie frutos de ti”. Nos dirá más adelante el evangelio de hoy, que, a la mañana siguiente, al pasar frente al arbusto de higuera, la vieron seca de raíz, y Pedro cayó en la cuenta y dijo: “Maestro, mira, la higuera que has maldecido se ha secado”. Hoy reconoce en esta imagen evangélica, una advertencia para tu vida, la existencia se nos ha dado para dar frutos, no vinimos al mundo simplemente a comer alimentos, a consumir oxígeno, a vivir de manera egocéntrica para nuestros gustos y apetitos egoístas; vinimos al mundo para dar frutos de amor, de paz, de justicia, de servicio, de donación y entrega de la propia vida por los demás, haciendo un mundo mejor el día en que muramos, es un compromiso que tenemos todos, y el Señor así nos lo pide hoy. Pero hay una segunda palabra clave, y es el celo de Jesús por la casa de Dios, el gran templo de Jerusalén que debe de ser casa de oración y no cueva de mercaderes codiciosos, ladrones que se usufructuaban simplemente del lugar sagrado para obtener alguna ganancia vendiendo animales para el sacrificio, ritual, o aún para el cambio de la moneda extranjera, o por el cambio de la moneda local. Jesús siempre se presenta como un celoso de la casa y la causa de Dios. ¿Hoy te duele tu fe cristiana?, ¿hoy te duele cuando difaman, persiguen a la Iglesia, a sus sacerdotes?, o ¿eres un cristiano católico tibio, indiferente que sigues la corriente del mundo? Jesús no fue así, Jesús sintió un profundo celo por la casa de Dios, la casa de su Padre. Finalmente hay una tercera idea clave en el evangelio de hoy, cuando Jesús a propósito de la higuera seca, dirá a sus discípulos: “Tengan fe en Dios”, y afirmará: “Si alguno de ustedes le dice a una montaña quítate y arrójate al mar, y no duda, no duda en su corazón, sino que cree que esto sucederá, lo obtendrá”. Esto para señalar que Jesús nos quiere indicar que la fe en Dios realiza imposibles humanos, el traslado de una montaña, pero que sobre todo atenta contra la fe y la confianza en Dios, la duda, porque Jesús nos invita a darle la orden a la montaña sin dudar en nuestro corazón; pero cuando hay dudas fruto de los miedos, en el fondo falta la perfecta confianza y fe en Dios. Terminará este texto evangélico diciendo Jesús: “Por eso les digo, todo cuanto pidan en la oración, crean que ya el Padre Dios se los ha concedido y lo obtendrán”, y hace una precisión que a todos nos alerta, nos alarma si se quiere: “Cuando se pongan a orar, perdonen, perdonen lo que tengan contra otros, para que también su Padre del cielo les perdone a ustedes sus culpas”. Y pareciera implícito en el texto evangélico, que Jesús nos dice: “Que un corazón con resquemores, con odios, con resentimientos y rencores, su oración, la de ese corazón no es escuchada por Dios”, o en sentido afirmativo podremos decir, que sólo el corazón noble que es capaz de perdonar sinceramente las ofensas de los demás, será escuchado en su plegaria por el Padre de los Cielos. Que el Señor, que conoce como nadie tu vida, te bendiga en abundancia en este día, en tu trabajo, en tu familia, en tu salud, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 11, 11-26 Lectura del día de hoy Eclesiástico 44,1.9-13: Nuestros antepasados fueron hombres de bien, vive su fama por generaciones. Hagamos el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados. Hay quienes no dejaron recuerdo, y acabaron al acabar su vida: fueron como si no hubieran sido, y lo mismo sus hijos tras ellos. No así los hombres de bien: su esperanza no se acabó, sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasa de hijos a nietos. Sus hijos siguen fieles a la alianza, y también sus nietos, gracias a ellos. Su recuerdo dura por siempre, su caridad no se olvidará. Salmo del día de hoy Salmo 149, 1-2.3-4.5-6a.9b: El Señor ama a su pueblo. Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre. Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey. Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a os humildes. Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas, con vítores a Dios en la boca; es un honor para todos sus fieles. Evangelio del día de hoy Lectura del Evangelio de Marcos 11, 11-26: Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos. Tened fe en Dios. Después que la muchedumbre lo hubo aclamado, entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo, y, como era ya tarde, se marchó a Betania con los Doce. Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: -Nunca jamás coma nadie de ti. Los discípulos lo oyeron. Llegaron a Jerusalén, entró en el templo, se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía diciendo: -¿No está escrito: Mi casa se llama Casa de Oración para todos los pueblos? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos. Se enteraron los sumos sacerdotes y los letrados, y como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: -Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Jesús contestó: Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: «Quítate de ahí y tírate al mar», no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Casa de DiosCeloFe en DiosImposibles humanosJesúsMirados por DiosOraciónBibliaEvangelio¡La higuera maldita!Tengan fe en Dios