Fundación Amén Comunicaciones2025-07-182025-07-182025-07-04http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/987https://drive.google.com/file/d/1uS3JB2Oe0VTZ9z6Gu7nU0seht_0acN3I/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Misericordia! La primera lectura tomada del Libro del Génesis nos muestra la historia de Abrahán y el final de sus días, cuando su esposa Sara muere después de 127 años de existencia. El duelo natural de Abrahán, que entierra a Sara en el campo de Machpela (frente a Mamre, o sea, en Hebrón, en tierra de Canaán). Más allá de toda esta realidad del duelo por la viudez de Abrahán, nos dice bellamente el texto del Génesis: “El Señor Dios había bendecido a Abrahán en todo”. Pero al mismo tiempo nos habla: “De su hijo Isaac que pasa el duelo por la muerte de su madre, tomando por esposa a Rebeca, quien será la compañera en el camino de su vida de ahora en adelante”. Cuántas veces nosotros hemos visto también en nuestra historia, más allá de momentos de dificultad, de controversia y de prueba, cómo no nos ha faltado la misericordia de Dios. Por eso el bellísimo salmo que la liturgia de este día nos propone, nos invita a cantar: “Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios?, ¿quién podrá pregonar toda su alabanza? Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia. Acuérdate de mí por amor a tu pueblo. Visítame con tu salvación para que vea la dicha de tus escogidos y me alegre con la alegría de tu pueblo, y me gloríe con tu heredad”. Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado de san Mateo en el capítulo 9, donde Jesús, precisamente viendo a este cobrador de impuestos en su lugar de trabajo, le invita al seguimiento, y Mateo de manera inmediata lo sigue. Enunciará el evangelio y nos hace presuponer que está en la casa de él, Jesús, sentado a la mesa, nos dirá con muchos publicanos y pecadores que habían acudido allí, a la casa de Mateo. Los fariseos, lejos de alegrarse por la actitud novedosa de Jesús frente a un reconocido pecador o publicano, se escandalizan, se rasgan las vestiduras y se preguntan ¿cómo es posible que Jesús sea rabino, maestro, comiendo con publicanos y pecadores y compartiendo la vida con ellos? Jesús responde de manera tajante: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos”. Y nos invita a reconocer: “Que lo más importante en la vida no son sacrificios rituales de animales (como se daban en el Antiguo Testamento), sino la misericordia con el necesitado, con el miserable”. Hoy te propongo diez caminos de misericordia para tu vida. El primero, pide a Dios el regalo, la gracia de tener un corazón misericordioso y la mirada de Cristo para apreciar a los demás, más allá de sus debilidades y de sus miserias personales. Es, sobre todo, una gracia divina. En un segundo camino reconocemos, que la misericordia es un proyecto de santidad. De hecho, Jesús lo enunciará: “Bienaventurados, dichosos, felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia de Dios”. Hoy puedes buscar tu santificación personal de muchas maneras, pero créeme que, teniendo esa mirada compasiva frente al equivocado, sin juicios, sin rigidez, sin dureza, estás en un camino muy directo al cielo. En una tercera argumentación o camino para alcanzar la misericordia, reconoce que ella es un mandato de Dios y que Dios no nos pide lo que no podamos cumplir. De hecho, dirá Jesús: “Sean misericordiosos como mi Padre del cielo es misericordioso”. Es un imperativo, y Jesús vivió primero su ser misericordioso antes de pedirnos a nosotros ser compasivos con los demás. En una cuarta senda o camino para alcanzar misericordia, reconoce que ella es un puente de unidad entre los hombres. Tantas divisiones en nuestro mundo, tantos conflictos, sólo se superan cuando miramos al otro no como nuestro enemigo, nuestro adversario; sino por el contrario, cuando tenemos misericordia y compasión frente a él, más allá de que piense distinto de como yo pienso y mire la vida de una manera diferente a la mía. En un quinto camino, reconocemos que la misericordia, en definitiva, es una mirada realista sobre la condición humana. Es que todos somos de barro, todos nos equivocamos, todos caemos, y si no tenemos esta claridad y este realismo, nunca seremos verdaderamente compasivos, ni misericordiosos a ejemplo del Padre de los cielos. En un sexto camino, descubre que tu lengua es un sello de seguridad si la usas con misericordia. Aprendamos a callar sobre muchas miserias humanas que descubrimos en los otros y aprendamos primero a mirarnos a nosotros mismos y a decir, ¿quién soy yo para juzgar, si yo mismo he sido un pecador? De hecho, Jesús nos dirá: “No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados”. En un séptimo camino, reconoce que la misericordia nos abre a la bendición de Dios. Es que solo recibiremos misericordia del cielo, si somos misericordiosos con los demás, recordando la máxima evangélica proclamada por Jesús: “La medida que uses con los demás, la usarán también contigo”. En un octavo camino reconoce, que sólo el que padece verdaderamente compadece. Y la misericordia nos hace más humanos, más plenamente humanos. Y podría decir, nos hace más divinos, más semejantes al corazón de Dios. En una novena y penúltima afirmación, afirmemos que cuando hay un mayor autoconocimiento de nuestra vida, habrá una verdadera misericordia, porque cuando me conozco en profundidad, en mis equívocos, en mis miserias, no tengo razones para negar misericordia, compasión a los demás. Me gusta repetir esta frase: “El que no se conoce a sí mismo, no puede ser misericordioso con los demás”. Y me gusta también decir: “El que fácilmente juzga de otro, difícilmente se conoce a sí mismo”. Concluyamos con un décimo camino para alcanzar la misericordia, es el camino de la humildad, porque sólo el hombre o la mujer de corazón humilde, mira primero su barro personal, no lo disfraza con la soberbia, la vanidad, y aprende a ser compasivo con los demás. Hoy te invito para que no pases por la vida lleno de resentimientos, no mantengas abiertas tus heridas, sana tu corazón, no pierdas tu paz y no te perturbes por otros y por su actuar. Que la misericordia del corazón, a ejemplo de Cristo, lo alcanza todo para tu vida. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 9, 9-13 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Gn 23,1-4.19; 24,1-8.62-67: Isaac con el amor de Rebeca se consoló de la muerte de su madre. Sara vivió ciento veintisiete años. Murió Sara en Quiryat Arbá – que es Hebrón – en el país de Canaán, y Abraham hizo duelo por Sara y la lloró. Luego se levantó Abraham de delante de la muerta, y habló a los hijos de Het en estos términos: Yo soy un simple forastero que reside entre vosotros. Dadme una propiedad sepulcral entre vosotros, para retirar y sepultar a mi muerta.» Después Abraham sepultó a su mujer Sara en la cueva del campo de la Makpelá frente a Mambré (es Hebrón), en Canaán. Abraham era ya un viejo entrado en años, y Yahveh había bendecido a Abraham en todo. Abraham dijo al siervo más viejo de su casa y mayordomo de todas sus cosas: «Ea, pon tu mano debajo de mi muslo, que voy a juramentarte por Yahveh, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos con los que vivo; sino que irás a mi tierra y a mi patria a tomar mujer para mi hijo Isaac.» Díjole el siervo: «Tal vez no quiera la mujer seguirme a este país. ¿Debo en tal caso volver y llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?» Díjole Abraham: «Guárdate de llevar allá a mi hijo. Yahveh, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que me tomó de mi casa paterna y de mi patria, y que me habló y me juró, diciendo: «A tu descendencia daré esta tierra», él enviará su Angel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo. Si la mujer no quisiere seguirte, no responderás de este juramento que te tomo. En todo caso, no lleves allá a mi hijo.» Entretanto, Isaac había venido del pozo de Lajay Roí, pues habitaba en el país del Négueb. Una tarde había salido Isaac de paseo por el campo, cuando he aquí que al alzar la vista, vio que venían unos camellos. Rebeca a su vez alzó sus ojos y viendo a Isaac, se apeó del camello, y dijo al siervo: «¿Quién es aquel hombre que camina por el campo a nuestro encuentro?» Dijo el siervo: «Es mi señor.» Entonces ella tomó el velo y se cubrió. El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho, e Isaac introdujo a Rebeca en la tienda, tomó a Rebeca, que pasó a ser su mujer, y él la amó. Así se consoló Isaac por la pérdida de su madre. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 106(105), 1-2. 3-4a. 4b-5.6. (R. 3a) Yo amo, Señor, tus mandamientos. Demos gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¿Quién podrá contar las hazañas del Señor y alabarlo como él merece? Yo amo, Señor, tus mandamientos. Dichosos los que cumplen la ley y obran siempre conforme a la justicia. Por el amor que tienes a tu pueblo acuérdate de nosotros, Señor, y sálvanos. Yo amo, Señor, tus mandamientos. Sálvanos, Señor, para que veamos la dicha de tus escogidos y nos alegremos y nos gloriemos junto con el pueblo que te pertenece. Yo amo, Señor, tus mandamientos. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 9, 9-13: No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificios. En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. El se levantó y lo siguió. Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.AmorBondadCondición humanaMirada realistaMisericoridia mandato de DiosPuente de unidadSan MateoSer misericordiososVivir la misericordiaBibliaEvangelio¡Misericordia!La Misericordia es...