Fundación Amén Comunicaciones2026-05-252026-05-252026-05-21https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1328https://drive.google.com/file/d/1K_9hdYDLk1wgbA3BZ2nP0LApaiFJDhpS/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Unidad, unidad! La primera lectura tomada del Libro de los Hechos o Actos de los Apóstoles en los capítulos finales de este Libro que nos narra la Iglesia naciente, cómo se forma y se configura el cristianismo primitivo. Nos presenta las persecuciones que vivió o mejor, que padeció el apóstol Pablo, curiosamente, más a mano de los judíos, de los fariseos que, de los gentiles, los paganos. Esto nos hace recordar la expresión de las abuelas: “No hay cuña que más apriete que la del propio palo”. Pablo sabía que los fariseos y los saduceos se diferenciaban amargamente, ácidamente a partir de que los fariseos creían en la resurrección de los muertos, y los saduceos no. Por eso, cuando fue presentado ante el tribunal, completado o conformado por los sumos sacerdotes, por los saduceos y los fariseos, gritará: ¡Soy fariseo!, (dirá Pablo), ¡hijo de fariseo, y me están juzgando porque tengo la esperanza en la resurrección de los muertos! Fue la frase clave para que se armara un violento altercado entre los saduceos y fariseos, y así la asamblea del tribunal o sanedrín judío quedó dividida. Cómo Pablo, con gran inteligencia, supo defenderse de ellos y como decían algunos, en medio del griterío “que no encontraban nada malo en este hombre”, a propósito de que ellos no se pudieron poner de acuerdo. Luego concluirá esta primera lectura afirmando que el Señor se le presentó a Pablo y le dijo: “Ánimo, no estás solo, lo mismo que has dado testimonio de Jesucristo en la ciudad de Jerusalén, tendrás que darlo en la ciudad de Roma”. Mil vicisitudes, cientos de dificultades, traiciones y persecuciones, pero hasta el momento, de todas estas pruebas, Dios ha liberado al gran apóstol del mundo gentil, del mundo no judío. Con razón el salmo litúrgico de este día nos invita a entonar como asamblea celebrante: ¡Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti! Yo digo al Señor, Tú eres mi Dios. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte, mi destino está en tus manos. Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente, tengo siempre presente al Señor, con Él, a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa esperanzada, porque no me abandonarás en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. En el fondo, este salmo es un grito de confianza, de esperanza, de consuelo en el Señor del poder, en el Señor de la vida, en el Señor que salva, más allá de las dificultades e incomprensiones humanas que un evangelizador como Pablo o cualquiera otro pueda padecer. Pero pasemos al Evangelio de san Juan, capítulo 17, donde continuamos reflexionando sobre la llamada oración sacerdotal de Cristo al Padre Dios que se llama tal, porque es sobre todo una oración de intercesión por sus discípulos, por sus amigos. Y nos dirá en este texto evangélico del día de hoy “que Jesús, ante el Padre de los cielos, no sólo ruega por sus discípulos, sino por los que, en el futuro, en posteriores generaciones, crean en la palabra de los discípulos. Y ruega para que todos sean uno, para que vivan en unidad, en común unión, comunión, como el Padre y Jesucristo su Hijo viven en unión”. Y volverá a repetir: “Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que todos sean uno, como nosotros somos uno”. (Está hablando del Padre y de Él como Hijo). Y para que sean completamente uno de modo que el mundo sepa que Jesús ha sido enviado por el Padre en una unión de vida y de amor que nadie puede rebatir. Este texto, donde reiterada, repetitivamente se habla de la unidad, tiene que generar profundo eco en nuestra vida, cuando uno de los signos claros de los tiempos modernos es la división, la oposición ideológica, política entre los hombres, el odio de clases sociales que malos dirigentes o dirigentes pervertidos han sembrado en las comunidades en distintos países y sociedades del mundo entero. Si algo predica, si algo proclama el Evangelio de Jesucristo es la unidad. De hecho, en el lema pontificio del Papa León XIV, recordando una famosa expresión del gran padre de la Iglesia, san Agustín, se nos dice: “Que en aquel que es uno, (hablando de Jesucristo), todos somos uno”. Y en el fondo, el Papa ha entendido que todo reino dividido va a la ruina, como ya lo señala el texto evangélico enunciado por Jesús y que debemos como un gran servicio a la humanidad fomentar la unidad en las sociedades. Tenemos que entendernos a pesar de que pensemos de manera distinta y no podemos calificar como enemigos políticos, objetivos militares aquellas personas que piensan distinto de nosotros, que en el fondo son seres humanos como nosotros, con necesidades como nosotros, que tienen su forma de pensar política, ideológica como también la tenemos nosotros, que buscan la justicia y buscan la igualdad humana como nosotros. De manera que, reitero, no podemos declarar a otro simplemente un objetivo militar. Mientras un ser humano no use la violencia física, nosotros debemos buscar el entendimiento y la armonía entre los demás. Pero esa violencia física está antecedida de una violencia verbal, una violencia simbólica, donde nos descalificamos unos a otros. El demonio, permítanme la expresión, se alegra, se ríe a carcajada abierta cuando nos ve peleándonos, dividiéndonos en el seno de las naciones, en el seno de las sociedades, en el seno de las familias, en el seno de los matrimonios. Eso no está en el proyecto de Dios para ninguno de nosotros. Cuántos discursos incendiarios, malintencionados y desafortunadamente muy efectistas, que generan gran efecto en la gente, nos llevan a nosotros a oponernos en nombre de la injusticia y del sentirnos indignados. Cuídate de aquellas personas que lo único que hacen en la vida es encender, es alimentar el resentimiento, el odio, el prejuicio, la prevención desde el punto de vista religioso, racial, de clase social, ideológico o político. Flaco servicio le presta a una humanidad más próspera, aquellos que simplemente buscan dividir. De hecho, la palabra diablo viene de diábolos, que significa lo que divide, lo que separa. Y somos idiotas útiles, instrumentos efectivos en manos del maligno cuando buscamos separarnos y dividirnos. En la vida, siempre pensaremos distinto. En la vida siempre tendremos comprensiones diferentes sobre cómo manejar una situación, cómo administrar un matrimonio, una familia. Pero esto no nos puede llevar a lo que hoy vivimos, los divorcios y separaciones por todo, y por cualquier detalle simple, la oposición y los discursos de odio amplificados en los textos e imágenes agresivas que se hacen virales, se multiplican en las redes sociales, no es la tarea de un creyente. Nuestra tarea es creer en los valores del Evangelio, en los principios que Jesús enunció como válidos para que una sociedad salga adelante y para que el hombre viva en plenitud. Pero esto no pasa por la violencia. A manera de anécdota, recuerdo hace ya muchos años cuando padecí el secuestro con el gobernador de Antioquia de la época y su comisionado de paz, el guerrillero que dirigía un frente subversivo y que secuestró a estos personajes, me preguntaba a mí al otro día del secuestro, estando yo en cautiverio, ¿por qué la Iglesia Católica no apoyaba el supuesto proyecto político y revolucionario de la guerrilla? Y yo le respondí de manera tajante, que nunca la Iglesia va a apoyar un proyecto político fundado sobre la violencia, sobre el odio y la destrucción del otro, simplemente porque piensa distinto de como yo pienso. Hoy hemos visto el error y el horror, el error y el horror de estos grupos alzados en armas de izquierdas o derechas. Hemos visto el sufrimiento, la pobreza y la crueldad con la que actúan, y podemos decir este no es el camino, es el peor de los caminos. Y el remedio frente a la injusticia social resulta peor que el problema. Por eso, como creyentes, hablemos, presentemos nuestras diferencias, pero con respeto y nunca destruyendo a la otra persona. La unidad, la unidad, la unidad en la diferencia, es el gran camino que propone el Evangelio. El pensar, el sentir con el otro, aunque seamos muy distintos. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 17, 20-26 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 22, 30; 23, 6-11 En aquellos días, queriendo el tribuno conocer con certeza los motivos por los que los judíos acusaban a Pablo, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno y, bajando a Pablo, lo presentó ante ellos. Pablo sabía que una parte eran fariseos y otra saduceos y gritó en el Sanedrín: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, se me está juzgando por la esperanza en la resurrección de los muertos». Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección ni ángeles ni espíritus, mientras que los fariseos admiten ambas cosas). Se armó un gran griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: «No encontramos nada malo en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?». El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel. La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: «¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio en Jerusalén de lo que a mí se refiere, tienes que darlo en Roma». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 16(15), 1b-2a y 5. 7- 8. 9-10.11 (R.1) Protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti. Protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano. Protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti. Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré. Protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. Protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu Presencia, de alegría perpetua a tu derecha. Protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Juan 17, 20-26 En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró diciendo: «No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como Tú, Padre, en mí, y yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que Tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que Tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu Nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos». Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.AmorAmor del PadreUno en DiosUno en JesúsUnidad con DiosUnidad de las familiasUnidad de las nacionesUnidad de las sociedadesUnidad de los matrimoniosSan JuanBibliaEvangelio¡Unidad, unidad!Unidad y Amor