Fundación Amén Comunicaciones2025-09-112025-09-112025-08-23http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/1037https://drive.google.com/file/d/1_Dlk7SvgWsz_7pnNvy6m7ifkIMf4Dc_Q/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Que acaba el amor! La primera lectura tomada de la Carta del apóstol san Pablo a los Corintios, el apóstol Pablo nos habla del celibato, nos habla también de la unión esponsal y afirmará, “¿estás unido a una mujer?, no busques separación; ¿estás libre?, no busques mujer, aunque si te casas no haces mal. Y si una mujer soltera se casa, tampoco hace mal; pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne que yo quisiera evitarles”. Cuando se habla aquí de carne, no se habla solamente de la concupiscencia en el deseo carnal, sino de la condición que exige la convivencia, que es siempre exigente y nos lleva a morir a nosotros mismos, para que esta convivencia sea más en el espíritu y menos en la humanidad donde somos tan cambiantes, somos tan volubles. Pero continuará Pablo afirmando: “La mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos de Dios, consagrándose a ellos en cuerpo y alma”. Y dirá: “Lo digo todo esto para su bien, no para ponerles una trampa; sino para inducirlos a una cosa noble y al trato asiduo con el Señor sin preocupaciones”. Valorando Pablo el matrimonio, también destaca la vida de los solteros y las solteras, que pueden colocar, como en primer lugar en su corazón a Dios antes que a una pareja humana. Pero pasemos al evangelio de hoy, tan reiterado en distintos momentos del año litúrgico, cuando le preguntan los fariseos a Jesús para ponerlo a prueba, ¿si es lícito divorciarse de una mujer por cualquier motivo? Y Jesús habla del proyecto creador de Dios, del hombre y la mujer, que sean una sola carne y afirmará: “Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. Pero en su terquedad, los fariseos quieren insistir en el argumento de Moisés que permitió dar acta de divorcio a un hombre de una mujer. Y Jesús les dirá “que es una excepción, pero que el principio general es vivir en fidelidad, no caer en el adulterio”. Hoy nos preguntamos frente a una realidad tan frecuente en nuestro mundo, en nuestra sociedad, en nuestro tiempo, ¿por qué se acaba el amor?, ¿por qué se cae en adulterio?, ¿por qué vivimos con una tercera persona?, ¿por qué no luchamos por esa relación primera, ese amor primero que conocimos? Y me atrevería a dar varias razones. La primera, el egoísmo. Es el amor que nunca creció, el amor que nunca maduró, el amor que nunca entendió que debía darse, donarse a los demás. El egoísmo envenena y mata el amor. De hecho, es el antónimo, lo opuesto al amor. Una persona egoísta es una persona incapaz para donarse a otros, cuando la esencia del verdadero amor es dar vida, donarnos nosotros mismos. El egoísmo es como el agua estancada que no corre libremente por una acequia, un canal; se pudre, se daña, se contamina y pierde su naturaleza. Cuando nos centramos en nosotros mismos, en nuestro bienestar personal, en nuestra gratificación profunda, nos volvemos sin darnos cuenta, incapaces de sacrificio, de entrega, de donación de nuestro tiempo, de salir de nuestros planes para acompañar al ser que decimos amar. Pero en un segundo momento, además de que el egoísmo acaba con el amor y nos puede llevar a una relación de adulterio, pienso que el orgullo también acaba el amor. Es que “el verdadero amor es humilde” (según nos recuerda la más preciosa página de toda la Biblia sobre el amor humano 1 Corintios capítulo 13, versículos 4 al 8). Es que sin humildad no hay verdadero amor. Es que el orgullo podríamos decir que es un amor desbordado, desordenado por la propia excelencia hacia nosotros mismos, pero no se sacrifica y no entiende las razones, las verdades que acompañan a la pareja. Es que el orgulloso sólo ve su verdad, no la del otro; ve sus razones, sus argumentos, no las razones y los argumentos de la pareja. No ve sus defectos, sino los defectos y fallas de la persona con la que dice convivir. El orgullo nos hace incapaces para la paciencia, nos hace incapaces para la comprensión y nos hace incapaces para el perdón. Piensa que desde el orgullo tú no tienes paciencia con la debilidad y defectos ajenos. Te da ira, que es una expresión de orgullo, te da rabia continua. Desde tu orgullo no eres capaz de comprender y ponerte en el lugar de la otra persona, tener una relación empática donde puedas ponerte en la situación existencial y actual de tu pareja. Y por el orgullo somos incapaces para el perdón, de pedir excusas, de ofrecerlas por nuestras ofensas, por nuestras palabras maltratadoras. Pensamos que esto nos va a quitar humanidad, nos va a quitar fortaleza, nos va a quitar imagen frente a la persona con la que convivimos. El orgulloso al final de su vida siempre termina sola o solo porque nunca fue capaz de dar el brazo a torcer, de entender que tenía que pedir perdón por sus equivocaciones personales, porque pensó que nunca se había equivocado realmente. En una tercera razón de por qué se acaba el amor, hablamos de la excesiva confianza que nos lleva a invadir espacios propios y personales de la pareja y a no respetarlos. “A veces hay palabras que debemos siempre de conservar”, (como decía en su momento el Papa Francisco): permiso, gracias, perdón. He observado en mi vida como sacerdote que las mayores ofensas, los mayores irrespetos, vienen de quien más nos ha conocido y supuestamente más nos ha tratado y nos ha amado en la vida porque nos conoce con alguna o con mucha profundidad. Por eso, en esa excesiva confianza frente a tu cónyuge, no hablemos con rabia, con dolor, con ira, que solo causamos más daño a la relación. En esta excesiva confianza también evita las críticas mordaces, “la cantaleta” y la repetición de comentarios incómodos que lo único que hacen es estresar el amor y la relación de pareja. Pero en una cuarta razón de por qué se acaba el amor, podría decir porque le robamos el tiempo al amor, tiempo que es necesario para alimentar el amor. En nuestra sociedad tecnocrática del mucho estudio: posgrados, especializaciones, maestrías, doctorados, en esta época de mucho trabajo, doblándonos en fin de semana para obtener mayores ingresos. En este tiempo de mucha vida social, por lo menos a nivel tecnológico, de redes sociales, no hay tiempo para la pareja, no hay tiempo para mirarnos a los ojos de frente, no hay tiempo para compartir con tranquilidad, sin estar apresurados. A veces hasta hacer el amor, estar en intimidad se hace bajo la presión del tiempo. Pero falta tiempo también porque a veces hay mucho encerramiento alrededor de nuestros problemas, de nuestras necesidades personales, de nuestras angustias interiores, y la otra persona apenas es paisaje para nosotros, nuestra pareja parece que se invisibiliza porque estamos tan ocupados y preocupados interiormente que somos ciegos, sordos y mudos para comunicarnos y entrar en comunión con nuestra pareja. Finalmente, podría decir que esta falta de tiempo que acaba con el amor, hoy se ve de manera muy explícita en lo que el filósofo Byung-Chul Han habla como “la sociedad del rendimiento y una excesiva positividad, donde se nos afirma que el hombre tiene que ser productivo, competir permanentemente consigo mismo y exigirse en el aprendizaje de nuevas tecnologías, nuevas lenguas, nuevas formas de la vida moderna, por ejemplo, de la inteligencia artificial. Y entonces todo el tiempo trabajando fuera de casa y trabajando dentro de la casa, no hay tiempo para la vida humana, no hay tiempo para la vida de pareja”. Concluyo con un quinto factor que nos lleva a acabar el amor y es cuando buscamos escapes, compensaciones, sustitutos. Hay dos tipos de fugas, de escapes: uno hacia adentro y otro hacia afuera. El escape hacia adentro nos lleva al mutismo, a silenciarnos, a una neurosis, quizás una bipolaridad, a veces a ser luz de la calle y oscuridad en la casa. Es un escape hacia adentro, mirando redes sociales, mirando plataformas de películas streaming, mirando libros y temas personales de interés, nos alejamos y nos aislamos. A veces llegamos a casa solo justo a la hora de dormir. Pero hay también el escape hacia fuera cuando buscamos el éxito y el reconocimiento profesional y social, de pronto buscamos “affaire” o aventuras con terceras personas para liberar cierto estrés emocional. Descubramos uno, en el egoísmo. Dos, en el orgullo. Tres, en la excesiva confianza con la pareja que no respetamos su vida. Cuatro, en la falta de tiempo. Cinco, en los escapes hacia adentro o hacia afuera porque estamos estresados existencialmente. Descubramos causas que acaban con el amor y nos llevan a buscar relaciones por fuera, relaciones de adulterio, relaciones que nos lastiman en nuestra conciencia y lastiman el corazón de la pareja y la persona que decimos amar. Cuida tu corazón, cuida el amor, cuida a tu pareja. Si tu pareja y tu familia no son importantes en la vida, entonces te pregunto yo, ¿qué puede ser importante para ti? Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 13, 44- 46 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: 2 Corintios 10, 17–11, 2 Hermanos: Si alguno quiere enorgullecerse, que se enorgullezca en el Señor, porque el hombre digno de aprobación no es aquel que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba. Ojalá soportaran ustedes que les dijera unas cuantas cosas sin sentido. Sopórtenmelas, pues estoy celoso de ustedes con celos de Dios, ya que los he desposado con un solo marido y los he entregado a Cristo como si fueran ustedes una virgen pura. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 148, 1bc-2. 11-13a. 13c-14 (R.: cf. 12a. 13a) Jóvenes y doncellas, alaben al Señor. Alaben al Señor en las alturas, alábenlo en el cielo; que alaben al Señor todos sus ángeles, celestiales ejércitos. Jóvenes y doncellas, alaben al Señor. Reyes y pueblos todos de la tierra, gobernantes y jueces de este mundo; jóvenes y doncellas, niños y ancianos juntos, el nombre del Señor alaben todos, pues su nombre es excelso. Jóvenes y doncellas, alaben al Señor. Su gloria sobrepasa cielo y tierra y ha hecho fuerte a su pueblo. Que lo alaben los fieles de Israel, a quien él eligió como su pueblo. Jóvenes y doncellas, alaben al Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 13, 44-46 En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra”. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.AmorDesamorEgoísmoGenerosidadOrgulloSan MateoTiempo de calidadBibliaEvangelio¡Que acaba el amor!Amor