Fundación Amén Comunicaciones2026-05-222026-05-222026-05-05https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1312https://drive.google.com/file/d/1C2n9VFaWO_j4dsmB2Z0S4uW2euw0oakk/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡No te turbes, no te acobardes! La primera lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestra la realidad que tantas veces hemos enunciado de cómo la Iglesia Católica hace 2000 años nace, crece, se multiplica en un contexto de incomprensión, de crueldad y de persecución por parte de aquellos que no entendían el nuevo camino, como se le llamaba a la naciente Iglesia cristiana. Nos habla como los judíos de Antioquía habían apedreado a Pablo, lo habían arrastrado fuera de la ciudad, dándolo por muerto. Pero, sin embargo, el Señor preservó la vida de este gigante de la evangelización y del anuncio de Jesús. Y nos dirá el Libro de Hechos de los Apóstoles “que los discípulos, seguidores de Jesús lo rodearon, lo cuidaron, que él se levantó y volvió a la ciudad”. Pero nos habla que más allá de acobardarse, amedrentarse, amilanarse por la incomprensión y la crítica, por la crueldad y la violencia de sus detractores, se va a predicar el Evangelio en Derbe. Nos habla de esa perseverancia en la fe y cómo también en Listra, en Iconio, en Antioquía, animaba y exhortaba a todos los discípulos diciéndoles una expresión que nos pone a pensar a todos: “Hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”. Hoy me detengo en esta expresión y te digo, si te toca pasar por tribulaciones en tu matrimonio, por tribulaciones en la crianza de tus hijos, por tribulaciones en la empresa donde hay intrigas y hay hipocresías, si te toca pasar por tribulaciones económicas, de salud ¡Cómo no pasar tribulaciones por el anuncio de la vida nueva, la vida maravillosa, la vida en plenitud que Jesús nos da con su Muerte y su Resurrección! No se puede detener, lo reitero el anuncio del Evangelio, por más que haya detractores, los creyentes no nos podemos acobardar y antes será motivo de alegría y de gozo vivir intrigas, calumnias, señalamientos, cuando lo hacemos por el nombre de Jesús. Al final del texto de la primera lectura nos dirá cómo estos gigantes de la evangelización, los apóstoles en cada iglesia nombraban, designaban presbíteros, orando y ayunando previamente y encomendando a estos presbíteros las nuevas comunidades donde era anunciado el Evangelio de Jesús. Pero pasemos al texto de san Juan en el capítulo 14, cuando Jesús dice a los suyos como un gran don de la Pascua: ¡La paz les dejo, mi paz les doy! Y afirmará: “No doy la paz como la da el mundo”. Es que la paz de Jesús es distinta. La paz del mundo es el silenciamiento de los fusiles. La paz del mundo es la paz de los muertos en los cementerios, porque un ejército ha sido doblegado por otro. Pero la paz de Jesús es la sumatoria de todas las bendiciones, parabienes, gracias, misericordias que el buen Dios derrama sobre nuestra vida, sobre la vida de los que amamos, sobre la vida del mundo. Y a renglón seguido Jesús afirmará: “Que no se turbe su corazón ni se acobarde”. En el fondo, conoce como nadie nuestra condición humana, y a Él le aconteció. Él se turbó ante la traición de Judas, según nos dicen los Evangelios, como hombre se turbó ante la traición del que creía su amigo, y también se turbó ante el misterio de la muerte de otro amigo Lázaro. De hecho, el texto escriturístico nos dice “que lloró” y que los testigos de sus lágrimas afirmaban: ¡Miren cómo quería a Lázaro de Betania! Hoy nosotros no somos ajenos a ser turbados por la ingratitud, el engaño, la traición de alguien en quien hemos puesto nuestra confianza, nuestro amor, nuestra amistad, y no dejamos de ser turbados ante la muerte de un ser entrañablemente querido. Pero Jesús nos dice: “No puede ocurrir eso en ustedes. Confíen en mí, confíen en mi Padre que es mayor que Yo, y Él nos va a ayudar”. Hoy te invito para que entiendas que el poder de Dios es más grande que el poder del maligno. De hecho, lo afirmará el Evangelio de hoy cuando dice: “Se acerca el príncipe de este mundo, pero no es que él tenga poder sobre mí”. Hace esta precisión: “Nunca el poder del maligno tendrá un poder superior sobre Cristo”. Dice simplemente: “Yo debo de partir, porque debo de volver a la fuente de donde vine, el Padre Dios, y actúo, obro, vivo, obedezco según lo que el Padre de los cielos y según el plan providente del Padre, así me lo ha ordenado”. Hoy te invito para que las turbaciones, los miedos, las angustias del mundo no te turben, y, por el contrario, escuchemos esta palabra y esta promesa de Jesús: ¡Alégrense de que vuelva al Padre Dios, que es mayor que Yo! Y les invita o nos invita a todos, no solamente a los discípulos hace 21 siglos, nos invita a todos “a que creamos en Él y a que cuando acontezca la partida de Jesús, no nos escandalicemos, porque Él ya la había anunciado”. Es la gran verdad, Jesús en el plan providente del Padre de los cielos, debe de volver a su origen, de donde vino en algún momento para mostrarnos un estilo nuevo de vida, una forma distinta de relacionarnos, una dimensión más profunda de la vida desde el amor, pero el amor, amor, el amor real, el amor compasión. Hoy recibamos su paz, hoy seamos fortalecidos, hoy no nos desanimemos. Ciertamente viviremos tribulaciones, pero el Señor y su amor es más grande que todas ellas. ¡Mucho ánimo, mucha paz, mucha confianza en el Señor! Y aun alegría porque Jesús yendo al Padre, volviendo a su origen, nos enviará el Maestro interior, el Abogado, el Intercesor, el Paráclito que nos seguirá enseñando, nos seguirá acompañando, nos seguirá mostrando el camino a seguir en nuestra vida. ¡Nunca estaremos solos! Que el buen Dios que es rico en misericordia, que es fiel en sus promesas, que nunca abandona, que siempre acompaña, te bendiga abundantemente en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 14, 27-31a Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 14, 19-28 En aquellos días, llegaron unos judíos de Antioquía y de Ico­nio y se ganaron a la gente; apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dándole ya por muerto. Entonces lo rodearon los discípulos; él se levantó y volvió a la ciudad. Al día siguiente, salió con Bernabé para Derbe; después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios. En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían encomendado la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puer­ta de la fe. Se quedaron allí bastante tiempo con los discípulos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo 145(144),10.11-12. 13ab.21 (R. 126[125],5) Tus amigos, Señor, proclamen la gloria de tu reinado. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. Tus amigos, Señor, proclamen la gloria de tu reinado. Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad. Tus amigos, Señor, proclamen la gloria de tu reinado. Pronuncie mi boca la alabanza del Señor, todo viviente bendiga su santo nombre por siempre jamás. Tus amigos, Señor, proclamen la gloria de tu reinado. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Juan 14, 27-31a En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe su corazón ni se acobarde. Me han oído decir: “Me voy y vuelvo al lado de ustedes:” Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean. Ya no hablaré mucho con ustedes , pues se acerca el Prín­cipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es ne­cesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que como el Padre me ha ordenado, así actúo.» Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.Amor providenteAngustiasInjusticiasMiedosSan JuanBibliaEvangelio¡No te turbes, no te acobardes!Turbación del corazón