Fundación Amén Comunicaciones2026-05-262026-05-262026-05-28https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1335TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Aquí estoy para hacer tu voluntad! En la fiesta litúrgica de Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, se nos invita a contemplar y a meditar como Cristo se ofreció al Padre Dios como ofrenda santa por nuestra salvación y sigue intercediendo por nosotros. Que esta sea una jornada de oración por todos los sacerdotes, los consagrados, para que vivamos nuestro ministerio, nuestro servicio de santificación a la comunidad cristiana con fidelidad, con verdadera entrega y con amor sincero, y que renueve en todos nosotros el amor a la Eucaristía y el deseo de servir a los demás como Cristo ha servido a su Iglesia. La primera lectura que tomamos de la carta a los Hebreos en el capítulo 10, un texto profundamente sacerdotal, nos muestra que la sangre sacrificial de animales no es capaz de quitar el pecado. Muy a propósito de que en el mundo antiguo en el Viejo Pacto u Antiguo Testamento se tenía la idea de que la sangre de cabras, de terneros, de toros, de machos cabríos ofrendados en el gran templo, lugar de culto, eran capaces de sanar, de quitar, de suprimir el pecado de los hombres y hacernos justos de cara a Dios. La carta a los Hebreos denuncia este engaño y dice: “Es imposible, como se pensó por muchos siglos en el Antiguo Testamento, que animales sacrificados y su sangre derramada en el altar del templo santo pueda quitar el pecado del mundo”. Pero a renglón seguido hace una precisión “Dios, que se ha revelado en Jesucristo, muestra su voluntad. Él no quiere holocaustos, no quiere sacrificios rituales, no quiere víctimas de expiación o víctimas expiatorias en animales; lo único que quiere es la obediencia a sus preceptos, el guardar sus mandatos, el cumplir su Ley, el vivir según su Espíritu, que es el del amor, la justicia y la entrega por los demás”. De hecho, dirá en este texto de la primera lectura: “No aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias, en cambio, yo dije, he aquí que vengo para hacer, oh, Dios, tu voluntad”. Y ratificará al final de esta primera lectura: “Tú no quisiste sacrificios, ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias; Tú sólo quieres que hagamos tu voluntad. Niegas lo primero para afirmar lo segundo”. y concluirá diciendo el texto precioso de Hebreos, capítulo 10 “que sólo somos santificados por la ofrenda de la vida de Cristo en la cruz, que se hizo una sola vez hace 2000 años y para siempre, y que se actualiza, se actualiza en cada Eucaristía que celebramos”. En el fondo es como estar en una pequeña Semana Santa en cada Misa donde presenciamos como Cristo se ofrenda en el pan y en el vino consagrados, primero al Padre Dios por nuestros pecados, haciendo actual al día de hoy la salvación obrada hace 2000 años que sigue actualizándose en el tiempo. Y segundo, Cristo se nos da como alimento para nutrir nuestra alma, para santificarnos, para darnos la fortaleza de perseverar en obediencia a sus mandatos. Luego, el salmo litúrgico de hoy, el salmo 39, dirá de manera bella, sugestiva y profunda tal vez una de las realidades más difíciles en la vida: ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad! Qué difícil pienso yo hacer la voluntad de Dios en medio de una enfermedad terminal. Hacer la voluntad de Dios y convivir con una persona neurótica, bipolar difícil. Hacer la voluntad de Dios y morir a mi egoísmo, a mi ego, a mi orgullo, para nacer a una nueva vida en donación amorosa y sacrificada por los demás. Qué difícil hacer la voluntad de Dios cuando mis criterios humanos, mi inteligencia personal quiere construir la vida por otro lado, cuando deseo, según la mentalidad contemporánea, de tener control sobre todas las variables de mi vida. Qué difícil y qué hermoso es hacer la voluntad de Dios, y es el gran sacrificio, la gran ofrenda espiritual agradable al Padre de los cielos, nuestra obediencia como la tuvo Jesús, y de la que dice san Pablo: “Fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz”. O también, como dice el mismo Jesucristo: “He venido a hacer la voluntad de mi Padre”; o en otro texto afirmará: “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”. Hoy pidamos esa gracia altísima en las circunstancias más adversas, en las situaciones más críticas, en momentos que para nosotros nos parecen totalmente contradictorios con el criterio, el entendimiento y la inteligencia humana, saber que Dios tiene una voluntad superior, una voluntad más inteligente y a veces una voluntad misteriosa sobre nuestra vida, pero que allí no nos equivocamos. Finalmente, en esta fiesta litúrgica de Jesucristo, Sumo Sacerdote, donde Él es víctima, sacerdote y altar al mismo tiempo en la cruz, nos muestra el texto inmenso de Mateo 26, donde Jesús libra esta batalla en el corazón, en su corazón personal en Getsemaní, en el Huerto de Getsemaní, cuando dice: “Siento una tristeza y una angustia de muerte”. Y clama al Padre de los cielos: ¡Si es posible que pase de Mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, lo que Yo deseo, lo que Yo quiero, sino que se haga según tu voluntad! Y luego, acompañado de Pedro y un par de apóstoles más, les llama la atención, porque dormidos no han sido capaces de velar, de vigilar, de estar despiertos y atentos. Y les afirmará: “Vigilen y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero este cuerpo, esta carne, es débil”. Y luego, por segunda vez en esa lucha intensa de Jesús, que es paradigmática, que es una fotografía universal de nuestras luchas personales, por segunda vez nos dirá el evangelista san Mateo, Jesús vuelve a decir: ¡Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que Yo lo beba, hágase tu voluntad! Es que Jesús, como hombre, como cualquiera de nosotros, sintió permítanme la expresión rechazo, repugnancia frente a la cruz. Pero más allá de su Pasión, su sufrimiento, su desnudamiento, su humillación, su Crucifixión, su ejecución por demás totalmente injusta y cruel. Él entendió que sólo por el camino de la obediencia al Padre de los cielos está la senda de la verdadera salvación para todos los hombres. Tú y yo somos hijos de esta mentalidad moderna que nos habla de una libertad absoluta, de una independencia total, incluso algunos se atreven a hablar con arrogancia de una rebeldía contra Dios, de un cuestionamiento frente a la Ley y a la voluntad de Dios. Pero creo que es el camino peor, el de la perdición de la vida. Y créeme que aunque no lo entendamos del todo desde el punto de vista racional, desde la fe, que es una mirada más alta, la mirada de Dios, haciendo la voluntad divina vamos a salir adelante, vamos a alcanzar la salvación. No te desanimes y cada día, sobre todo en situaciones adversas, repite en oración con el salmo de hoy y con toda la fuerza de tu corazón: ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad! Aunque me cueste, aunque me duela, aunque no lo comprenda sé que al final es lo mejor para mí, porque Tú ves más profundamente de lo que yo alcanzo a ver. Y te repito: ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad! Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 26, 36-42 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hebreos 10, 4-10 Hermanos: es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu Voluntad”». Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu Voluntad». Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa Voluntad todos quedamos santificados por la oblación del Cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10-11ab. 17 (R.: cf. 8a. 9a) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío, cuántos planes en favor nuestro; nadie se te puede comparar. Intento proclamarlas, decirlas, pero superan todo número. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Entonces yo digo: «Aquí estoy.» Como está escrito en mi libro: «Para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 26, 36-42: Mi alma está triste hasta la muerte. En aquel tiempo Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú». Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil». De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad». Palabra de Dios. Te alabamos Señor.CálizCumplir los propósitosEgoEgoísmoGetsemaniJesús oraMorir a sí mismoOrgulloSan MateoVoluntad de DiosBibliaEvangelio¡Aquí estoy para hacer tu voluntad!Voluntad de Dios