Fundación Amén Comunicaciones2024-09-212024-09-212024-09-16http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/685https://drive.google.com/file/d/1T4fekugL4zhhX6Gm0rhkfnzLGD8B3XJX/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del capítulo 11 de la carta a los Corintios, nos trae el relato más antiguo en todo el nuevo testamento, sobre la institución de la Eucaristía y las mismísimas palabras de Jesús, donde Él se nos da como don, como regalo, el gran don, el gran regalo a la Iglesia en el pan y en el vino consagrados. Cuando nos sintamos solos en la vida, recuerda que cerca o más o menos cerca puedes tener un templo parroquial donde se celebra la Eucaristía, se actualiza la entrega de Cristo en la cruz, y si tú participas del sacrificio eucarístico, sentirás la presencia amorosa, cercana, incondicional, del amigo que nunca falla, del amigo siempre fiel que consuela y nos ayuda siempre a dilucidar respuestas frente a los grandes interrogantes y cuestiones de la vida personal. Pero no todo era perfecto en la comunidad primitiva y encontramos como Pablo el apóstol llama la atención, sobre la falta de unidad fraterna entre los cristianos de Corinto, que se ha roto al celebrar la Eucaristía, porque no es propiamente una fiesta de amor, sino que es una fuente de divisiones, de egoísmo y a veces incluso de abusos en el comer y en el beber. Esta Cena del Señor, necesita ser corregida para que verdaderamente se viva como un ambiente de fraternidad, de comunión profunda entre los hombres y mujeres que participan en ella. Pero avancemos en nuestra reflexión y entremos a mirar el evangelio de san Lucas en el capítulo 7, donde reconocemos que el gran milagro no es la curación del amado siervo o criado del centurión romano, sino que el gran milagro es la fe profunda de este soldado, de este guardián romano que siendo pagano cree en las palabras de Jesús. Es un hombre humilde que por pagano se siente manchado y por tanto indigno de que Jesús entre en su casa. De hecho, la expresión de él es paradigmática y la Iglesia la ha tomado para que nosotros como comunidad celebrante, la digamos en cada Eucaristía al decir: “No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. En el fondo fue la gran expresión del hombre que tenía 100 tropas, 100 soldados, (de ahí su nombre centurión), y que le dice con gran humildad a Jesús que él, siendo un pagano, un romano, un no creyente, basta la palabra poderosa de Jesús, sin necesidad de su presencia material y real frente al criado a quien tanto quería el centurión, para que este sea sanado. Es la fe profunda que se nos pide a nosotros, cuando no tenemos la posibilidad de conocer material y presencialmente a Jesús, y debemos de hacer como el centurión romano, creer en el poder de su palabra y saber que por ella y por su proclamación, Jesús puede sanar nuestra vida o curar la vida de aquellas personas que encomendamos en nuestro corazón. Qué bonita esa fe humilde, qué bonita esa fe llena de fuego y que nace precisamente de la necesidad de su criado que está grave y que abre al centurión romano a una oración creyente y confiada. Hoy, cuando probablemente tienes familiares, amigos o eres tú mismo quien se encuentra con quebrantos de salud, con toda humildad, con toda confianza y con mucha perseverancia, clama al Señor y dile: ¡Si es tu voluntad, puedes sanarme de mis dolencias, Tú conoces mi vida, quiero servirte, quiero entregar mi existencia al anuncio del evangelio, quiero ser un hombre, una mujer de bien, quiero dedicar mi vida a ser luz, a ser paz, a ser testimonio de justicia para los demás! Pero te pido el regalo inmenso de la salud y la sanación, porque es que entendemos que la enfermedad nos lleva a experimentar la vida con dificultad, con pobreza interior, con precariedad y, por el contrario, la salud nos lleva a descubrir y a reconocer la vida abundante, la vida con calidad, la vida plena que nos viene sólo de Jesucristo. Cuánto sufrimiento hay en los hombres y mujeres de todos los tiempos, al sentir la enfermedad, un accidente, la falta de salud por la vejez, el deterioro progresivo. Hoy, con una pizca de la fe que tuvo el centurión romano y con toda humildad clamemos al Señor: ¡No soy digno de que entres en mi casa, en mi vida, solo una palabra, un deseo tuyo bastará para curarme de mis dolencias interiores, emocionales, psicológicas y también de mis sufrimientos biológicos, corporales, materiales! Cree, cree y verás milagros en tu vida. Con razón dice el capítulo 11 de la carta a los hebreos, al principio del mismo: “Que por la fe y sólo por la fe agradamos a Dios”. Hoy en nuestro mundo, donde estamos tan permeados, tan intoxicados por las lógicas ahora tecnológicas y del pragmatismo y los resultados inmediatos, reconoce que la fe en Jesucristo no se mueve en las lógicas del tiempo humano y de los deseos personales, sino que en el tiempo y en el querer de Dios, Él permite la curación, Él realiza el milagro en nuestra vida y que esa espera que a veces nos toca en el tiempo, espera paciente para ser sanados, es una oportunidad única y privilegiada para fortalecer nuestra fe y para saber que todo Dios lo da en el mejor momento, que no es en el tiempo de los hombres, sino en el tiempo de Dios. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 7, 1-10 Lectura del día de hoy 1Co 11, 17-26.33 Hermanos: Al recomendaros esto, no puedo aprobar que vuestras reuniones causen más daño que provecho. En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra asamblea os dividís en bandos; y en parte lo creo, porque hasta partidos tiene que haber entre vosotros para que se vea quiénes resisten a la prueba. Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena, y mientras uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres? ¿Qué queréis que os diga? ¿Qué os apruebe? En esto no os apruebo. Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan Y. pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía». Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Salmo del día de hoy Salmo (40) 39, 7-8a.8b-9.10.17: Proclamad la muerte del Señor, hasta que vuelva. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.» «-Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor» los que desean tu salvación. Evangelio del día de hoy Lc 7, 1-10: Ni en Israel he encontrado tanta fe. En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oir hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: -Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga. Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: -Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve», y va; al otro: «ven», y viene; y a mi criado: «haz esto», y lo hace. Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: -Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe. Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.ConfianzaConvicciónEntregaFe confiadaFe humildeFe llena de fuegoSeñor aumenta mi feBibliaEvangelio¡El poder de la Fe!FeAnimation