Fundación Amén Comunicaciones2025-06-132025-06-132025-05-23http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/944https://drive.google.com/file/d/18IcLdbM0Bof6bujWj47B6HK-azbwepD-/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura de Hechos de los Apóstoles, capítulo 15, (que ha aparecido en lecturas litúrgicas precedentes), nos habla: “De los desafíos de la misión en el anuncio del Evangelio, donde hay que distinguir lo esencial de lo accidental. Siempre hay que hacerlo todo y a la luz y bajo la sabiduría del Espíritu Santo”, y Pablo y Bernabé descubrirán y reconocerán lo esencial de la experiencia cristiana, la unidad, la caridad, el amor en general, y no los meros ritualismos externos, la circuncisión judía, por ejemplo. Pero hablemos del evangelio de hoy, de Juan capítulo 15, donde Jesús también en un evangelio que ha salido en días precedentes, nos habla del gran mandato del ¡amor fraterno! Aprendamos cuatro grandes enseñanzas para nuestra vida en una línea que siempre será medular al hablar del mensaje cristiano. Lo primero, reconocemos, como hemos compartido en otro momento, que el amor no es meramente un sentimiento, no es solamente una decisión, sino que es el gran don de Cristo a su Iglesia. Y este don del amor, de la caridad que Cristo da a cada uno de los creyentes, hay que pedirlo con humildad de corazón, con una fe profunda a la confianza de que el Señor nos lo va a dar y con una gran perseverancia. Cuando te sientas árido, seco en tu corazón, incapaz de amar, de servir, te resulta insoportable una persona, ya sabes que no es por un mero sentimiento, por una simple decisión; sino que es una gracia de Jesús, un regalo del cielo, y dile con toda humildad, confianza y perseverancia: Señor Jesús, amigo Jesús, dame la gracia de amar a mi hermana, mi hermano, mi cónyuge, mi hijo, mis padres, mi novia, mi novio, de amar este compañero, este jefe en la empresa que me cuesta tanto trabajo aceptar, comprender, valorar, digerir, recibir en mi corazón. Es una gracia. Mira a Jesús en el sagrario entregado, mira a Jesús sacrificado en la cruz y di ¿qué argumento me queda a mí para no amar esta persona cuando Jesús en la Eucaristía, cuando Jesús en la cruz se entregó totalmente por amor a mí? Pero en una segunda enseñanza descubramos, que el amor es sobre todo un aprendizaje de todos los días que iniciamos en aquella escuela de humanidad, que es la familia. Es que un hogar bien constituido es la gran escuela del amor, y aquellos que hemos tenido familias, padres amorosos, démosle gracias a Dios. Y lo que en nuestra infancia y adolescencia era tan común, hoy no lo es, porque la disfuncionalidad, las rupturas en los matrimonios, la incapacidad para amarnos, la transformación de una familia hogar en familia hotel donde llegamos a comer, a dormir y a tirar la ropa sucia a la lavadora, ha cambiado el paradigma del amor profundamente humano que aprendimos en la primera etapa de la vida, la tierna infancia, sobre todo de nuestros padres. Este amor como aprendizaje requiere de unas palabras, yo las llamo las cinco “Pes”, porque todas empiezan por la letra P. Necesitamos paciencia en las pruebas de la vida, en momentos de sufrimiento, cuando el corazón por ingratitudes quiere endurecerse, llénate de paciencia. Pero en ese aprendizaje del amor, una segunda P, necesitamos prudencia en nuestras palabras, en nuestras actitudes, en nuestros gestos, para no dañar, para no lastimar a otras personas que a veces es por salidas airadas, por gestos orgullosos, por palabras rabiosas, por falta de prudencia que lastimamos el amor. Pero en una tercera P, en ese segundo punto, en el aprendizaje del amor se necesita perseverancia en el tiempo. No creo en amores de unos meses, no creo en amores de un par de años iniciando la vida de convivencia; creo en el amor cuando se llega a las bodas de oro, 50 años de vida matrimonial y has perseverado, que es la prueba de fuego auténtica de todo verdadero amor, el paso del tiempo y el sello de eternidad en ese amor. Pero además de paciencia, prudencia, perseverancia, hay una cuarta palabra por P, y es la prontitud en tu respuesta de amor. No seas indolente, no seas indiferente, no aplaces para mañana el bien, el amor, el servicio que hoy puedes prodigarle a una persona. No aplaces para mañana la súplica de perdón y de diálogo que quieres entablar con la persona que amas. Durante los años, afortunadamente ya pasados de la pandemia del covid 19, cuántas personas ante la baja saturación de oxígeno en la sangre, corrieron a una clínica, inmediatamente fueron internados en una unidad de cuidados intensivos y de allí salieron para el anfiteatro o la morgue. Y tantos dijeron “Padre, en los días de encierro, o tal vez por mucha sensibilidad, me había peleado fuertemente con esta persona, no tuve tiempo de decirle que me perdonara, no tuve tiempo de decirle cuánto la amaba, no tuve tiempo de restablecer y sanar la relación rota con ella”. Por eso, prontitud en la respuesta. Finalmente, una quinta P, es que tienes que amar en plenitud. El amor con medida es un amor falseado, el amor que mide su entrega es un amor espurio, un amor mezquino, un amor enfermo, un amor que no es auténtico. Es de la esencia del amor, la entrega hasta la locura, la entrega sin medida, recordando aquella famosa expresión: “La medida del amor cristiano es un amor sin medida”. Cuando mides tu tiempo, cuando mides tu sacrificio, cuando mides tu entrega, cuando mides tu donación frente a tu pareja, frente a un ser que dices amar, no es verdadero amor. Qué hermoso aprendizaje del amor cuando se hace con paciencia, prudencia, perseverancia, prontitud y de forma plena. En una tercera enseñanza, reconoce que el amor es una realidad viva llamada a crecer, llamada a desarrollarse, llamada a madurar. Por eso, en una conocida reflexión he hablado del abecedario del amor, porque el amor por A, necesita ser alimentado. B, batallado, sobre todo en momentos de crisis personales, económicas, laborales, de cansancio y rutina en la relación. C, el amor necesita ser cuidado frente a palabras duras, frente a expresiones ásperas, frente a indiferencia. D, el amor necesita ser defendido de terceras personas, del adulterio, del exceso de trabajo, de solo cuidar a los hijos y descuidar la pareja. E, el amor necesita ser expresado, comunicado, manifestado. A, alimentar el amor. B, batallar el amor. C, cuidar el amor. D, defender el amor. E, expresar el amor, es una realidad viva llamada a crecer. En una cuarta enseñanza y final, recuerda que Cristo, (a quien lo tienes en un crucifijo en tu habitación), es el amor encarnado, fue el primero en amarnos, nos ha entregado el más grande amor hasta el extremo, hasta la muerte. Es el modelo, paradigma universal de todo verdadero amor. El amor de Cristo tiene unas características únicas: amor eterno que ama hasta el final, hasta el extremo, hasta la muerte porque sólo los muertos ya no aman más. El amor de Cristo es el amor que perdona todo, todo, no sólo algunas cosas, y cómo ha perdonado el pecado, las equivocaciones, las mezquindades, las oscuridades de toda tu vida. Tres, es el amor entregado totalmente a otros, sin ningún viso de egoísmo, de cálculos humanos. Cuatro, es el amor manso y humilde, sin orgullo, sin presunción. De hecho, nos invita a tener un corazón manso y humilde como el suyo. Cinco, es un amor crucificado, sacrificado, como el de una madre por sus hijos, que sólo sabe donarse, sólo sabe entregarse. Seis, el amor de Cristo es un amor gratuito, sin méritos de nuestra parte, sin ser personas hermosas, ricas, poderosas, modelos de revistas de farándula. El amor de Cristo, más allá de nuestro pecado, más allá de nuestra vida ordinaria y simple es un amor totalmente gratis. Finalmente diremos, que el amor de Cristo es un amor misericordioso, compasivo, que no repara en los defectos, no critica, no juzga, no condena a nadie. Cristo, amor encarnado y perfecto, porque es amor eterno, uno, amor que perdona todo, dos, amor totalmente entregado, tres, amor humilde y manso, cuatro, amor crucificado, cinco, amor gratuito, seis, amor compasivo, siete. Qué hermoso mensaje para nuestro mundo, el más bello evangelio de todos: ¡Ámense unos a otros como Yo, Cristo, los he amado! Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 15, 12-17 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de los Hechos de los Apóstoles 15, 22-31 En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir a algunos de ellos para mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y enviaron por medio de ellos esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia provenientes de la gentilidad. Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, los han alborotado con sus palabras, desconcertando sus ánimos, hemos decidido, por unanimidad, elegir a algunos y enviárselos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, hombres que han entregado su vida al Nombre de nuestro Señor Jesucristo. Les mandamos, pues, a Silas y a Judas, que les referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponerles más cargas que las indispensables: que se abstengan de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Harán bien en apartarse de todo esto. Saludos». Los despidieron, y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la comunidad y entregaron la carta. Al leerla, se alegraron mucho por aquellas palabras alentadoras. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 57(56), 8-9. 10-12 Te daré gracias ante los pueblos, Señor. Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. Voy a cantar y a tocar: despierta, gloria mía; despierten, cítara y arpa; despertaré a la aurora. Te daré gracias ante los pueblos, Señor. Te daré gracias ante los pueblos, Señor; tocaré para Ti ante las naciones: por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza las nubes. Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria. Te daré gracias ante los pueblos, Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 15, 12-17 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a ustedes los llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los he elegido y los he destinado para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca. De modo que lo que pidan al Padre en mi Nombre se lo dé. Esto les mando: que se amen unos a otros». Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.Alimentar el amorBatallar el amorCuidar el amorDefender el amorPerseverar en el amorSan JuanBibliaEvangelio¡El más bello Evangelio!Amor