Fundación Amén Comunicaciones2026-04-242026-04-242026-04-08https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1285https://drive.google.com/file/d/1SFRB7IEpb-MGfq0-zA95eZBqeNK3lq4F/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Quédate con nosotros! (Emaús) Uno de los más hermosos y profundos textos sobre el misterio de Jesús Resucitado es el que nos presenta hoy el Evangelio de san Lucas en el capítulo 24, cuando Cristo presente en la Palabra, en la Eucaristía, en la comunidad de manera pascual, hace pasar a sus discípulos del desánimo a la esperanza. Y en una explicación paciente de la Palabra y las profecías les invita a alcanzar la luz, más allá de que ellos, Cleofas y su amigo se sienten solos y le dicen a Jesús espontáneamente “Quédate con nosotros, que cae la tarde sobre nuestra vida”. En este sentido, podemos decir que Emaús es la más hermosa catequesis sobre el misterio de Cristo Resucitado, que Emaús es la fotografía del hombre de hoy, que a veces, bajo el signo de la derrota, regresa a su antigua vida sin descubrir que Cristo Resucitado camina con él, y se trata de desandar estos senderos o caminos errados que hemos vivido todos para regresar a la vida nueva. Hoy te invito para que, en 12 pasos, como 12 eran los discípulos, reconozcamos grandes sabidurías para nuestra vida. Primer paso. Todos, ayer, hoy y siempre somos peregrinos, somos caminantes, somos buscadores en la vida de la verdad. Es que caminar es vivir, vivir es caminar. Pero en un segundo paso. Todos estamos llamados a devolvernos a nuestro pueblo, a Emaús, a la vida habitual. Es la tendencia natural volver a lo mismo, como lo hizo Cleofás y su amigo, después de estar en el centro de la fe, que era la ciudad de Jerusalén, donde se había dado el acontecimiento más grande de la historia, la Resurrección de Cristo. En un tercer paso. Reconocemos que vivimos como ciegos y somos incapaces, abrumados por nuestros problemas, por nuestros compromisos del día a día, somos incapaces en nuestra ceguera de descubrir y reconocer a Dios aconteciendo, actuando, caminando a nuestro lado en la vida diaria. En un cuarto paso. Vemos como Jesús en persona se acerca, se hace el encontradizo, sale a nuestro paso, camina con nosotros, la iniciativa es de Él. Mira que lindo: Primer paso. Todos peregrinos. Segundo paso. Por ley natural queremos volver a lo mismo de siempre. Tercer paso. En nuestra ceguera, somos incapaces de reconocer a Jesús en nuestra vida. Cuarto paso. Jesús se hace el encontradizo con nosotros. En un quinto paso. Jesús reconoce la tristeza de estos dos peregrinos, están abatidos, desilusionados, desencantados, decepcionados porque piensan que el mal, la muerte, la mentira ha triunfado sobre el bien, la verdad y la vida. ¿Acaso a ti y a mí, ante las adversidades y pruebas de la cotidianidad, no nos ha pasado lo mismo?, ¿acaso tal vez no es tu estado de vida hoy donde te encuentras decepcionado, abatido, desilusionada, desencantada porque las cosas no han resultado como tú pensabas, porque crees que Dios no está caminando a tu lado? Y en un sexto paso. A la pregunta de Jesús sobre ¿qué conversan? Ellos de manera ingenua e ignorante, dirán: “Pues Tú eres el único forastero en Jerusalén. ¿No sabes, que no sabes lo que ha pasado en este fin de semana allí en la gran ciudad?” ¡Qué ironía! Los que supuestamente sabían lo que había acontecido eran ignorantes sobre la Resurrección de Cristo, y el supuestamente ignorante, el peregrino anónimo que está con ellos sí sabía. Hoy te diré que la mayor ignorancia que hay en nosotros es creer que nos las sabemos todas, que no tenemos que aprender de nadie. En el fondo manejamos una fe teórica, hablamos de Jesús como un profeta poderoso en obras y palabras. Pero no creemos que sea el Mesías de Dios, el Ungido de Dios, el que ha transformado la historia humana, que ningún hombre se le puede comparar o equiparar por más que algunas filosofías pretendan hacerlo. ¿Somos como estos forasteros de Jerusalén?, ¿somos como estos peregrinos camino de Emaús, ignorantes? En un séptimo paso. Encontramos que Jesús les dirá: “Duros de entendimiento, ¿ustedes no sabían que era necesario que el Mesías de Dios, el Enviado de Dios, sufriera, fuera crucificado, fuera señalado y sacrificado para poder entrar en la gloria de Dios, en una dinámica pascual? ¿Primero, morir a nosotros mismos, para luego resucitar a la vida plena?” Pero este dolor escandalizó a Cleofás y su amigo, escandalizó a los discípulos de regreso a Emaús y nos ha escandalizado a nosotros a lo largo de la historia. Cuando vemos dolor, adversidad, sufrimiento, maldad, violencia, pensamos que Dios nos ha abandonado, que no está con nosotros, que se ha olvidado de nosotros. No es verdad. En un octavo paso. Persiste la duda de estos dos peregrinos. “Es que nosotros esperábamos (le dirán a Jesús sin reconocerlo, ellos creen que Jesús ha muerto, dudan desde su fe). Nosotros esperábamos, esperábamos que Él fuera el Mesías”. Pero ellos están desanimados, por más que las mujeres de Jerusalén les han hablado de los ángeles, por más que algunos discípulos han dicho que lo han visto, este par de peregrinos de regreso a Emaús dudan y no son capaces de reconocerlo. Jesús, después de explicarles las Escrituras y estar con ellos a lo largo de la tarde, hace ademán de irse. Y en un noveno paso encontramos. Que ellos, algo, algo de luz tenían en su corazón, algo reconocen la presencia maravillosa de Jesús cuando le dicen este par de caminantes al extraño compañero de camino: “Quédate con nosotros, que llega la noche”. Quizás el temor a la oscuridad, quizás un miedo interior, quizás decir con otras palabras te necesito, nos has hablado con verdad. Y viene un décimo paso cuando ellos hacen la reflexión. ¿Acaso no ardía nuestro corazón cuando nos hablaba de los profetas del Antiguo Testamento?, ¿cuándo nos explicaba la Escritura?, ¿cuándo nos decía que Cristo tenía que padecer? ¿Acaso no ardía y encontrábamos verdad en el alma cuando su palabra se hacía vida en nosotros? Y en un decimoprimero y penúltimo paso, Jesús, al caer la tarde, se sienta con ellos, toma pan, pronuncia la bendición, luego parte el pan y lo comparte en un claro gesto eucarístico. Dice que sólo en ese momento lo que no alcanzó la mera palabra de Dios, si lo alcanzó el sacramento eucarístico. A Cleofás y su amigo se les abrieron los ojos y entendamos, se les abrió la inteligencia y la comprensión de su alma y en ese momento reconocieron a Cristo. Sabían que habían estado toda la tarde con Cristo Resucitado, pero Él desaparece, “porque lo que antes habían visto sin reconocer, ahora reconocen sin ver”. Te repito esa frase, “lo que antes los discípulos de Emaús habían visto sin reconocer a Cristo, ahora reconocen sin ver”. Cristo desaparece porque ya no es necesaria su presencia, Él ya está en la Palabra explicada, está en la comida eucarística, en el sacramento realizado y se ha quedado presente para siempre en la Eucaristía, sacramento de vida, sacramento pascual por excelencia. Ya los peregrinos de Emaús no necesitan de Jesús, ya ellos en la Palabra y en la Eucaristía. Y como comunidad de pareja creyente, los dos amigos ya han sentido la vida de Cristo en su Palabra, en la Eucaristía, de manera paradigmática por excelencia y en la comunidad. Y es aquí que en un decimosegundo y último paso vuelven a la comunidad de fe de los discípulos, de los apóstoles, regresan a Jerusalén. Ya no van lentamente, sino a toda prisa, no van desanimados, sino llenos de fuego interior y dirán, en un acto de profunda conversión, volver sobre sus mismos pasos, de volverse sobre su vida, dirán: “Cristo vive, Cristo ha Resucitado en la comunidad”. Y todo esto se da en el día domingo, que para los judíos es el primer día de la semana y por eso, en domingo por excelencia celebramos la Eucaristía, porque ese día Jesús ha vencido para siempre la muerte con el poder de su Resurrección. Tú y yo somos peregrinos en la vida, quizás no de regreso a Emaús, pero tú y yo estamos llamados a desandar aquellos pasos de vida oscura, de vida de pecado, de vida equivocada, de vida mundana que no nos ha dejado sino heridas, dolores, rupturas con la familia. Y hoy te digo es tiempo de regresar a Jesús y conocer la vida nueva que solamente Él nos puede dar. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 24, 13-35 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 3, 1-10 En aquellos días, Pedro y Juan subían al templo, a la oración de la hora de nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo: Míranos. Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo: No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda. Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 105(104), 1-2.3-4.6-7. 8-9 (R. 3b) Que se alegren los que buscan al Señor. Den gracias al Señor, invoquen su nombre, den a conocer sus hazañas a los pueblos. Cántenle al son de instrumentos, hablen de sus maravillas. Que se alegren los que buscan al Señor. Gloríense de su Nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurran al Señor y a su poder, busquen continuamente su Rostro. Que se alegren los que buscan al Señor. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. Que se alegren los que buscan al Señor. Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac. Que se alegren los que buscan al Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 24, 13-35 Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: ¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino? Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?. Él les dijo: ¿Qué? Ellos le contestaron: Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a Él no lo vieron. Entonces él les dijo: ¡Qué necios y torpes son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria? Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.Buscadores de la verdadCaminoCegueraDiscípulosDescubrir a DiosEmaúsJesú sale a nuestro encuetroPeregrinosReconocer a DiosReconocer a JesúsSan LucasBibliaEvangelio¡Quédate con nosotros! (Emaús)Discípulos de Emaús