Fundación Amén Comunicaciones2025-12-152025-12-152025-12-14https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1165https://drive.google.com/file/d/1yqVZPeMPyybkYzQduyHoHKlH1iuRDZKp/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Alégrate en el Señor! La primera lectura tomada del Libro de Isaías, capítulo 35, nos habla de la alegría que traerá la salvación del Señor. El gozo profundo para la humanidad con esta nueva civilización del amor, un mundo en paz y un mundo en justicia. En efecto, dirá: “El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá; germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo. Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón”. Todo nos habla de una alegría cósmica, una alegría universal por el nuevo orden que trae Dios Salvador a la vida del mundo. Por su parte, el evangelio de san Mateo, capítulo 11, nos presenta a Juan quien a través de sus discípulos preguntará a Jesús ¿eres tú el que ha de venir o debemos de esperar a otro? Y Jesús les responde mostrando las obras y diciéndoles a los discípulos de Juan: “Anuncien al Bautista lo que están viendo y oyendo. Los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios de sus llagas, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados”. Y culminará diciendo: “Bendecido, bienaventurado aquel que no se escandalice de mí”. Con razón a este tercer domingo del Adviento se le llama ¡Domingo de la Alegría! Reflexionemos sobre un valor tan importante en la vida y digamos de manera introductoria, que nadie busca estar triste. Es que la tristeza impide experimentar la plenitud de la vida. La tristeza no está en el proyecto original de Dios para el hombre. Pero nos preguntamos ¿qué nos hace colocar o poner tristes? Y diremos, las penas de la vida: separación conyugal, ingratitudes, traiciones, desamor, experiencia de soledad. Pero además de las penas, está también el mal del mundo: la injusticia, la violencia, la pobreza, el maltrato. Y está también el pecado personal que roba la alegría de vivir cuando quieres amar y no puedes amar, cuando quieres perdonar y no puedes perdonar, cuando quieres servir y no eres capaz de servir, genera tristeza en tu alma. Hoy te diré que el hombre de todos los tiempos es un eterno buscador de alegrías. Y aunque hay fantasmas y sombras en la vida, el ser humano no deja de buscar ser feliz, de exorcizar los problemas, tal vez por vía de compensaciones, a veces llenándose de cosas materiales, para llenar esos vacíos, angustias, soledades, miedos interiores. Hablaría de tres niveles de alegría en la vida. El primer nivel, el más superficial. Buscamos el gozo de la vida en comprar, en vender, en comerciar. También en comer y beber. También en descansar, pasear, dormir, tener confort, comodidad. También buscamos la alegría de la vida en jugar, hacer deporte, ir al gimnasio, trotar. Y también buscamos la alegría de la vida en ver una buena película, escuchar música, leer un buen libro. Sin embargo, descubrimos que estas alegrías son cortas en el tiempo, superficiales, externas y algunas veces onerosas, porque hay que pagar por ellas. Por eso el ser humano busca un nivel más profundo de alegría en los amigos, en la familia, en el compartir, en el estudio que nos gusta, en el trabajo que nos agrada. Y esto está bien. Pero a veces, aún en la familia, en los amigos, en el estudio o en el trabajo encontramos “que nos quedan faltando cinco centavitos para el peso”, como decían las abuelas, nos queda faltando como algo que no sabemos cómo llenar en la vida. Y es aquí donde hay un tercer nivel y más profundo de lo que son los verdaderos gozos en la vida. Y contrariamente a lo que pensamos, las alegrías más profundas de la vida no están en la exterioridad de las cosas, en la mera satisfacción de los sentidos; sino que la alegría más honda de la vida está en el interior, en lo profundo del alma humana, donde somos habitados por Dios. Con razón el gran Agustín de Hipona afirmaba: “Señor, nos creaste para ti, y nuestro corazón andará inquieto hasta que no descanse en ti”. Es que la gran alegría, la verdadera y profunda alegría y paz de la vida, sólo está en Dios. Dios que nos da el ser, recordando la famosa expresión en el Libro del Éxodo cuando le dice a Moisés ante la pregunta ¿quién eres? Él le responde: “Soy el que soy”. El que da el ser al hombre es Dios. Y las alegrías profundas y verdaderas de la vida sólo están en lo profundo del alma humana. Tenemos como ejemplo los santos que fueron hombres y mujeres realizados, plenos, alegres, alejados de la mediocridad. Encontramos esta verdad suprema en nosotros. Hoy nos preguntamos ¿cuáles son los grandes caminos de la alegría? Y podríamos encontrar algunos que nos hablan de verdaderas alegrías en Dios. El primero, dar. Cuando damos desde Dios. Cuando damos a otro porque entendemos que es imagen de Dios, allí sentimos un profundo gozo en el alma y entendemos la expresión: “Hay más alegría en dar que en recibir”. Pero hay un segundo verbo de la alegría y es perdonar, reconciliarnos, sanar heridas es fuente de alegría y paz. He oído a numerosas personas después de que han perdonado de corazón a un hijo a un cónyuge decir, me siento caminando sobre nubes, siento un gozo y una paz que nunca había sentido en mi vida. En un tercer camino de alegría encontramos que el amar, el servir, el compartir, en el fondo renueva la vida, sana la existencia, nos redime interiormente. Encontramos sentido en la vida cuando servimos, “porque sólo hay vida cuando se dona la vida y se pierde la vida cuando se busca conservarla o atesorarla”. ¿Cuántas personas creando una fundación o una corporación?, ¿cuántos seres humanos participando en un apostolado han sentido la alegría de la vida en ese servicio, en este amor en acción, en este compartir de su sabiduría con los demás? En un cuarto camino de alegría encontramos que cuando obramos rectamente, cuando trabajamos con honestidad, cuando somos creadores a la manera del artista que esculpe, que pinta, que crea la partitura musical, que somos como el científico que produce conocimiento, como el profesional que trabaja en la cotidianidad o como papá y mamá que se abren al don de la vida. En ese crear, producir sentimos la alegría profunda del deber cumplido, de ser permítanme la expresión cocreadores con Dios. Participar de la obra creadora de Dios, dejando este mundo un poco mejor de como lo hemos encontrado. Pero en un quinto camino de la alegría, reconozcamos que orar a Dios, confiar en Dios, esperar en Dios, contemplar a Dios en las maravillas del mundo de alguna manera genera una serenidad, una paz y un gozo interior que nada externo de este mundo nos puede dar. En un sexto camino, reconoce que la fidelidad y la obediencia a Dios es un camino fecundo de gozo en el corazón. Los salmos cantan: ¡Mucha paz, mucha alegría tienen los que aman tus mandatos, Señor! Créeme que en la fidelidad al buen Dios y a sus mandatos hay una fuente fecunda de alegría interior. Termino con un séptimo y último camino de alegría y es la esperanza sobrenatural en la vida eterna, esperanza en Dios encarnado, celebrado en la Navidad, muerto y Resucitado, celebrado en Pascua. El que todo lo puede y es capaz de vencer la muerte y nos promete una vida futura en plenitud y en eternidad. Esa esperanza definitiva, esa esperanza final, esa esperanza sobrenatural que vence el temor, el miedo a la muerte nos lleva a mirar no solo con esperanza, sino con gran alegría y gozo, el futuro y la vida. Porque sabemos que nuestra existencia está en las manos amorosas de Dios. Dar, uno. Perdonar, dos. Amar y servir, tres. Crear, trabajar rectamente, realizar el deber cumplido, el deber de cada día, cuatro. Orar, cinco. Ser obedientes y fieles a Dios, seis. Y esperar más allá de la muerte, esperar lo imposible todo en Dios, siete. Son caminos seguros de alegría profunda en la vida. Que María, Nuestra Señora del Adviento, aquella que acoge, que admira, que agradece, que alaba, que ama, que adora. Que ella nos enseñe el camino de la verdadera alegría. Con razón dice: ¡Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador! Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 11, 2-11 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Is 35, 1-6a.10: Dios viene en persona y os salvará. El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, fortaleced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis.» Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará. Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor. Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal 146(145), 6c,7.8-9a.9bc-10: Ven, Señor, a salvarnos. Él mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. Ven, Señor, a salvarnos. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. Ven, Señor, a salvarnos. Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. Ven, Señor, a salvarnos. Segunda Lectura: St 5, 7-10: Manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca. Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 11,2-11: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!» Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti." Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.» Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.AlmaAlegría verdaderaAmigosEntusiasmoFamiliaFeFelicidadGozoSan MateoSer habitados por DiosBibliaEvangelio¡Alégrate en el Señor!Alegría