Fundación Amén Comunicaciones2024-02-122024-02-122024-02-11http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/274https://drive.google.com/file/d/1BE0lQQsDKJY7paNF-RH-HZxuDF3_k6V2/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El libro del Levítico en su capítulo 13, que nos presenta la liturgia de la Iglesia en este día como primera lectura, nos habla del dolor profundo de aquellos excluidos por excelencia en los tiempos de la Biblia, hablamos de los leprosos. Si seguimos las prescripciones del libro del Levítico, encontramos que cuando una persona descubría en su cuerpo una inflamación, una erupción, una mancha en la piel que le producía una llaga, se le tomaba por leproso. Según la sociedad religiosa de Israel, debía de presentarse ante el sacerdote, que lo declarará impuro de lepra en la cabeza; pero quizás lo que más impresiona, es que el enfermo de lepra debe andar con la ropa rasgada, la cabellera desgreñada, la barba tapada y gritando a todo el mundo, sobre todo cuando se acercaba a un pueblo o villorrio, debe gritar: “Impuro, soy impuro, no se me acerquen”. Es impuro, dice la ley del Levítico, y debe vivir solo, y tendrá su morada, su habitación, fuera del campamento, esto es, una exclusión familiar, una exclusión social y también una exclusión religiosa. Esto nos permite entender más claramente, lo que es el sentido y el dolor de un leproso en tiempos de Jesús; por eso, cuando el evangelista Marcos nos presenta a un leproso que se acerca a Jesús, tiene una actitud de total humildad; humillado por su dolor, suplica de rodillas a Jesús, en una expresión corporal de total confianza y de total sumisión u obediencia a la voluntad del Cristo, le dice, en efecto, el leproso: “Si quieres, si es tu voluntad, puedes limpiarme de la lepra y ser reinsertado en mi comunidad familiar, social y religiosa”. Nos dice Marcos, que Jesús sintió compasión de este hombre, hubo un movimiento de entrañas en su ser, gran misericordia frente a la exclusión y el drama del leproso, y rompiendo todas las leyes de prevención frente a la impureza, Jesús extiende su mano y hace lo impensable, toca corporal, materialmente al leproso diciéndole: “Quiero que quedes sano”. Y nos dice que el hombre inmediatamente queda limpio de la lepra; es la fe de este hombre que se encuentra con la compasión y la misericordia de Jesús, y entre las dos producen una explosión de vida, de gracia y de alegría, que lleva al hombre no solamente a sanar de su enfermedad, sino, y otra vez yendo donde el sacerdote para que declare que está sanado, que vuelva a ser reincorporado en el seno repetimos, de su familia, de su comunidad social o tribal y de la misma religión judía. Hoy, 21 siglos después, encontramos tantos tipos de llagas en el alma, de lepras interiores que nos llevan a excluirnos, como aconteció con los leprosos hace dos mil años; llevan a excluirnos de la familia, de la sociedad, de la misma religión, puede ser porque nos excluyan, o puede ser porque nosotros nos auto excluimos. Presento a título de ejemplo, algunas lepras modernas. La primera, el individualismo. Hoy vivimos tanto para nosotros, para el yo en primera persona, poco nos importa a veces la familia, la pareja, los demás; lo importante es mi bienestar, mi gratificación, entrar y permanecer en mi zona de confort. El individualismo es una lacra, es una llaga en las relaciones humanas, que por mandato de Jesús están llamadas a ser abiertas a los demás, fraternas en comunión de amor y solidarias de servicio y ayuda a los demás. Quizá nuestro sistema político, económico y social, nos han llevado a pensar, que podemos erróneamente ser felices desde nuestra individualidad. Esto nos ha llevado a una gran indiferencia frente al dolor de los demás, a no sentir el sufrimiento del otro, quizás a cruzarnos de brazos, a levantarnos de hombros y a decirnos para nosotros mismos, ¿y yo que puedo hacer? Luchemos y pidámosle a Jesús que tenga compasión, que extienda su brazo, nos toque, nos sane, que tenga misericordia de esa lepra del mundo posmoderno, (el individualismo), que nos lleva a ser indiferentes frente a los demás. Pero hay una segunda lepra muy fuerte y es la incomunicación que hoy manejamos. Somos personas supremamente informadas a través de las redes digitales, sociales, a través de portales en internet; pero somos personas poco comunicadas, con una comunicación no sólo formativa o informativa, sino con una comunicación existencial, una comunicación que se abra a la fraternidad y al amor. Hoy, paradójicamente, en el mundo de las comunicaciones inmediatas, instantáneas y universales, es cuando el ser humano tiene mayor incomunicación, no sólo con Dios, no sólo en comunicación con los demás, sino en comunicación con su ser profundo, porque atareado, porque volcado a la exterioridad de su vida, porque lleno de compromisos laborales, sociales y personales, es incapaz de escucharse a sí mismo. Concluyamos con una tercera lepra de nuestro mundo, más allá del individualismo, indiferencia, la primera, más allá de la incomunicación que manejamos los seres humanos, dos, está una tercera lepra, la inercia, el dejarnos según la ley de la física, llevar por un impulso inicial en la vida, en otras palabras, dejarnos conducir por la corriente de opinión, las corrientes de pensamiento, las corrientes ideológicas, sin tener una actitud crítica, pensante, una actitud analítica frente a la vida. Hoy parece que no fuéramos protagonistas de nuestra existencia, sino simples espectadores, recordando la elocuente imagen del Papa Francisco cuando habla, de: “Que no nos pasemos balconeando la vida, puestos en un balcón de una casa, mirando pasar la historia y siendo simplemente espectadores”. Señor, sabes que lepras hay en nuestro mundo moderno, el individualismo, la incomunicación, la inercia; pero también hay lepras de egoísmo, de resentimientos, de incapacidades para amar. Como el enfermo del evangelio que hoy nos presenta san Marcos, te pedimos con toda la fuerza de nuestro corazón: “Sáname Señor, límpiame de las llagas que hay en mi alma”. Para ti, para toda tu familia, que el Señor, más allá de los miedos que nos han metido desde la exterioridad, desde la cultura y los medios de comunicación social, que el Señor te sane y te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 1, 40-45 En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -«Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: -«Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: -«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu, purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.IncomunicaciónIndividualismoInerciaLepras de hoyVencer todas las leprasBibliaEvangelio¡Lepras modernas!Lepras