Fundación Amén Comunicaciones2024-09-112024-09-112024-09-02http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/671https://drive.google.com/file/d/1u4CJ-SdW3cqgOblVqEWdudgbyR0Qyvxf/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Resulta impresionante el mensaje de la primera lectura, tomada de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. Contextualicemos un poco este mensaje del nuevo testamento. Pablo, el apóstol de los gentiles, había padecido una gran desilusión en la ciudad de Atenas, cuando quiso convencer a los cultos oyentes de la ciudad cuna del gran imperio de los sabios, Grecia, a fuerza de elocuencia humana. Sin embargo, él entendió que más allá del rechazo de los atenienses, los planes de Dios han de realizarse no según los criterios humanos, sino según los caminos de Dios que siempre son misteriosos, imprevisibles, desconcertantes. Podríamos agregar incluso algo más diciendo, que el hombre debe saber que la realización de los planes de Dios no es cuestión de ciencia, de conocimientos, de administración, de cálculos materiales, económicos o financieros, sino que es cuestión de fe y de total confianza en el poder de Dios, recordando la famosa expresión contenida en distintos textos de la Biblia cuando dice: “No temas, yo estoy contigo, yo haré que salga adelante tus empresas de evangelización, de anuncio de una vida nueva”. Este contexto nos ayuda a entender tres verdades profundas de la primera lectura. La primera, cuando Pablo reconoce que no ha venido a anunciar el misterio de Dios con sublime elocuencia o sabiduría humana, sino que se presenta como un hombre sencillo, que sólo tiene en sus labios el testimonio de Cristo y Cristo crucificado. Y en un segundo momento dirá a los orgullosos habitante del puerto en el Mediterráneo de Corinto: “Que se presenta ante ellos débil y temblando de miedo, y que su palabra y su predicación no la hace con la persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del espíritu”. Y concluirá en un tercer momento: “Para que la fe no se apoye nunca en la elocuencia o la sabiduría de los hombres, sino que la fe, es simplemente la expresión de la total confianza en el poder de Dios”. En otro pasaje evangélico que viene a nuestra mente, recordamos cuando Pablo por tres ocasiones, (pudieron haber sido muchas más), le dirá a Jesús: “Que lo libere de lo que él llama el aguijón de la carne”, y Jesús le responderá: “No te liberaré, de ese aguijón que maltrata y punza tu ser, que en tu debilidad se manifiesta perfecto mi poder y te basta solo mi gracia, mi fuerza, mi vida nueva, mi poder para salir adelante”. Más de 30 años como sacerdote me muestran, que no es la fuerza humana, no es la voluntad personal por acendrada que sea, la que nos permite salir adelante en la vida virtuosa, la que nos permite liberarnos de esclavitudes interiores, de fantasmas y monstruos en nuestra vida personal. Es sólo la gracia de Dios, y por eso podemos decir con el salmista en el día de hoy: “Cuánto amo, Señor, tu voluntad. Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos, más docto que mis maestros, más sagaz que los ancianos, por eso siempre me acompañan tus mandatos, por eso medito tus preceptos, por eso cumplo tus leyes”. Pero pasemos al evangelio de hoy, donde Lucas en el capítulo 4, presenta a Jesús en su ciudad, Nazaret, donde se ha criado con sus padres, María y José, y cómo era costumbre el día sábado, como un judío piadoso acude a la sinagoga y siendo un adulto, puede leer la Torá, la ley de Dios, y toma el rollo que le presentan del profeta Isaías, que habla cómo el Espíritu de Dios está sobre él, y ese espíritu con el que ha sido ungido, le permite anunciar el evangelio a los pobres de corazón, anunciar la libertad a los cautivos, la curación a los ciegos, la libertad a los oprimidos y anunciar el año de gracia del Señor. Pero quizás lo más impresionante, es cuando todos mirando a Jesús después de proclamar este texto del profeta Isaías, lanza una profecía cumplimiento: “Hoy se concreta, hoy se realiza, hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír”, (hablando de su propia persona). Los nazarethanos o habitantes de Nazaret, se admiraban de las palabras de gracia que salían de Jesús, pero al mismo tiempo se escandalizaban porque conocían su origen humano, a José, el carpintero, su padre, a su mamá, María, una mujer sencilla perteneciente a los anawim, (una clase socio-religiosa muy pequeña, muy insignificante en la época). Jesús, quizás un poco dolido por la incapacidad de ser aceptado por sus paisanos, les dirá aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, como que ellos lo atribuyen a Él, y les dirá con alguna amargura: “Que si bien en tiempos del profeta Elías, cuando estuvo en Israel el cielo cerrado a las lluvias por tres años y medio, y hubo una gran sequía por falta de cultivos que llevó a una hambruna en el país, Elías fue enviado a dar comida, no a las viudas judías, sino a una de Sarepta en territorio de Sidón, territorio pagano”. Y afirmará también: “Que, en tiempos de otro gran profeta sucesor de Elías, (hablamos de Elíseo), fue enviado no a los leprosos del pueblo de Dios, Israel, sino a Naamán, un general del ejército sirio, un pueblo pagano vecino a Israel”. Los judíos que se sentían los únicos dueños de la verdad y del depósito de la salvación, entienden la ironía de Jesús y furiosos lo quieren sacar de la ciudad de Nazaret, y nos dice hasta el extremo dramático de querer asesinarlo, despeñándolo, tirándolo desde la montaña por un barranco. Sin embargo, la fuerza espiritual de Jesús es más grande, y Él se abre a fuerza de codazos, se abre espacio y camino en medio de una multitud hostil. Así han sido los profetas del antiguo testamento, no sólo Elías, Elíseo, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Juan el Bautista o el mismo Jesucristo, así son los profetas de todos los tiempos, tienen tres características. La primera, conocedores de la palabra divina como lo era Jesús leyendo al profeta Isaías. La segunda, ungidos llenos del Espíritu Santo como cuando dice Jesús: “Esta palabra se cumple hoy en mi vida”. La tercera, rechazados, despreciados, cuestionados por su gente, por su pueblo, por más que las palabras susciten admiración y asombro entre la multitud. Hoy reconoce que, si no hay formación en ti, no podrás ser un profeta del siglo XXI, fórmate en la Palabra, fórmate en la vida de oración, fórmate escuchando a otros predicadores, fórmate en exégesis bíblica, fórmate en apologética. Hoy, cuando tantos cuestionan la fe cristiana, se necesitan hombres y mujeres, jóvenes y adultos, viejos y menos viejos en sabiduría, que enseñen al pueblo de Dios. Hoy necesitamos dar razón de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestras convicciones, y se necesitan profetas formados. Pero la formación académica o intelectual no es lo único, se necesitan hombres y mujeres ungidos, esto es llenos del Espíritu Santo, llenos del Espíritu de Dios, y esto sólo lo da la vida de oración, la vida sacramental, la meditación de la Palabra de Dios, el encuentro permanente con la trascendencia divina, que nos hace estar empapados, llenos y ungidos. Como decía el Papa Pablo Sexto: “Hoy hay muchos maestros en teología, pero se necesitan profetas, porque al maestro se le escucha con interés, pero sólo al profeta de Dios se le cree y se le sigue de verdad”. Finalmente entendamos, que no podemos acobardarnos frente a las incomprensiones, rechazos y aun persecuciones como las que vivió Jesús en el evangelio de hoy, vivieron todos los profetas en el antiguo testamento, sino que es parte integral del testimonio profético para que sea verdadero, ser despreciados, ser calumniados, ser señalados. Es que si un profeta es amado, aplaudido por todos, será simplemente un falso profeta. Cuando somos capaces de generar comezón o rasquiña en el mundo, el mensaje del evangelio está llegando a los corazones y estamos en la verdad de la quinta esencia del mensaje de Jesús, y sólo entonces seremos verdaderos profetas, profetas del siglo XXI. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 4, 16-30 Lectura del día de hoy 1Co 2,1-5: Os anuncié el misterio de Cristo crucificado. Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Salmo del día de hoy Salmo 119 118, 97.98.99.100.101.102: ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor! Cuánto amo tu voluntad: todo el día la estoy meditando. Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos, siempre me acompaña. Soy más docto que todos mis maestros, porque medito tus preceptos. Soy más sagaz que los ancianos, porque cumplo tus leyes. Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra. No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido. Evangelio del día de hoy Lc 4, 16-30: Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres…Ningún profeta es bien mirado en su tierra. En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: -Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: -¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Espíritu de DiosEvangelizar con convicciónEvangelizaciónLa plabra de DiosPersonas orantesPersonas perseverantesPersonas valientesProfetas modernosUngidosBibliaEvangelio¡Ser profeta hoy!Evangelizador