Fundación Amén Cominicaciones2023-10-292023-10-292023-10-17http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/152https://drive.google.com/file/d/14GeBPQNTdSQSG9FCTEhuN7U6Yhzrcg4U/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El evangelio de hoy nos presenta el eterno cuestionamiento de Jesucristo a la hipocresía de los fariseos. Tenemos que decir sin embargo, que la hipocresía es tan antigua como el hombre; es la falsedad, es el disimulo, es el ocultamiento de intenciones ambiciosas, egoístas o mezquinas en el corazón humano. La hipocresía destruye las relaciones humanas, porque no se construyen sobre sinceridad, y por tanto, afectan la confianza en esas relaciones. Se fingen afectos humanos, se dan amistades por conveniencias o interés, de alguna manera se claudican ante los principios, los cuales se acomodan para el beneficio personal. Jesús nos previene sobre la hipocresía y nos invita a limpiar el corazón, la copa y el plato, no solamente por fuera sino por dentro. Hoy encontremos algunos caminos para nosotros vacunarnos, precavernos de esa hipocresía. La primera, conócete a ti mismo, principio de toda verdadera sabiduría. Un examen de conciencia frecuente, me motiva de alguna manera a mirar cómo pienso, cómo hablo, como actúo, si hay sinceridad o doblez en mi corazón. Un segundo camino, propongámonos dejar el vicio de juzgarlo todo. Es que quien fácilmente juzga a otro, difícilmente se conoce a sí mismo, ¿por qué miramos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio? A veces la vida se nos vuelve de cosas, nos volvemos cositeros, murmuradores, prevenidos, prejuiciosos frente a los demás, y hacemos de esta actitud dañina un hábito. Un tercer camino para limpiar el corazón, es ayunar de orgullo y vanidad, ayunar de aquello que busca simplemente esclavizarnos de quedar bien ante los demás, manejamos una falsa humildad que en el fondo, es el gran orgullo del hipócrita. Muchas veces en la vida pensamos, hablamos, tomamos decisiones y actuamos vanidosamente, presumiendo del dinero que no tenemos, los viajes que no hemos realizado, el conocimiento que no poseemos. Nunca me cansaré de decirte, que sólo somos importantes ante la mirada de Dios y no ante la mirada de los hombres. En un cuarto camino de purificación del corazón, reconoce que en el fondo toda mentira, toda vanidad se cae, porque no hay verdad en ella, se la lleva el viento por su falta de peso. Nada hay oculto que no llegue a saberse, nada hay cubierto que no llegue a descubrirse. Cuando construyes tu vida laboral, de amistad, de matrimonio sobre mentiras, ese edificio por más que haya sido levantado en el tiempo, al final caerá estrepitosamente. En un quinto camino de purificación del corazón, el Señor nos invita a pasar de una falsa religiosidad, de la apariencia, del cumplimiento, cumplimiento de preceptos, de sentirme bueno, pasar a la autenticidad de una espiritualidad del corazón, que busca servir, que busca la justicia, que busca la misericordia sobre los demás. En un cesto y penúltimo camino de purificación del corazón, que el Señor nos ayude a escuchar, meditar y reflexionar su Palabra, que nos pula interiormente, y nos lleva a descubrir ¿qué haría Jesús en mi lugar?, ¿cómo hablaría?, ¿cómo actuaría?; con toda certeza que no habría en Él doblez, falsedad, sino sinceridad con caridad. En un séptimo y último camino de purificación de esa copa o vaso no en lo externo, sino en el interior limpiar el corazón internamente, cultivemos más el respeto y temor de Dios que el respeto y temor de los hombres. Muchas veces en la vida ¿por el qué dirán?, ¿qué pensarán los demás?, por falsos respetos humanos, hacemos o tomamos decisiones equivocadas. El temor a Dios, el respeto a la ley de Dios es principio de toda sabiduría, pero también hay que reconocer, que cuando ya no hay temor de Dios, nos llenamos de temores de los hombres. Señor, ¡oh, Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame de hipocresías y renuévame con un espíritu firme. Amén. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Así sea.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 11, 37-41 Lectura del día de hoy Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 16-25 Hermanos: No me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero del judío, y también del griego. Porque en él se revela la justicia de Dios de fe en fe, como está escrito: «El justo por la fe vivirá». La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que tienen la verdad prisionera de la injusticia. Porque lo que de Dios puede conocerse les resulta manifiesto, pues Dios mismo se lo manifestó. Pues lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir de la creación del mundo a través de sus obras; de modo que son inexcusables, pues, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como Dios ni le dieron gracias; todo lo contrario, se ofuscaron en sus razonamientos, de tal modo que su corazón insensato quedó envuelto en tinieblas. Alardeando de sabios, resultaron ser necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles. Por lo cual Dios los entregó a las apetencias de su corazón, a una impureza tal que degradaron sus propios cuerpos; es decir, cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y dando culto a la criatura y no al Creador, el cual es bendito por siempre. Amén. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (19) 18, 2-3. 4-5b El cielo proclama la gloria de Dios. El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. El cielo proclama la gloria de Dios. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. El cielo proclama la gloria de Dios. Evangelio del día de hoy Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 37-41 En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuera a comer con Él. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosan de rapiña y maldad. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, den limosna de lo que hay dentro, y lo tendrán limpio todo». Palabra del Señor, gloria a ti Señor Jesús.Conócete a ti mismoJuzgarOrgulloPurezaVanidadVerdadBibliaEvangelio¡Cómo purificar el corazón de hipocresía!Hipocresía