Fundación Amén Comunicaciones2025-09-112025-09-112025-08-19http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/1033https://drive.google.com/file/d/1wVNZgUjNL_lZlg6-o8WXjLGMcKFHRre9/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡La raíz de todos los males! La primera lectura nos muestra la imagen magnífica de Gedeón, (uno de los más ilustres jueces en tiempos de Israel, que es el encargado por Dios de liberar a su pueblo de la opresión de los madianitas). El ángel de Dios que identifica la primera lectura del Libro de los Jueces es el encargado de anunciarle la misión salvadora que debe de cumplir, Gedeón, tipo y prefiguración de una salvación más profunda y definitiva, la que nos alcanzará Cristo, con su entrega generosa en la cruz. Este relato del Libro de los Jueces pertenece a ese llamado género de apariciones donde Yahvé, Dios garantiza al elegido, en este caso Gedeón, su asistencia, su protección, su sustento, y le ofrece una señal. La aceptación del sacrificio de comunión que Gedeón le ofrece y que Dios cambia en holocausto, y al terror producido por el hecho de haber visto a Yahvé, Dios sucede luego en Gedeón el don de la paz y la promesa de vida ofrecidos generosamente por el Señor. Pero pasemos al evangelio de san Mateo en el capítulo 19, cuando encontramos una frase proverbial entre los rabinos o maestros de Israel que hablan “del paso de un gran animal como es el camello por el pequeño ojal de una aguja”. Se trata ciertamente de una hipérbole o exageración para expresar que algo es irrealizable o muy difícil de conquistar. Jesús quiso sensibilizar a todos sus oyentes y hoy a nosotros, sobre el grave obstáculo que ofrece la riqueza para la salvación de la humanidad. La Biblia, de hecho a lo largo de sus textos, reprueba y lucha contra la pobreza impuesta por una sociedad injustamente organizada, donde los bienes se dan para unos pocos y la pobreza queda distribuida entre muchos. Por eso es difícil vivir la fraternidad cristiana y sobre todo la justicia si no tenemos la libertad que tuvo Jesús frente a los bienes materiales que muchas veces se constituyen en verdaderos muros, murallas que separan a los hombres unos de otros y que nos impide construir esa humanidad nueva edificada sobre el amor. Pero sobre esta afirmación: “Le es más fácil a un camello pasar por el ojal de una aguja, que a un rico avaro entrar en el Reino de los cielos”, ¿qué enseñanzas podríamos tener para nuestra vida? La primera, reconocemos que el dinero es el Señor, el dios de este mundo. De hecho, Jesús, en toda la Biblia, en todo el Nuevo Testamento, sólo le da el título de señor, “de Mammón o mamona” al dinero. El título más importante a una realidad creada, un dios terrenal al cual millones o frente al cual millones de personas se pueden plegar, se pueden arrodillar. Una segunda enseñanza, reconocemos como el dinero, este señor del mundo ejerce una poderosa fascinación, atracción, seducción sobre el corazón humano. Como en nuestro mundo en la publicidad, en las redes, en los promocionales que encontramos permanentemente, se nos habla de cómo quebrarnos la vida trabajando y nos olvidamos precisamente de vivir y de compartir con la familia, porque se nos vuelve una obsesión el obtener dinero como la meta suprema de la vida. Pero también se nos olvida a veces describir que por obtener dinero aprendemos a mentir y acomodar nuestros principios éticos y morales. Que por obtener dinero a veces se vende el cuerpo, nos prostituimos, nos hacemos los de la vista gorda para obtener privilegios, acompañando jefes o gobernantes corruptos y tiranos. Como por obtener dinero nos dividimos y nos peleamos en la vida de las familias por una herencia de los padres fallecidos y en la vida conyugal, en la vida de los matrimonios, simplemente porque no nos ponemos de acuerdo en las cuotas de gastos que debemos de manejar. En algunos casos también hay que decir que por obtener dinero se roba, se extorsiona, se calumnia, se secuestra, se trafica con drogas, nos hacemos matar o aún incluso algunos matan por obtener dinero en una palabra conocida hoy popularmente como “sicario o sicariato”. Todas las instituciones, todas las personas, podemos ser objeto de corrupción en el corazón por obtener dinero. Pero una tercera sabiduría a propósito de este evangelio donde Jesús cuestiona la codicia del tener, podríamos afirmar como tercera enseñanza que el amor desbordado al dinero, la ambición, la codicia, es la raíz de tantos males humanos, como señala la primera lectura de Pablo a Timoteo en el capítulo 6, versículo 10. Es que sucumbimos a la tentación del dinero fácil, nos enredamos en situaciones laborales, de amistad, enredando a otras personas y luego formamos nudos que no somos capaces de desatar, o abrimos puertas que luego no somos capaces de cerrar. Cómo nos podemos esclavizar de deseos absurdos y nocivos que llevan al ser humano a la ruina, a la perdición, y cómo el amor al dinero nos aparta de Dios y de la fe, acarreándonos muchísimos sufrimientos. Pensemos en estas sabidurías y reconozcamos una realidad suprema. En una cuarta enseñanza descubrimos que el hombre de Dios huye de estas cosas y busca la justicia, la fe, el amor, la mansedumbre, porque entiende que lo más importante no es atesorar aquí en el mundo, donde roe la polilla y roba el ladrón; sino atesorar para Dios, atesorar en el cielo donde no hay herrumbre y no hay ladrones. En una quinta enseñanza, podríamos pensar cada uno de nosotros con la expresión de los apóstoles, ¿entonces quién puede salvarse para administrar el dinero? Y Jesús responderá: “Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo”. Y a un Pedro el apóstol, tratando de justificarse, afirmará: “Ya ves, Maestro Jesús, que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar cuando llegue tu mesianismo, tu reinado definitivo?” Y Jesús le dirá de manera autoritativa a Pedro: “En verdad te digo que cuando llegue la renovación y el Hijo de Dios se siente en el trono de su gloria, ustedes también se sentarán en 12 tronos para juzgar a las 12 tribus de Israel”. Y concluirá Jesús afirmando: “Que todo el que sea capaz de relativizar amores tan sacrosantos como los de la familia, padres, hijos, hermanos, cónyuges y el que sea capaz de dejar sus propiedades, recibirá cien veces más con persecuciones y aun la vida eterna con Dios”. Hoy, a partir de esta afirmación como quinta enseñanza, te invito a que administres sabiamente el dinero. Se nos dice, por ejemplo, en el evangelio “que Judas, con insensatez y con codicia, no administró bien el dinero y al final vendió al Hijo de Dios por 30 monedas de plata, y desesperado fue a acabar con su vida”. Pero también nos mostrará “cómo algunas buenas mujeres de Jerusalén (en otro pasaje evangélico), como Magdalena, Juana, Susana, servían a Jesús y a los apóstoles con sus bienes porque entendían que ellos no son para guardarlos codiciosamente, sino para ponerlos al servicio de los demás”. Con razón Jesús nos dirá: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Porque sólo el pobre de espíritu entiende que el dinero no es capaz de pagar el precio de rescate por la vida eterna, y que cuando llegue el momento final de nuestra vida, la muerte, no nos llevaremos el dinero a la tumba y por mucho que pasemos bien en esta tierra, nunca veremos la luz de la vida eterna de la vida con Dios si fuimos codiciosos con el dinero”. Hoy y para concluir, cuando sientas que tu corazón, nuestro corazón está apegado a los bienes y al bienestar que ellos generan. Cuando sientas que no eres capaz de romper con esa dinámica de apropiación, de codicia, de egoísmo que tuvo por ejemplo el joven rico del evangelio, recuerda lo que dice hoy Jesús a sus discípulos: “Para los hombres es imposible esa desafección, ese desapego, esa ruptura de un amor tóxico y enfermo con el dinero, para el corazón humano es imposible, pero Dios lo puede todo, para Dios y su gracia actuando en nosotros, es totalmente posible”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 19, 23-30 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del Libro de los Jueces 6, 11-24a: En aquellos días, el ángel del Señor vino y se sentó bajo la encina de Ofrá, propiedad de Joá de Abiezer, mientras su hijo Gedeón estaba trillando trigo a látigo en el lagar, para esconderse de los madianitas. El ángel del Señor se le apareció y le dijo: -El Señor está contigo, valiente. Gedeón respondió: -Perdón; si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha venido encima todo esto? ¿Dónde han quedado aquellos prodigios que nos contaban nuestros padres: “¿De Egipto nos sacó el Señor?” La verdad es que ahora el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado a los madianitas. El Señor se volvió a él y le dijo: -Vete, y con tus propias fuerzas salva a Israel de los madianitas. ¡Yo te envío! Gedeón replicó: -Perdón; ¿cómo puedo yo librar a Israel? Precisamente mi familia es la menor de Manasés, y yo soy el más pequeño en casa de mi padre. El Señor contestó: -Yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. Gedeón insistió: -Si he alcanzado tu favor, dame una señal de que eres tú quien habla conmigo. No te vayas de aquí hasta que yo vuelva con una ofrenda y te la presente. El Señor dijo: -Aquí me quedaré hasta que vuelvas. Gedeón marchó a preparar un cabrito y unos panes ázimos con media fanega de harina; colocó luego la carne en la cesta y echó el caldo en el puchero; se los llevó al Señor y se los ofreció bajo la encina. El ángel del Señor le dijo: -Coge la carne y los panes ázimos, colócalos sobre esta roca y derrama el caldo. Así lo hizo. Entonces el ángel del Señor alargó el cayado que llevaba, tocó la carne y los panes, y se levantó de la roca una llamarada que los consumió. Y el ángel del Señor desapareció de su vista. Cuando Gedeón vio que se trataba del ángel del Señor, exclamó: – ¡Ay, Dios mío!, que he visto el ángel del Señor cara a cara. Pero el Señor le dijo: – ¡Paz! No temas, no morirás. Entonces Gedeón levantó allí un altar al Señor y le puso el nombre de «Señor de la Paz». Palabra de Dios, Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 85, 9.11-12.13-14: El Señor anuncia la paz a su pueblo. Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos y a los que se convierten de corazón.» El Señor anuncia la paz a su pueblo. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo. El Señor anuncia la paz a su pueblo. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. El Señor anuncia la paz a su pueblo. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 19, 23-30: “Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios”. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Creedme: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos. Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: -Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: -Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo. Entonces le dijo Pedro: -Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar? Jesús les dijo: “cuando llegue la renovación, y el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos, para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros”. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Administrar bienAmor desbordado al dineroApartar de DiosApartar de la feAtesora en el cieloDureza de corazónMales humanosRelación con el dineroRelación saludableSan MateoBibliaEvangelio¡Lo imposible para el hombre es posible para Dios!Relación con Dios