Fundación Amén Comunicaciones2025-01-212025-01-212025-01-11http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/808https://drive.google.com/file/d/1qduO9pi0LVOYbFTq-ydFm2KPQ_mHacv3/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El evangelio de san Juan nos presenta, una discusión que se da a propósito de que Juan el Bautista, por su lado, bautizaba; pero Jesús, en el comienzo de su vida pública, también lo hacía. Un judío espontáneo discute con los discípulos de Juan y luego con el propio Juan, y le reclama, ¿cómo él está bautizando, pero aquel hombre, Jesús, a quien también él le había dado el bautismo en el Jordán, está haciendo lo propio, y muchos se van detrás de Él? Juan, que era un hombre sensato, un hombre de Dios, le da una respuesta contundente: “Yo no soy el Mesías, el novio es Él, y yo soy simplemente el novio que lo acompaña como testigo, y deberíamos de alegrarnos por el bien que hace Jesús como el novio en esa relación esponsal con Dios”, y terminará diciendo una frase que todos conocemos y que ha hecho carrera en la Iglesia: “Jesús debe de crecer y yo, Juan el Bautista, debo de disminuir o decrecer”. Este tema del evangelio de hoy nos presenta varias enseñanzas. La primera, deberíamos siempre alegrarnos porque nace el bien. El bien es bien, venga de donde viniere; no importa si es de este grupo o de aquel otro, no importa si es de mi parroquia o de otra, no importa si es de mi movimiento apostólico o de otro diferente. Alegrémonos siempre por quien hace el bien, es la actitud propia de un verdadero cristiano. Cuando nos fastidiamos porque otro hace el bien y no somos nosotros, sale nuestra humanidad envidiosa a flote y no obramos como hijos de Dios. Pero como consecuencia de esta primera enseñanza o mensaje, descubramos una segunda, no tengamos celos, envidias, rivalidades con otras personas simplemente porque no son de nuestro grupo o no nos parece la manera en que ellos actúan. Desafortunadamente y hay que decirlo de manera pública, en la Iglesia, entre laicos de un mismo movimiento, en una misma parroquia, en la vida religiosa, femenina o masculina, y aun en la vida de sacerdotes, hay rivalidades, hay celos, hay envidias que no se deberían de dar. Jesús, si analizamos su vida y sobre todo su última hora, su Pasión y su Muerte, Jesús, desde lo puramente humano, fue sacrificado, fue crucificado por celos, por rivalidades, por envidias del grupo político religioso dominante en su tiempo, el sanedrín judío, respaldado por los fariseos y los escriba. Es la condición humana de todos los tiempos, pero esto nos tiene que poner en alerta a cada uno de nosotros, para entender que debe de haber alegría y no envidias cuando otro u otros distintos de nosotros anuncian el Reino de los cielos, el amor de Dios a la vida de los hombres. Pero habría una tercera enseñanza y es precavernos contra una tentación universal de todo evangelizador, y es la de predicarnos a nosotros mismos antes que predicar a Cristo Jesús. Esto lo entendemos claramente a partir de la última frase del evangelio de hoy, cuando Juan el Bautista con sensatez y humildad, afirmará: “El, Cristo debe de crecer, de acrecentar su presencia y su Espíritu y yo, el Bautista, debo de disminuir, debo decrecer”. Muy a propósito de que estamos en el mundo de las redes sociales, en el mundo de los likes, el me gusta, las suscripciones, los premios a los 100.000, 1 millón de suscriptores, no caigamos en esa trampa muy humana por demás, de pensar que somos salvadores. Somos pobres instrumentos en manos de Dios, y como respondía alguna vez la madre Teresa de Calcuta a un periodista citando un texto paulino ¿qué tengo en la vida que no haya recibido? y ¿si todo lo he recibido de Dios, de qué me puedo enorgullecer? Hoy alejémonos de esa tentación, pensar que, por el efímero aplauso humano, pensar que, por un click, un colocar en un instante me gusta, una aprobación somos mejores que los demás. El que debe ser anunciado es Cristo, el que debe ser conocido y amado es Cristo, y yo debo ser simplemente un instrumento que tenga conciencia de mi pobreza y de mi debilidad. Precisamente en esa línea está la primera lectura del apóstol san Juan cuando nos dice: “Toda mala acción es un pecado, pero no todo pecado causa sin más la muerte eterna”. Hoy se nos dice que todos somos pecadores, que todos somos frágiles y ese pecado nos puede llevar en muchas ocasiones a la muerte espiritual que se manifiesta en signos concretos: una tristeza, un sinsentido de la vida, una falta de gusto y de pasión por lo que hacemos, un no sé qué que nos lleva a decir, tengo lo que el mundo me ofrece como meta de felicidad y sin embargo, no soy feliz, es el pecado que habita en ti y que no te deja ser feliz. Si hace 30 años, si hace 40 años se exageraba la conciencia del pecado y todo se veía como pecado, hoy es todo lo contrario. Hoy parece que nada fuera pecado, hoy ha desaparecido la conciencia de pecado en el ser humano y eso nos lleva a vivir dispersos, distraídos y sin capacidad crítica frente al mal en nuestra vida. Por eso es importante cuando dice san Juan en su primera carta: “Cuídense de los ídolos” ¿qué ídolos tenemos en la vida? Por ídolo podríamos llamar, toda realidad que adoramos en esta tierra y que le damos el lugar de Dios, de Cristo Jesús, realidades creadas por nosotros mismos o por el mundo, esto no es verdad, esto es un engaño en el que caemos, la idolatría. Hoy reconozcamos que hoy hacemos un ídolo de la riqueza, un ídolo del éxito profesional, un ídolo de la fama, el reconocimiento y el aplauso humano, un ídolo de la belleza física, un ídolo del cuerpo que está llamado a envejecer, enfermar, deteriorarse y morir. Tantas realidades falsas que no pueden ser Dios en nuestra vida. Terminemos simplemente reconociendo con esta primera carta del apóstol san Juan: “Que el que ha nacido de Dios, deja de ser esclavo del pecado, porque el Espíritu de Dios lo protege del maligno y no lo puede tocar. Sabemos que estamos en el mundo, pero somos cuidados del mundo, si abrimos nuestro corazón a Dios”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, te libre de todo pecado, en especial de rivalidades, envidias, emulaciones, celos innecesarios, y nos ayude a todos a alegrarnos por aquellos hermanos nuestros que hacen el bien. Y te bendigo, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 3, 22-30 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la primera carta del apóstol San Juan 5,14-21 Queridos hermanos: en esto consiste la confianza que tenemos en el Hijo de Dios, en que si le pedimos algo según su Voluntad, nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido. Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y Dios le dará vida ─a los que cometan pecados que no son de muerte, pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida─. Toda injusticia es pecado, pero hay pecado que no es de muerte. Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios lo guarda, y el Maligno no llega a tocarlo. Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero yace en poder del Maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna. Hijos míos, guárdense de los ídolos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b EI Señor ama a su pueblo. Canten al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey. EI Señor ama a su pueblo. Alaben su Nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes. EI Señor ama a su pueblo. Que los fieles festejen su gloria y cantadle jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca. Es un honor para todos sus fieles. EI Señor ama a su pueblo. Evangelio del día de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 3, 22-30 En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel. Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: «Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él». Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí si no se lo dan desde el Cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de Él”. El que tiene la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que disminuir». Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.AlegrarseAnuncio del ReinoHacer el bienLibertad interiorPredicar a Cristo JesúsSan JuanRespetoBibliaEvangelio¡El que ha nacido de Dios, no peca!Verdaderos evangelizadores