Fundación Amén Comunicaciones2024-06-122024-06-122024-06-10http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/587https://drive.google.com/file/d/1CP1CtX4LZNb7hikFsrtQGsMXERM1PPxF/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El centro de toda la Sagrada Escritura es el nuevo testamento, el centro y corazón de todo el nuevo testamento, son los evangelios que consignan la vida, los hechos y las acciones de Jesucristo; el centro y el corazón del evangelio, es el Sermón del Monte, y el corazón del Sermón del Monte, son las bienaventuranzas. Esto lo afirmamos para entender, la jerarquía y la importancia del mensaje que hoy nos presenta la Palabra del Señor. Pero ¿cómo comprender en el mundo de hoy tan inclinado al bienestar, al confort, a la comodidad, entender el camino de las bienaventuranzas que va en contravía, en contradicción con el espíritu del mundo? ¿Cómo llamar feliz, dichoso al pobre de espíritu, al que llora y sufre, al que tiene hambre y sed de justicia, al que sólo ha sido misericordioso, limpio de corazón y trabaja por la paz? ¿Cómo llamar dichoso y bienaventurado al perseguido, al insultado y al calumniado? El mundo de hoy nos muestra que va en clara oposición con el espíritu del evangelio, o mejor enunciado, el Espíritu de Cristo presente en estas bienaventuranzas, es claramente contradictorio con el espíritu y la mentalidad del mundo, que habla del triunfo, del éxito humano, de la conveniencia personal. Pero insistimos en este tema, ¿cómo pueden ser bienaventurados o dichosos, aquellos que viven semejantes situaciones de dolor o de sufrimiento?, y hacemos una precisión central. Jesús no llama dichosa a una persona porque llore, sufra, tenga hambre, porque sea limpia de corazón, porque sea perseguido, calumniada, no; Jesús llama limpia de corazón o bienaventurada de corazón a una persona, porque con ocasión de vivir el evangelio, alcanzará todas las bendiciones de Dios. De hecho, el pobre de espíritu alcanza el reino de los cielos, el que llora es consolado por Dios, el sufrido poseerá la tierra, el hambriento y el sediento será saciado, el misericordioso alcanzará misericordia, el limpio de corazón verá a Dios, el que trabaja por la paz se llamará en verdad hijo del Altísimo, y el perseguido y el calumniado, tendrá una grande recompensa en el reino de los cielos. Por eso culmina las bienaventuranzas diciendo: “Alégrense y estén contentos, porque su premio será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes”. Hoy reconocemos que habrá sacrificio, disciplina, exigencia en el evangelizador, y en el presente; pero la promesa de Dios que no se desdice, la bendición de Dios que se cumple, es la de que Él alcanzará la vida eterna, la gloria con el Señor. Hoy no te desanimes en el camino, cuando encuentras el espíritu del mundo y puedes descubrir que, en ese espíritu de la mundanidad, es bienaventurado el que atesora, bienaventurado el tramposo, el ventajoso sobre los demás, bienaventurado el que con astucia maquina contra otros, bienaventurado en el espíritu del mundo, aquel que busca dominar y avasallar con engaños y con argucias a los demás. El acumulador de poder, de fama, de prestigio humano, todas estas bienaventuranzas del mundo, aunque de entrada parecen reales y atractivas, en el fondo son un engaño y una mentira; sólo el amor de Dios permanece, y más allá de la cruz está la bienaventuranza y la promesa del Señor, que nos indican caminos seguros del cielo. Redondeemos esta reflexión afirmando que, en definitiva, podemos tener el mundo entero, pero si perdemos nuestra alma, habremos equivocado de manera radical el sentido de la vida. Hoy descubre, que si no alcanzaste la salvación del alma, tu vida no valió la pena de ser vivida, que si no conseguiste la gloria eterna con Dios, tu vida fue un fracaso, por más que tuvieras triunfos humanos. Recuerda que todo en esta tierra: fama, belleza, poder, bienes, prestigio, éxitos, todo es pasajero, todo es vanidad, todo se deja arrastrar por el paso del tiempo, sólo Dios permanece. Por eso, seamos firmes en nuestra convicción de buscar caminos de cielo, a través de estas ocho bienaventuranzas que san Mateo nos propone. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 5, 1-12 Lectura del día de hoy 1 Reyes 17, 1-6 Por aquel tiempo, el profeta Elías, del pueblo de Tisbé, en Galaad, le dijo al rey Ajab: «Juro por Dios, el Señor de Israel, a quien yo sirvo, que en estos años no habrá rocío ni lluvia, si yo no lo mando». Luego, el Señor le dijo a Elías: «Vete de aquí; dirígete hacia el oriente y escóndete en el torrente de Kerit, que queda al este del Jordán. Bebe del torrente y yo les encargaré a los cuervos que te lleven de comer». Elías hizo lo que le mandó el Señor, y se fue a vivir en el torrente de Kerit, que queda al este del Jordán. Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana y por la tarde, y bebía del torrente. Salmo del día de hoy Salmo 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 R. (cf. 2) Siempre me cuidará el Señor. La mirada dirijo hacia la altura de donde ha de venirme todo auxilio. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R. Siempre me cuidará el Señor. No dejará que des un paso en falso, pues es tu guardián y nunca duerme. No, jamás se dormirá o descuidará el guardián de Israel. R. Siempre me cuidará el Señor. El Señor te protege y te da sombra, está siempre a tu lado. No te hará daño el sol durante el día ni la luna, de noche. R. Siempre me cuidará el Señor. Te guardará el Señor en los peligros y cuidará tu vida; protegerá tus ires y venires, ahora y para siempre. R. Siempre me cuidará el Señor. Evangelio del día de hoy Mt 5, 1-12 En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así: «Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AlmaAlcanzar las bendiciones de DiosAmorBienaventuranzasBuscar caminos de cieloPermanecer firmesPerseguir la gloria eterna con DiosSentido de la vidaVivir el EvangelioBibliaEvangelio¡Dichosos Ustedes!Bienaventurados