Fundación Amén Comunicaciones2024-08-152024-08-152024-08-14http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/652https://drive.google.com/file/d/1kA_ctw1ptS6ATx2TielE8JCBikqSu3HD/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Quién de nosotros pudiera levantar la mano para decir, nunca en la vida me he equivocado, si vivir es equivocarse y se trata de aprender de las equivocaciones, pero cuánto aprendemos y cuánto agradecemos de una persona que está a nuestro lado, trátese de un buen amigo, trátese de un profesor, de un buen sacerdote, trátese de nuestros propios papás que nos acompañen, nos reprendan, nos exhorten, nos corrijan con cariño. El evangelio de hoy nos presenta tres niveles de corrección, cuando en la vida todos y esta es una regla que no tiene excepción, todos nos hemos equivocado, porque hablamos lo que no debimos de haber pronunciado nunca, decidimos de la manera equivocada o actuamos de forma errónea. Y el evangelio plantea corregir primero, de manera particular, individual, privada, a la persona equivocada; es un acto de sabiduría, pero es sobre todo un acto de caridad. Y a renglón seguido enuncia un segundo nivel de corrección, si la persona equivocada no se corrige, busca a una tercera persona que sirva como apoyo y como testigo para la corrección, la exhortación, la reprensión que quieres formular a un hijo, a un alumno, a un buen amigo. Finalmente, en un tercer nivel, dice, si la contumacia o la rebeldía de quien está equivocado persiste, debemos de invitar a la comunidad para que sea toda ella la que considere la conversión o, por el contrario, el paganismo de un hombre, de una mujer. Pero más allá de esto y en la vida cotidiana pensamos, cuántos sufrimientos nos habríamos evitado en la vida, si hubiéramos tenido quien nos hablara a tiempo. Tal vez no te habrías iniciado en el mundo del consumo de drogas alucinógenas, quizás no habrías abortado ese bebé, tal vez no habrías tomado la decisión radical de un divorcio o separación conyugal, probablemente no habrías presentado esa carta de renuncia a un buen empleo, un buen trabajo, en un momento de ceguera o ensoberbecimiento personal; cuántas veces hemos dicho con ira, con dolor, aquello que nunca debimos de haber dicho, y son palabras que marcan para siempre una relación. Por eso hoy te invito a que descubras estas reglas de oro, al momento, a la hora de corregir a una persona, para que obtengas o alcances un buen resultado y no exactamente lo contrario de lo que pretendes conseguir. La primera regla de oro, al momento de corregir, hazlo con humildad, no te pongas en la postura de, me las sé todas, no humilles a quien es corregido. Recuerda que Jesús, Buen Pastor, corrigió a los suyos con humildad, con mansedumbre, con respeto, recuerda que cada corazón es “tierra sagrada”, como nos dice el libro del Éxodo y debemos descalzarnos de prevenciones, prejuicios, altanería, arrogancia, iras, al momento de corregir. Pero en una segunda regla de oro, debemos de corregir con paciencia. La paciencia es sobre todo una virtud de santos, recuerda que cada persona tiene un ritmo distinto, que tus hijos no son iguales y que a veces, aunque te desanimas porque caen reiteradamente, estamos llamados a estimularles, a animarles a levantarse, a no quedarse caídos, sólo el tiempo de Dios, no el nuestro, es perfecto. Por eso llénate de paciencia por más que tengas que repetir una y otra vez un consejo, una exhortación, una corrección a otra persona, recuerda que Dios ha sido paciente con tu debilidad, con tu pecado, y así tú debes de ser paciente con la debilidad o el pecado de tu semejante. Pero además de corregir, uno, con humildad, dos, con paciencia, hay que corregir compasivamente, esto es, con misericordia. Todos estamos llenos de miseria humana y frente a la miseria, sólo misericordia, (curiosamente dos palabras que tienen la misma raíz, miseria y misericordia). Es que Dios es corazón con la miseria humana, por eso es misericordioso y por eso la miseria y la misericordia se encuentran. Cuánto dolor hay en los corazones, cuántas rupturas en nuestra vida, pero recuerda que sólo el que padece, es capaz de compadecerse, con una compasión no formal, sino real, de ser verdaderamente misericordiosos, como Dios ha sido misericordioso con nuestras fragilidades, con nuestro barro personal. En una cuarta regla de oro, además de corregir con humildad, con paciencia, compasivamente, aprendamos a corregir con sabiduría. Si tienes hijos recuerda que son distintos, así como son diferentes los dedos de las manos, unos pueden resistir mayor peso, otros menor, pueden ser más decorativos. En la vida la sabiduría nos exige a veces apretar a una persona, otras veces aflojarle, (la famosa política del garrote y la zanahoria), hay tiempo para sostener a una persona, hay tiempo para soltarla. Y en esa corrección de todos los días, de toda la vida, pero especialmente en años de juventud, hazlo sabiamente, entendiendo el interior, la psicología, el temperamento, el ADN, el carácter particular de la persona corregida. En una quinta regla de oro, descubre que estamos llamados a corregir con el ejemplo personal, el testimonio de la propia vida. No exijas fortaleza a nadie, si tú primero no te has presentado ante tus hijos, tus alumnos, tus empleados como una persona fuerte. No pidas respeto a nadie si tú no has respetado primero. No exijas a otra persona lo que tú no estás dispuesto a dar. No le reclames a una persona que tenga más ánimo, más esperanza, cuando tu vida está llena de desánimos y de desesperanzas. Sé luz y guía que muestre el camino a los demás, y recuerda que la gran regla de oro, empieza por corregir con el propio ejemplo de la vida diaria. En una sexta y penúltima regla de oro encontramos, como estamos llamados a corregir con amor, sin cansarnos de amar, sin cansarnos de perdonar. Un amor que es capaz de comprender, aunque a veces por los desestímulos y por la pobre respuesta de la persona corregida quieras tirar la toalla, pero también un amor que es capaz de exigirle a los demás, un amor que sabe proteger en ciertas etapas de la vida, pero un amor también que deja volar, deja vivir, cuando toca el tiempo de volar y de vivir de manera independiente. El amor es la piedra de toque que todo lo transforma, como decía el gran padre de la Iglesia: “Ama y haz lo que quieras, y si corriges con amor, créelo que esa corrección será fecunda, porque viene de una fuente, el amor que todo lo sana, todo lo libera, todo lo redime”. Finalmente, más allá de acompañar o mejor, de corregir con humildad, uno, con paciencia, dos, compasivamente o con misericordia, tres, con sabiduría, cuatro, con el ejemplo de la vida, cinco, con amor, seis, en una séptima y última regla de oro, aprende a corregir solo confiando en Dios. Recuerda que, en la obra de formar seres humanos integrales, la gran acción es del Espíritu de Dios, por eso ora recordando que la oración todo lo puede y reconoce que tú eres un pobre instrumento limitado y frágil en manos de Dios, que es el alfarero, el artesano divino. Siete reglas de oro, apréndelas, y cuando veas a una persona equivocada, más allá de criticarla, juzgarla o condenarla, aplica estas formas sabias de corrección y acompañamiento, y verás verdaderas transformaciones en la vida de los demás. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 18, 15-20 Lectura del día de hoy Ez 9, 17; 10,18-22: La marca en la frente de los que se lamentan afligidos por las abominaciones de Jerusalén. Oí al Señor llamar en voz alta: -Acercaos, verdugos de la ciudad, empuñando cada uno su arma mortal. Entonces aparecieron seis hombres por el camino de la puerta de arriba., la que da al norte, empuñando mazas. En medio de ellos, un hombre vestido de lino, con los avíos de escribano a la cintura. Al llegar se detuvieron junto al altar de bronce. La Gloria del Dios de Israel se había levantado del Querubín en que se apoyaba, yendo a ponerse en el umbral del templo. Llamó al hombre vestido de lino, con los avíos de escribano a la cintura, y le dijo el Señor: -Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén, y marca en la frente a los que gimen afligidos por las abominaciones que en ella se cometen. A los otros les dijo en mi presencia: -Recorred la ciudad detrás de él, golpeando sin compasión y sin piedad. A viejos, mozos y muchachas, a niños y mujeres, matadlos, acabad con ellos; pero a ninguno de los marcados lo toquéis. Empezad por mi santuario. Y empezaron por los ancianos que estaban frente al templo. Luego les dijo: -Profanad el templo, llenando sus atrios de cadáveres, y salid a matar por la ciudad. Luego la Gloria del Señor salió levantándose del umbral del templo y se colocó sobre los querubines. Vi a los querubines levantar las alas, remontarse del suelo sin separarse de las ruedas y salir. Y se detuvo junto a la puerta oriental de la casa del Señor, mientras tanto la Gloria del Dios de Israel sobresalía por encima de ellos. Eran los seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel a orillas del río Quebar, y me di cuenta de que eran querubines. Tenían cuatro rostros y cuatro alas cada uno, y una especie de brazos humanos debajo de las alas, y su fisonomía era la de los rostros que yo había contemplado a orillas del río Quebar. Caminaban de frente. Salmo del día de hoy Salmo 112, 1-2.3-4.5-6: La gloria del Señor se eleva sobre el cielo. Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor ahora y por siempre. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre el cielo. ¿Quién como el Señor Dios nuestro que se eleva en su trono, y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Evangelio del día de hoy Mateo 18,1 5-20: Si te hace caso, has salvado a tu hermano. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AmorCorrección fraternaCorregir compasivamenteCorregir con humildadCorregir con mansedumbreCorregir con pacienciaCorregir con respetoCorregir con sabiduríaCorregir con misericordiaBibliaEvangelio¡Coraje con Sabiduría!Correccion fraterna