Fundación Amén Comunicaciones2024-02-292024-02-292024-02-29http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/295https://drive.google.com/file/d/1hpkJufDkLCFGnesP8Z1NFpdY6W01QAyw/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En lo personal, uno de los textos más impresionantes de todo el antiguo testamento, es el que nos presenta la liturgia de las lecturas del día de hoy y concretamente el capítulo 17 del libro del profeta Jeremías. En tres párrafos claros, el profeta señalará como maldito, al hombre que confía sólo en el hombre, y busque el apoyo y la seguridad de su vida en las criaturas, en las cosas del mundo, apartando su corazón de Dios. “El destino que le espera a un hombre equivocado, que cree que su fuerza está en el mundo, será el de ser como un cardo en la estepa que nunca recibe la lluvia, habitar en un árido desierto, en tierra salobre, e inhóspita”. Pero a renglón seguido y en un segundo párrafo, Jeremías llamará: “Ya no maldito, sino bendito, al hombre que pone su confianza sólo en el Señor”, toda su seguridad existencial, su vida, no la pone en el mundo, ni en nadie del mundo, sino sólo en Dios. Y afirmará: “Será como un árbol plantado junto a la acequia de agua, que alarga las corrientes sus raíces, las del árbol; no teme la llegada del verano, su follaje, el del árbol, estará siempre verde y en año de sequía no se inquieta, y ese árbol no dejará de dar fruto, ni el hombre que pone su confianza en Dios en tiempos de prueba, dejará de dar frutos a los demás”. Pero tal vez la más impresionante enseñanza es la del tercer párrafo de esta primera lectura de hoy, cuando Jeremías, constatando lo que es el interior humano, su corazón dirá una frase lapidaria que me marcó a mí como sacerdote, incluso desde antes de mi ordenación presbiteral, cuando Jeremías afirma: “Nada hay más falso y enfermo que el corazón humano, ¿quién lo conoce, quién lo comprende?, y sólo Jeremías responde: “Dios que examina el corazón, que sondea las intenciones de los hombres, dará a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones”. Detengámonos aquí en dos palabras centrales. La primera, no podemos engañar a Dios, y Dios si conoce las intenciones verdaderas de nuestro corazón: de bondad o maldad, de entrega y servicio, o simplemente de explotación, utilitarismo y aprovechamiento de los demás, de luz o de oscuridad, de sinceridad o de engaño. Sólo Dios conoce el interior del hombre, porque a veces en la vida no dejamos de llevarnos sorpresas, que consideramos personas como amigas y descubrimos a veces que los mayores enemigos, están muy cercanos a nosotros. Pero también afirmará Jeremías como una gran sabiduría: “Que Dios pagará, dará recompensa a cada hombre según el fruto de sus acciones”. Y esto ratifica un poco lo que es la vida del hombre de Dios, que es como el árbol bueno, se conoce sólo por sus frutos. Tú quieres saber de un buen gobernante, ¿si es tal?, mira su vida pública, mira su trayectoria de 30, 40 años, si en ella ha habido frutos de bondad, de bien, de servicio a los demás, seguramente será un buen político, de lo contrario, su vida no será más que palabras y discursos vacíos. ¿Quieres ver la vida de un buen sacerdote, de un buen pastor de almas?, mira, 20, 30, 40 años, los frutos de su vida, de caridad, de amor por los demás, de servicio, de consejo, consuelo y ayuda a los otros, de predicación de la Palabra con verdadera unción, descubrirás quien es verdadero pastor de almas. No está en sus títulos académicos, en sus cargos curiales o de gobierno, sino en sus frutos de justicia y de amor por las ovejas. En esa línea podremos entender perfectamente el salmo responsorial de hoy, cuando habla del hombre que es dichoso porque confía en Dios, (el salmo primero), y “Será como el árbol plantado al borde de la acequia”, siguiendo el pensamiento sapiencial de Jeremías “que da fruto a su tiempo”. Estas dos lecturas, tanto la de Jeremías como la del salmo, nos permite entender mejor la parábola del evangelio de hoy, del rico Epulón y el pobre Lázaro, en donde Lázaro se confió en Dios y el rico confió sólo en sus riquezas. Al final los dos mueren, el rico que confió en el mundo y en su dinero, se pierde en el fuego eterno, y Lázaro que confió en Dios, disfruta de la salvación eterna de Dios. Esta parábola suficientemente conocida, nos recuerda la máxima evangélica: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, como le pasó al rico que la tradición llama Epulón, si al final pierde su alma? Hoy, descubre, que ni tus títulos académicos, ni tus cargos empresariales, ni tus viajes a distintos países, ni el dinero de tus cuentas bancarias, ni la juventud que crees que es eterna, ni la belleza que asumes que es eterna; todo esto es pasajero y al final de la vida, sólo seremos evaluados por el bien, las obras de justicia, solidaridad y amor, que prodigamos a los demás o al final de la vida seremos evaluados, por la dureza de corazón, la insolidaridad, la indiferencia que tuvimos con pobres como el Lázaro de la parábola evangélica, y por eso no nos extrañemos, que Dios hará un juicio con justicia para el hombre que obró justamente y habrá un juicio sin misericordia para el hombre, la mujer que no obraron con misericordia en esta tierra. Que el Señor nos bendiga a todos en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 16, 19-31 En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: – «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: – “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. ” Pero Abrahán le dijo: – “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y además, entre nosotros y ustedes se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia ustedes no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros.” Él dijo: – “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: – “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. Pero él le dijo: – “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán.” Abrahán le dijo: – “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto.”» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AmorAccionesConfiar en el SeñorCorazónDiosEntregaEsperar en el SeñorFrutoIntencionesPropias fuerzasRaízRecompensaBibliaEvangelio¡Dichoso el que pone su confianza en Dios!Confianza en Dios